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Entrevistas Óscar Ugarteche sobre outings, movidas mediáticas y el derecho a la intimidad.

Salir a la Fuerza

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“Soy el clásico ejemplo del outing”, dice economista y escritor Ugarteche, uno de los fundadores del MHOL. Lúcar lo sacó del clóset en el ’90.

Superadas las distancias gracias a la gratuidad del Skype, el economista y escritor Óscar Ugarteche está sentado esta tarde de domingo, desde México DF, a una pantalla de distancia. Hace tres años se fue del Perú, dejando tras de sí un último texto publicado en la edición 152, de enero del 2005, de la revista Quehacer. “Machos, los de antes”, se titula el artículo, que concluye: En el Perú el machismo vive y está coleando y basta que digan “pero si es...” y se terminó el cargo público, la posibilidad de ser ministro, la posibilidad de nombramiento universitario y, en realidad, la posibilidad de tener una vida normal. En el Perú no hay iguales, pero hay aún menos iguales que otros. Y con las palabras finales aquellas, inicia esta conversación originada por reciente bulla mediática que tiene por tema la orientación sexual de una figura pública –y por excusa la literatura. Parece apropiado que aparte del calculado escándalo, también se genere una discusión sobre el derecho a la intimidad, por ejemplo.

“Nosotros comenzamos con el movimiento (el Movimiento Homosexual de Lima, MHOL) hace veinticinco años”, empieza Ugarteche. “La generación que tiene veinticinco o treinta años creció de otra manera, con discusiones públicas distintas, con otro discurso en los medios. Pero el poder es homofóbico. Yo creo que en ese sentido, Bayly lo que hace con su literatura es liberar y hablar de la hipocresía. Hablar del asunto es poner el dedo en la llaga y la literatura es una manera. La literatura es ficción y esta se construye a partir de una realidad. Pero esa ficción puede ser liberadora o puede convertirse en una que encierra, que retrasa”.

–¿Qué implica el término outing?
–Que alguien muestre que una persona metida en el clóset es, en realidad, homosexual. Y eso se ha hecho mucho. Quien introduce el outing es un grupo llamado Act Up: cuando comienza el SIDA en los años ’80, el Congreso estadounidense empieza a decir que es un castigo de Dios; este grupo hizo público quiénes de los congresistas que decían esto eran gays ellos mismos. Es una forma de hacer política y demostrar la hipocresía. Creo que uno de los peores perjuicios es cuando la propia gente gay se esconde detrás de la moral heterosexual para no ver dañada su reputación o su carrera. En la medida en que los gays hagamos outing a gente que nos daña porque no está dispuesta a defendernos, es un acto de liberación.

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Bayly y su programa originan debate sobre orientación sexual y trasgresión de la intimidad.

–¿El caso de Oscar Wilde –acusado en 1895 de indecencia– es un antecedente?
–Eso no fue outing, fue una denuncia penal. No es que Wilde era considerado un obstáculo por la gente gay, sino por el poder, y en la medida en que lo era, lo sacaron del camino: lo metieron a la cárcel y mandaron al exilio. Donde se acabó su vida.

–Él no mantenía en secreto su sexualidad.
–No, pero una cosa es que no la mantengas en secreto y otra que te la pongan en los periódicos. Yo no mantenía en secreto mi sexualidad, pero una vez que la vi en los medios... Las barbaridades que escribieron en torno a la noticia de que yo era gay.

–¿Cómo fue su experiencia?
–Yo soy el clásico ejemplo de un outing. Me lo hace Nicolás Lúcar en el año ’90. Querían sacarme de la línea política, y lo logran: no volví nunca más a estar en los rumores públicos políticos. Es que cuando el outing viene de afuera de la comunidad gay, lo que logra es cancelar a la persona. Y yo creo que eso no vale. Toca a la propia comunidad denunciar a la gente gay que nos perjudica. Yo no sé cuántos congresistas homosexuales existan hoy en día en el Congreso, pero me parece fundamental que la comunidad denuncie a aquellos que lo sean y que no hayan hecho absolutamente nada por la ley antidiscriminatoria. Hay que ir mostrando los dobles valores. La sociedad peruana sigue siendo estúpidamente pacata. Así como las nuevas generaciones son más libres, el poder es cada día más pacato y el peso del Opus Dei es más grande en la clase política y empresarial. ¿Dónde está el contrapeso ideológico al pensamiento conservador?

–¿Cuál fue la excusa para sacar esta noticia?
–Creo que ninguna. ¿Sabes que Lúcar me llamó varias veces para que fuera a su programa? Y cada vez que lo ha hecho, le he pedido a quien me ha llamado que el señor Lúcar me explique, telefónicamente, por qué hizo lo que hizo; una vez explicado esto, yo iría con mucho gusto a la televisión a ser entrevistado sobre cualquier otra cosa. Lúcar nunca se ha acercado al teléfono. Qué tal cobarde. La discriminación en el Perú me fregó la vida, pero creo que por eso hay que seguir luchando por las igualdades. Las actitudes liberadoras son las que te quitan de en medio obstáculos. Pero si tú eres parte de la comunidad oprimida no tiene caso hacer escarnio de otro.

–Aunque dé rating o sirva de marketing a la presentación de un libro...
–Los pretextos de la literatuela son múltiples. Este tema sí puede usarse como escándalo, como marketing. La primera novela sobre el tema homosexual en el Perú es también una de las primeras en América Latina: Duque de José Diez Canseco. Se escribe el año 1927 en Chosica, pero es publicada por Luis Alberto Sánchez en medio de su exilio en Santiago de Chile (en 1934). El libro es una denuncia; yo no sé si Diez Canseco estaba o no haciéndole el outing a alguien, pero es bien interesante. Hay que ver qué cosa hay en una nueva novela para que merezca ser adicionada a lo que ya se ha dicho. La literatura de Bayly –o la que he leído: No se lo digas a nadie– me parece interesante en tanto liberadora, pero por momentos es repetitiva.

–¿Pero cuáles son los límites? ¿Cuándo esta “liberación” se convierte simplemente en una trasgresión de la intimidad?
–Cuando proviene de afuera de la comunidad es una infamia. Y cuando es desde adentro pero su finalidad no es política, es puro chisme. Es sólo meterte en la vida privada de alguien.

–¿Y ese chisme resulta dañino para la comunidad?
–Es la inversa de lo liberador, es represor. Por eso me parece que la actitud que tomó la bailarina Pachi Valle Riestra de decir “métanse en lo que les interesa y no en lo que no les importa”, es la correcta. Pero en el Perú en lugar de que se baile a quién le importa lo que yo haga, a quién le importa lo que yo diga, a todo el mundo le importa. Somos una sociedad que vive de lo que piensa el otro. (Rebeca Vaisman)

 


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