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Congreso Javier Velásquez Quesquén y el meollo de reformas parlamentarias que no se quedan en el decorado.

El Solitario de Abancay (Ver)

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Hemiciclo, lunes 6 a mediodía. Ahora la asistencia en el pleno se toma a la entrada y a la salida. Al que se va, se le descuenta el día de sueldo. El quórum viene subiendo, afirma Velásquez Quesquén.

Ramillete de titulares: “Parlamentable Situación”, “Más de la mitad del presupuesto legislativo para el pago de remuneraciones”, “Infantilismo Parlamentario”, “Comisiones investigadoras realizaron trabajo nulo”, “Tuvieron el 4% de efectividad”. Las notas seleccionadas de diarios como Expreso y El Comercio podrían ser recortes de los últimos días. Pero no. Son encabezados de los meses previos al autogolpe de abril de 1992.

Cuando el gobierno de Alberto Fujimori encendió el terreno y exacerbó los ánimos ciudadanos contra el Parlamento al punto que la mayoría aprobó la medida que terminó con el sistema democrático, cortó de un tajo con la bicameralidad y asfixió el sistema de partidos. Y era un Parlamento que, frente al que tenemos, hoy sería equiparado con la Cámara de los Lores.

A Javier Velásquez Quesquén le toca administrar una versión disminuida de ese Congreso, donde brillan muy pocas voces retóricas y afloran escándalos de facturas infladas de pollos a la brasa convertidas en meses de primeras planas y sustento de campañas ciudadanas.

La relación del congresista con su electorado salta repetidamente a lo largo de la entrevista con el actual presidente del Legislativo. La crisis de representatividad ocupa el centro de su agenda.

“Es una institución fundamental pero necesita reformas estructurales”, reconoce. “No maquillajes o cosméticos. Vamos a impulsar la renovación por mitades y la eliminación del voto preferencial. Cuando el pueblo se equivoca ya no va a tener que esperar hasta el final del período para cambiar a los malos congresistas. El voto preferencial privilegia el carnaval de propuestas de 2,500 candidatos que ofrecen el sol y la tierra, como decía el poeta, con tal de ganar. Así pasa a segundo plano la propuesta programática del partido. Tercero, está el tema de la inmunidad. La pereza parlamentaria no puede tenderse de ninguna manera como un manto de impunidad sobre un congresista que debe ser investigado por el Poder Judicial. Si en 45 días el Parlamento no se pronuncia, automáticamente se entenderá que el Poder Judicial está autorizado para proceder”.

–¿Qué posibilidad hay de que esos tres puntales sean aprobados por el pleno?
–Estoy seguro de que la eliminación del voto preferencial y la renovación por mitades tienen muchas probabilidades. Hay quienes temen que el tema de la inmunidad pueda ser mal utilizado políticamente. Pero sigo pensando que, en lo que se refiere a delitos comunes, el parlamentario no puede escudarse en las herramientas propias del ejercicio de sus funciones. Espero que madure en los próximos dos años.

–¿Por qué confiar ahora en la renovación por mitades?
–Ha habido renovación por mitades hasta 1920 y en algunas constituciones de forma itinerante, pero los escenarios son absolutamente diferentes. Ahora permitiría, a mitad del periodo gubernamental, retratar la nueva realidad política del país. Hay que apostar a fortalecer la institucionalidad. Para ello no hay mejores valores que los democráticos. Creer que la aventura de un supuesto caudillo puede resolver los problemas del país es antihistórico.

–Ollanta Humala aupó una bancada entre los cuales están la mayoría de congresistas envueltos en escándalos, pero él sostiene que es el sistema el que promueve este tipo de situaciones.
–Podríamos pensar perversamente que él engendró este tipo de candidaturas para atentar contra el sistema democrático. Él participa de un sistema donde se le dan todas las garantías para que diga lo que piensa. Eso no pasaría si gana una opción antisistema que se quiere perpetuar en el poder. Miremos lo que ocurre en los países vecinos. Tenemos que ser muy severos con los actos de corrupción, pero de ahí a que estos hechos puedan justificar una propuesta autoritaria hay mucha distancia.

–Los gastos operativos siguen siendo muy criticados. ¿No hubo un error al hacer la drástica reducción de salarios?
–Creo que sí. No ha funcionado. La intención con los gastos operativos es promover un acto de mayor transparencia. No es verdad que signifique un aumento de sueldos. Tienen casi doce años de existencia y antes eran superiores. Se sincera una realidad y este monto de S/.7,600 disminuye en 30% porque se paga el impuesto a la renta.

No es remuneración, no es pensionable. Y que el parlamentario responda con sus electores, que saben cuando no han sido representados. Los parlamentarios provincianos, que son el 80%, viajan todas las semanas. Ahí van a cubrir su desplazamiento.

–La partición de sueldos es una práctica casi cotidiana y aceptada.
–De ninguna manera. Si esto se encubría con los trabajadores ad honorem, desde que hemos arrancado la gestión cortamos con eso. No puede haber este interregno claroscuro. Vamos a colgar en el portal toda la relación de trabajadores con sus niveles, sus rangos remunerativos y ver la posibilidad de una vigilancia ciudadana, porque hay casi 2 mil personas y es un poco complejo identificar algunos casos de nepotismo.

–¿Reconoce que se retrocedió en términos de transparencia durante este gobierno?
–No. Diría que fueron mecanismos que tuvieron por objeto complementar lo drástica que era la ley de presupuesto en el sentido de los ingresos.

–En líneas generales, el nivel de este Parlamento es aún peor que el anterior.
–Siempre decimos lo mismo y hacemos el juego de llevar al Parlamento a una situación límite. Pero lo que tenemos que hacer es atacar las causas. Si es peor es porque ha habido una mala elección. ¿Y quién es el que elige? El soberano. Yo no creo que los blogs, con el respeto que me merecen, puedan reemplazar al ciudadano que vota.

–Hay constitucionalistas que afirman que el trabajo del Legislativo se debería centrar en el control político por encima de la legislación. ¿Qué piensa al respecto?
–Con un poco de incomprensión de ciertos medios van a decir que durante la gestión de Velásquez no se aprobaron tantas leyes. No me interesa la cantidad sino la calidad. En ocho semanas hemos sacado la ley de Carrera Judicial. Hemos sacado leyes importantes para los más pobres como la de la condonación de la deuda agraria. En los parlamentos modernos que están legitimados, como el alemán, se aprueban, 12, 14 leyes al año, pero el 70% del esfuerzo está centrado en el control político. Cómo se ejecutan los presupuestos, la calidad de esa ejecución, muchos ámbitos que tocan la relación ciudadano- Parlamento. (Enrique Chávez)

 


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