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Dejando caer a sus protagonistas, Enrique Vásquez Valladares se hizo con el primer premio del Concurso El Cuento de las 1000 Palabras.

Escalera al Parnaso Literario

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Primer Premio
Juan Enrique Vásquez Valladares ganó con el cuento "Desde la terraza" y perturbador desprendimiento de vejestorios.

Parecía cuento, pero no lo era. Luego de dilatada deliberación, el jurado de El Cuento de las 1000 Palabras, organizado por CARETAS, escogió a los tres ganadores de entre una avalancha de más de mil cuentos. En esta oportunidad, la muerte decidió rondar las plumas de los concursantes y las tres historias ganadoras abordan el tema, algunos con más ironía que otros. Abiertos los sobres, los ganadores resultaron ser: Juan Enrique Vásquez Valladares, obteniendo el primer puesto con el cuento "Desde la terraza"; César Félix Sánchez Martínez, segundo puesto con la historia titulada "Chaqwa"; y Fernando Edgar Salinas Velarde, tercer puesto con el cuento "Vermouth". Además, dos menciones honrosas que darían cuenta de un proceso de rehabitación penal corresponden a los internos Peter Cárdenas Schulte y Manuel Serna Ponce.

LA historia viene perfectamente a cuento. Cuando su hijo tenía cuatro años, arrojó desde el segundo piso de la casa el carrito de bomberos que su abuelo acababa de regalarle. Veinticuatro años después, Juan Enrique Vásquez recrearía la historia en un cuento que no lo arrastraría en caída libre, sino que lo llevaría a hacerse acreedor del primer puesto del Concurso El Cuento de las 1000 Palabras.

Dueño de una fábrica de aisladores eléctricos, Vásquez, sin embargo, no ha estado aislado del mundillo literario. Ha atendido a talleres de creación a cargo de destacados escritores como Jorge Eduardo Benavides, Iván Thays y Ronaldo Menéndez, y de esas exploraciones han salido tres libros de narrativa entre los que se cuentan De Atardeceres Perros, Veranos sin Ti y Lima, Estación París, publicados con Editorial San Marcos. Sus inicios literarios, sin embargo, datan de mucho más atrás en el tiempo, de esas cartitas de amor que, al mejor estilo de Mario Vargas Llosa, redactara para sus amigos en el colegio. El único problema: siempre terminaba enamorándose de las chicas de sus amigos.

Caserito del humor negro asociado a temas de adolescencia y juventud, en el cuento ganador, “Desde la terraza”, Vásquez narra con ironía y final inesperado la historia de un par de hermanos que se deshacen de todo lo inservible arrojándolo por el balcón. Explora a través de este cuento, dice, el deseo de deshacerse de todo lo que suele incomodar. ¿De qué te gustaría deshacerte?, preguntamos. “De muchas cosas del pasado que me hubiera gustado tirar por la ventana, pero no se puede”, responde y añade: “El humor es un sector de la literatura que está poco explotado… es mucho más difícil hacer reír que llorar”.

Detrás del seudónimo Escarcha y aficionado al tenis, Vásquez confió en que, como en todo arte, la perfección literaria se alcanza progresivamente, y llevaría a la cancha su convicción de que entre el tenis y la literatura existe un paralelo directo. “Porque en el tenis el punto no llega solo”, explica, “tienes que ir armando las jugadas previas al triunfo, igual que en un cuento; para que con la escena final llegues a una gran historia, debes ir guiando a tu lector hacia tu juego, y hacerlo caer como a tu contendor en el tenis”.

Acierto Mistiano

Con una historia que reafirma el interés en los círculos literarios nacionales en explorar cada vez más el tema de la violencia interna en el Perú, César Sánchez Martínez se hizo acreedor al segundo puesto del Concurso con apenas 23 años de edad y una historia enviada desde suelo arequipeño.

