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Economía

Meltdown

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Meltdown, término inglés que en español significa la fundición de algo, es una expresión muy moderna. Se usó primero para describir la explosión de un reactor nuclear, y luego para lo que sucedió con las torres gemelas, donde las columnas de acero se derritieron con el calor intenso del incendio. Desde hace una semana se viene usando para tipificar la crisis financiera americana.

Peter Stein, un editor del Wall Street Journal, declaró que “la crisis es más honda de lo que cualquiera se había imaginado hasta hace pocos días.” Esa expresión, de asombro, es la nota que más destaca en los comentarios de la semana pasada. Se mezcla la sorpresa con la falta de comprensión. Los analistas más autorizados y los banqueros más experimentados se han quedado sin habla. No es que faltan explicaciones: ahora ya todos dicen que la crisis era inevitable por la relajación de los estándares en el otorgamiento de los créditos hipotecarios “subprime,” o por la falta de regulación para gran parte del sector financiero no bancario, o la complejidad técnica de los nuevos instrumentos financieros, que ni los jefes de los grandes bancos entendían. Pero esas explicaciones estaban a la vista hace medio año, y la gran mayoría de esos especialistas nos seguían recomendando no preocuparse. Más honesto fue el decano de la Escuela de Negocios de la Universidad de Stanford, que la semana pasada dijo que “aún estamos tratando de entender.”

Hace pocos años Alan Greenspan dejaba la presidencia del Fed, banco central de los Estados Unidos. Era entonces reconocido universalmente como el mago de las finanzas, y hasta recibió de la Reina Isabel el título de Sir del Reino Unido por su flamante liderazgo del milagro económico a lo largo de casi dos décadas. En esos años, cuando alguien expresaba preocupación por el exuberante desarrollo del sistema financiero, Greenspan decía que tenía una gran fe en los nuevos y sofisticados instrumentos financieros de esa época, cuya sofisticación había hecho desaparecer el riesgo de una crisis. Y cuando su antecesor, Paul Volcker, recomendó una mayor regulación, Greenspan contestó que más regulación sería inconveniente y, en todo caso, imposible de lograr. Hoy, todo indica que el meltdown va incluir la fama de Greenspan.

Personalmente creo que el verdadero responsable de las locuras de las finanzas mundiales no es Greenspan, ni otra figura pública, ni uno de los genios inventores de los nuevos instrumentos financieros, uno de ellos, por ejemplo, nada menos que Premio Nobel. El responsable, más bien, es cada uno de nosotros. El ejercito de vendedores de créditos, tarjetas de crédito, fondos mutuos, derivados, fondos de contingencia, swaps contra el impago de deudas y otros instrumentos esotéricos no hubieran generado crisis alguna si no fuera que vivimos ávidos de las ganancias fáciles, y que somos crédulos entusiastas.

Ciertamente, con la crisis empieza una etapa de sufrimiento y de redefinición de las reglas, y nadie puede prever si el impacto se limitará a pocas personas y pocos meses, o si gran parte del mundo se verá afectada fuertemente durante varios años. Pero lo que nos dice la historia es que el aprendizaje que nos trae esta crisis mundial será de corta duración. Como la lección de CLAE, tendrá fecha de expiración. (Richard Webb)

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