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Tauromaquia Vigencia taurina en la sierra de Palca confirma arraigo de una tradición ancestral que es patrimonio nacional.

Toros Sentados

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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El tendido de los sastres, como se le conoce a quienes miran las corridas gratis desde las alturas.

Las más de quinientas corridas al año garantizan la vitalidad que aún mantiene la fiesta taurina en la sierra del país. La cifra es un cálculo de José García Castaños, amante de la tauromaquia. Ninguna manifestación antitaurina llega hasta aquí, como sucede en la Plaza de Acho. En la sierra la afición a las corridas suele ser unánime, libre de impuestos y arraigada en la tradición popular. Ni se discute el ponerle tributos al espontáneo ánimo festivo de una expresión cultural. Un ejemplo vivo es Palca, pueblo enclavado en los Andes orientales del país, a 2,738 m.s.n.m. y veinte kilómetros de la ciudad de Tarma (Junín). CARETAS fue hasta allí para constatarlo.

La fiesta brava de cuatro días alcanzó su clímax la tarde del 3 de agosto, en honor al patrono Santo Domingo de Guzmán. El ruedo fue dominado por los españoles David Gil y David Esteve, junto al novillero peruano promesa Alfonso Simpson. Los seis ejemplares de lidia provinieron de La Viña de Don Aníbal Vásquez. Pero la Plaza de Toros Palca acaparó la atención. El terreno de ésta fue donado por Clara Cueva de Álvarez, y el bosquejo fue de Víctor Belarmino. Fue obra, entre otros, de Ernesto Egoávil, Carlos Lara, Jesús Camacho y Néstor Bados. El fanatismo no pudo esperar: el 4 de agosto de 1963, aún sin terminarla, los palqueños la inauguraron con una primera corrida.

 


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