Con el Misti como apu inspirador, Sánchez recrea en su cuento “Chaqwa” la historia de unos campesinos asediados indistintamente por el Ejército y los subversivos. Precisamente, recuerda el autor, el concepto de chaqwa (término quechua que denota un estado de desorden intenso), lo tomó de una entrevista al antropólogo Juan Ossio que hace algún tiempo apareciera en CARETAS. En su historia, la que inicialmente debía centrarse alrededor del tema del ciclo agrario, la violencia desquiciada, las desapariciones forzadas y los ajusticiamientos populares tienen lugar no sin un toque de ironía hacia nuestra propia historia. “Siempre me fascinó la manera como las fiestas del año cristiano se imbricaban con las distintas etapas de muerte y renacimiento en el campo”, explica, “y además de eso siempre me llamó la atención la naturaleza absurdamente cruel de ciertos episodios de la violencia política en la sierra del Perú, donde los comuneros acababan siendo atacados por todos los bandos”.

Recientemente licenciado en Literatura en la Universidad de San Agustín con una tesis sobre Ventura Travada (“el oscuro clérigo colonial que escribió la primera manifestación del hiperbólico arequipeñismo de los arequipeños: El Suelo de Arequipa convertido en Cielo”) y con la creencia de que la “sutileza es la madre del humor”, Sánchez es ya caserito de El Cuento de las Mil Palabras. Antes, ya había participado del Concurso con cuentos de temática diametralmente opuesta, aunque quizá no tanto: uno sobre la explosiva intolerancia a la lactosa y otro inspirado en las enseñanzas de Santo Tomás de Aquino. Ahora, con “Chaqwa”, el joven autor siente que remite “a ciertas temáticas comunes a la literatura fantástica: aquellas invasiones misteriosas que uno encuentra en Kafka o Buzzati, donde Alguien quiere destruirnos, no sabemos quién es ni por qué nos odia ni cómo nos destruirá. No sabemos nada. Sólo estamos por ahí. Sin cóleras ni sorpresas. Sólo ahí. Cosa curiosa: lo que en otros sitios no era más que una alegoría fantástica, se convirtió en el Perú en casi una situación de la realidad cotidiana durante los años de la violencia”.

Adepto de Kafka, Quevedo y El Lunarejo (“la pluma más feliz que ha visto la luz en el Perú”), y lector incondicional de El Quijote, que le sigue pareciendo la novela más chistosa y triste del universo, Sánchez además vuelve siempre a las páginas de Chesterton, que le enseñó a no tenerle miedo al sentido común, a la sencillez y a las paradojas; a las de Rulfo, cuya obra considera un ejercicio de maestría “pues El Llano en Llamas es el mejor curso de escritura creativa que existe”, y al inglés Evelyn Waugh, “maestro del humor negro y de la sátira contra las farsas de la modernidad”.

Paralelos Cinéfilos

Teniendo como inspiración la película Muerte en Venecia, Fernando Salinas Velarde elaboró el cuento “Vermouth”, en el que un personaje ajeno al filme de Luchino Visconti vaga por los escenarios del mismo. En una semana de trabajo, Salinas reelaboraría la trama trabajada por Visconti (cuyo nombre utilizaría como seudónimo), pero ambientándola en limeñísimas locaciones como la avenida La Colmena. Con estudios de medicina y aficionado al ajedrez, Salinas siente particular atracción por las narraciones de acento cosmopolita y en esta historia entrega a su protagonista a la devoradora vorágine creadora de Thomas Mann. Metaficción y género fantástico dicen presente.

Menciones Honrosas


Nueve han sido los participantes que han obtenido una mención honrosa de parte del jurado conformado por los escritores Abelardo Sánchez León, Óscar Málaga y Alonso Cueto; Mercedes González de Editorial Santillana, y Jaime Bedoya en representación de CARETAS. Ellos son: Marco García Falcón, con el cuento “Un Día Distinto”, Manuel Rolando Serna Ponce, con “Nadie se Salva de la Rumba”, Héctor Adrián Gálvez Campos con el cuento “M.S.A.”, Yamileth Latorre Quintana con “Arcabuces en el Abedul”, Augusto Effio Ordóñez con “Consuelo de Cartaginés”, Peter Cárdenas Schulte con “Mi hembrita”, Eva Ocampo Astete con “Querubín”, y Héctor Percy Pasco Llanos con “Danza de Ideas”.

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