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Entrevistas Las contradicciones y pasiones insólitas de actriz Ivonne Frayssinet.

Los Brincos de Ivonne

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Ivonne Frayssinet.

Actualmente vive con su esposo, su hija, y veinte conejos que brincan libres por su casa.

Punto de reunión para la entrevista: restaurant Costa Verde. Hora: 1 de la tarde. Y allí, puntual, sonriente y elegante siempre se nos aparece Ivonne Frayssinet, una de las mejores y más emblemáticas actrices del Perú. Se autodefine como “contradictoria” en su personalidad. Es “paciente e impaciente”, “pacífica aunque le gusta dar guerra”, “amo la armonía familiar… pero ¡cómo jodo!”, “discreta aunque me gusta ser notada”, quiere “ser sexy pero le da vergüenza que la miren” y en el fondo “trato de ser práctica pero no le saco partido a la vida, simplemente la amo”.
Voy directo al grano:

–Usted es una actriz que tiene una gran ductilidad para representar cualquier papel. Tiene una gran vis cómica si es el caso o puede hacerse odiar o puede ser una inocente paloma. Es muy polifacética. ¿Cree que se nace siendo actriz para poder esgrimir tantos registros?
–Todos somos producto de nuestro entorno. De niña no pensaba ser actriz y tenía una gran confusión mental sobre mi futuro, ya que estudié periodismo y no acabé la carrera. Quise ser psicóloga y tampoco acabé la carrera. Me hice secretaria hasta que el teatro me salvó de una vida incolora. Una gran amiga mía me decía: “te veo muy mustia”, y esto me hizo pensar mucho y cambiar nuevamente, ya que entonces sentía vocación por el teatro.

–¿Vocación? ¿De dónde le surgió? Nadie va dando tumbos en tres profesiones diferentes y de golpe y porrazo se le presenta una vocación.
–Ya. Claro. Tiene toda la razón. Lo que ocurrió es que mi tía Melani era (y es) una mujer de avanzada, profesional, culta, inquieta, absolutamente exquisita que incursionó en todo, en el ballet, en la música, fue bibliotecaria y buena, muy buena actriz y como actriz me impresionó y me creó la vocación y ésta nació de una especie de prohijamiento espiritual que ella ejerció conmigo, ya que a pesar de la diferencia de edad nos hicimos íntimas amigas. Me influenció. La cosa es que entré al “Club de Teatro de Reinaldo D´Amore” y allí, ¡oh maravilla!, me encontré a mí misma. Todos hablábamos el mismo idioma y teníamos los mismos códigos. Ese mundo me encantó.

–Supongo que después del trabajo se irían a las discotecas.
–No estábamos en esa nota. Nuestra onda era puramente intelectual y lo que nos encantaba era encontrarnos en el café y charlar de las vicisitudes diarias. Recuerdo el Café de París como una especie de isla paradisíaca en la que soñábamos futuros proyectos. Sólo tomo café descafeinado y bebo alcohol socialmente y en dosis pequeñas. Un reto para mí sería probar el ayahuasca, ya que te metes en un rollo bonito de alucinaciones de tipo espiritual con regresiones a otras vidas. Pero el proceso es asqueroso y yo tengo arritmia, así que el ayahuasca tendré que dejarlo para otra vida si es que la hay.

–¿Le gusta el espiritualismo?
–Sí, creo en los sueños premonitorios y en las señales que hay del cotidiano devenir. Mi madre era una persona muy intuitiva. Mencionaba los casos que iban a ocurrir y me sorprendía, ya que luego sucedían. Si ella preguntaba: “¿saben algo de fulanito de tal?”, sin saber de él, sin venir a cuento, nos echábamos a temblar. El fulanito de tal había muerto. Los muertos se despedían de ella, ya que ella los veía en el momento del deceso y no se alarmaba, lo tomaba de forma natural y sin jactancias.

–Por las razones que apuntaba empezó en el teatro tarde.
–Sí, a los 22 años, aunque más vale tarde que nunca o aquello de bien está lo que bien acaba, ya que he tenido una vida dilatada y muy gratificante como actriz de teatro, con estupendos papeles protagónicos, y buen éxito artístico, que es el que me interesa. También he intervenido en 15 telenovelas y varias películas.

