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18/Dic/2008
 
 
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Filme Sueños y Delitos, la moral según Woody Allen.

Incontinencia Culposa

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Colin Farrell y Sally Hawkins: la culpa los atormenta en Sueños y Delitos.

Crímenes y Pecados: ese título cumbre de Woody Allen sintetiza con justeza la vertiente culposa del director neoyorkino. Tras la cima sólo queda caer (Soderbergh dixit). Pero es Woody Allen, un maestro aún en piloto automático. El cine es su diván: ahí bota sus obsesiones sobre el sexo, los celos, el arte y la hipocondría. La repetición gana por insistencia: Scarlett Johansson deslumbró en Match Point.

Sueños y Delitos es subsidiaria de Match Point, que a su vez le debe a Crímenes y Pecados. Es más evidente en su gravedad, incluyendo música de Philip Glass. Nuevamente Inglaterra y no Nueva York. Ceñido a un guión de estructura de hierro que si no fuera de Allen (está de moda ensañarse con los grandes) sería aplaudido por unanimidad: dos hermanos proletarios (Ewan McGregor y Colin Farrell) deciden cometer un asesinato por dinero. Al margen de si logran el objetivo, Allen alarga el filme para extender sus reflexiones morales, ahí donde otros lo hubieran terminado. Con escenarios que potencian lo imponderable y la ambición (velero, canódromo, etc.). Un principiante ya quisiera contar así.

Curioso: en su etapa europea, Allen no ha hecho un filme de evocaciones netamente europeas de sus maestros (Bergman, Antonioni), como sí ocurrió cuando estaba en EE.UU. (la poco difundida La Otra Mujer, por ejemplo). Ha mezclado seriedad y humor, este último semblante presente en Scoop y Vicky Cristina Barcelona. Con sus luces y manías (el sexo es siempre una buena manía). Virtudes y riesgos de rodar una película al año. (José Tsang)

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