–¿Las mejores obras de teatro que ha visto o interpretado?
–“La Gaviota” de Antón Chejov y “La muerte de un viajante” de Arthur Miller, de las que he visto y “Master Class” (clase maestra) de Terence Mc Nally de las que he interpretado. En ésta hago el papel de María Callas, sin cantar, claro está, y ha sido un éxito impresionante. Tres temporadas seguidas a teatro lleno. En marzo empezaremos una cuarta temporada. Es una lección de amor al trabajo y un papel dificilísimo, ya que la Callas tenía una personalidad casi agobiante y un temperamento increíblemente apasionado. Soy feliz de haber hecho ese papel. Podría nombrar muchísimas obras que me ha encantado interpretar pero prefiero nombrar a los directores que tanto hicieron por mí: Reinaldo D´Amore, Osvaldo Cattone, Sergio Arrau, Joaquín Vargas, Alberto Isola, Roberto Ángeles, Ruth Escudero y Ada Bullón.

–¿Las mejores películas que ha visto?
–“Cinema Paradiso”, de Giuseppe Tornatore, “Nos habíamos amado tanto”, de Ettore Scola y “Un hombre y una mujer”, de Claude Lelouch.

–¿Películas que ha interpretado?
–“Un día sin sexo” de Pérez Garland, “Tinta roja” y “Mariposa negra” de Pancho Lombardi, “Ni con Dios ni con el diablo” de Nilo Pereira y de la trilogía de “Cuentos inmorales” la parte dirigida por José Carlos Huayhuaca.

–De sus 15 telenovelas: ¿cuál cree que ha tenido mayor éxito internacional?
–“Travesuras del corazón”, en la que hacía un papel de bruja detestable y pérfida. También “Girasoles para Lucía”.

–¿Sus libros favoritos?
–“Memorias de Adriano” de Margueritte Yourcenar, “Leonardo Da Vinci” de Demetrio Mereskowsky, “Cristo de nuevo crucificado” de Nikos Kazantzakis y “El Perfume” de Patrick Süskind.

–¿Cuándo se enamoró por primera vez?
–Me enamoré 20 veces, idealmente, sin sexo por medio, desde los 8 hasta los 18 años.

–¿No besaba?
–No. Siempre pensé que un hombre se enamora si la mujer no se entrega. Pero que yo no besara no significa que no me besaran. A los 6 años un compañerito de jardín de infancia llamado Flores me besaba al salir a los recreos. Y para que no lo acusara me jalaba fuerte de las trenzas. Eso era acoso. Yo me he casado dos veces y con dos argentinos. Marcelo Oxenford, mi marido actual, gran profesional, es mi alter ego. Soy esposa plena y feliz.

–Es curiosa de la vida. ¿Qué la apasiona en este momento?
–Estoy metida en la onda pedagógica. Estoy estudiando Pedagogía teatral en ENSAD (Escuela Nacional Superior de Arte Dramático). Y es que los alumnos vinieron a mí y me sentí responsable. Contaba con mi experiencia que vale oro pero no con la metodología y la técnica.

–¿Por qué le interesó dar clases? ¿Es que no gana bien?
–No es eso. Tengo trabajo asegurado. No sólo en el teatro comercial o en telenovelas y cine sino que tenemos una compañía en la que hacemos giras y funciones institucionales.

–¿Qué opina de la enseñanza en el Perú?
–Que ocupa el último lugar en América a la par con Haití; que no hay buena política educativa; que desearía mandar a la mierda a todos los que provocan este atraso que se refleja en ignorancia, en pobreza y en servilismo. Hay intereses creados y ningún interés sindical para arreglar nada.

–¿Le gusta estar en su casa?
–Me encanta. Ahora tengo una familia numerosísima. Mi hija decomisó un conejito recién nacido, acusándolo ante un guardia, a un vendedor ambulante que lo vendía. Puestos de acuerdo el ambulante y el guardia ante los reclamos de la niña por el pobre conejito acabaron regalándoselo. Ahora hay 20 conejos libres en mi casa. Tenemos patio pero se escapan y duermen con nosotros. Todos tienen nombre y ahí están Timoteo o Carmina o Julieta o “Charlotte belleza americana”, así la llamamos. No sé cuántos seremos dentro de poco. Cosas de la vida. (José Carlos Valero de Palma)

 


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