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Medios A propósito de Día del Periodista, despedida de Monte Hayes, director en el Perú de la agencia Associated Press.

El Destape de Monte

4 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Huallaga, 1989. Hayes frente a cráter dejado por una mina activada por terroristas cuando pasaba una patrulla (que se puede ver tras el periodista). Murieron 6 soldados.

Cuando llegó a Perú, a fines de mayo de 1985, lo hizo de mala gana. Monte K. Hayes (Indiana, 1942) trabajaba en ese entonces en México para Associated Press (AP), y estaba metido de cabeza en los acontecimientos que se sucedían en Centroamérica. Cuando se le ofreció la dirección de Perú, la verdad, no creía que la situación que le enviaban a cubrir era demasiado interesante. Entonces, los primeros días de junio del ‘85, la magnitud de la historia que habría de contar estallaría en su cara, y en la de todo aquel que hasta entonces la había querido ignorar: Fue un viernes en la noche cuando el coche bomba explotó en la Plaza de Armas de Lima. En ese momento cenaban en Palacio de Gobierno Belaunde, García –que acababa de ser elegido– y Alfonsín, Presidente de Argentina, en visita oficial. En las calles la Policía tiraba balas por todo lado; la gente en el piso o corriendo a sus casas. Yo había salido de la oficina que quedaba en el Centro y me dirigía a mi hotel, el Country Club, donde me esperaban mi esposa e hija de cuatro años. Aún no tenían equipo electrógeno y me alcanzaron una vela; llegué a tientas a mi cuarto. Llamé a la oficina y me contaron todo. En ese momento me dije: “Tengo que prepararme porque esta es una historia grande”.

Así saludó Lima al periodista norteamericano. Veintitrés años después, ha dejado el país para enrumbarse al retiro en Tampa, Florida. Hayes lamenta no quedarse para cerrar la historia. “Pero ya es tiempo de irme”, se explica.

Crónica de Guerra

–¿Cuál es su peor recuerdo de esos años?
–Creo que lo que más me impactó fueron las historias de los campesinos marginados sobre las matanzas que sufrieron. Alguna vez AP no quiso publicar una de esas historias porque no tenía espacio. En esa época Perú no estaba en la conciencia mundial; fue difícil hacerles entender qué estaba pasando en este país.

–¿Cómo vivió esta guerra ajena su familia?
–Mi esposa ha sido muy comprensiva: incluso ha sufrido su salud, porque aquí ha desarrollado un asma. Para ser justo con ella debí haberme ido. AP me ofrecía otros puestos, pero siempre me quedé porque quería saber cómo iba a terminar todo. Melanie, mi hija, nació en Nueva York pero creció aquí. En un momento vivimos cerca de la Embajada de China, que sufría varios atentados de SL, y una vez ella, pequeña, tenía que hacer un dibujo y pintó una bomba. Ahora es periodista también, en EE.UU., y creo que lo es porque quedó fascinada con la cercanía que un periodista puede tener con personajes que tienen poder.

–Durante el gobierno de Fujimori, con grandes excepciones, el papel de la prensa local fue lamentable. En ese contexto, el rol de las agencias de información extranjeras, como AP, era importante.
–Yo logré tener cercanía con Fujimori a través de Carlos Orellana, su brazo derecho. Le hice muchas entrevistas: hice notas críticas pero también reconocía su mérito. Creo que, en general, los extranjeros lo reconocen más que los peruanos, que han sufrido mucho. Mi opinión es que va a ser recordado bien en la historia, por vencer a SL y arreglar la economía. Claro que no debió haber tratado de quedarse en el poder, y su cercanía con Montesinos fue terrible. Según me dicen, Fujimori sabe que va a recibir una pena, pero espera que esta sea menor. No sé si eso es realista.

–Tiene grandes asuntos pendientes. Su juicio marca un precedente en el tema de derechos humanos.
–Uno trata de imaginar cómo hubiera sido el Perú sin él: bombas toda la noche, la clase media que se iba de un país en guerra. En ese momento, el 80% de los peruanos decía: “¡Que haga lo que tenga que hacer para terminar con esto!”. Y ahora lo critican. Hasta cierto punto no parece muy justo.

–Pero la mayor parte de la población que estuvo entre dos fuegos, del terrorismo y del ejército, no fue la clase media, sino un sector marginado entre quienes se cuentan la mayor cantidad de víctimas.
–Es cierto. Yo tengo algunos reparos sobre el informe de la CVR porque días antes de su emisión, uno de los académicos que lo preparaba me contó que la mayor cantidad de muertos fue del ejército, pero el día de la presentación salió otra cosa, por presión política. Yo no quiero que me pinten como un defensor de Fujimori. Sólo creo que fue un hombre complejo; que entró bien intencionado y cayó en el vicio del poder.

–¿Qué opinión le merece este segundo gobierno de García?
–Si se encuentra la manera de llevar programas sociales a los sitios más necesitados, en veinte años el país podría ser muy diferente. La regionalización, por ejemplo: una de las cosas que García prometió fue crear una oficina para ayudarlas en la planificación. No lo ha hecho y ese es un gran error. Si sale en las próximas elecciones un populista demagogo como Humala, que detendría todo, nadie más que García tendrá la culpa.

País Postizo

–Por otro lado, usted es un coleccionista de arte tradicional peruano.
–Soy gran amante de la artesanía peruana, pues refleja la cultura y un sector de la sociedad que no es apreciado. Tengo muchas piezas de Ayacucho; también réplicas y algunos originales.

–A propósito, ¿qué opinión le merece la polémica entre Yale y el Perú en torno a los objetos hallados por Bingham?
–Desde el punto de vista ético, Yale debe devolverlos. Está aplicando lo que muchos peruanos en su vida diaria: el “venga mañana”. Pero va a terminar entregando las piezas y eso establece un precedente: cuántos museos tienen piezas que pertenecen a otros países y estos las querrán de vuelta. Ojalá que las cuiden bien. Esa preocupación es la excusa de Yale. Aunque desgraciadamente es una realidad que una vez ganada la pelea política, al país ya no le interese más.

–¿A qué peruano le hubiera gustado conocer?
–La respuesta es muy fácil: Abimael Guzmán. Intenté una entrevista, pero nunca se permitió. Me han informado que dentro de uno o dos años se realizará un congreso de SL para nombrar a su sucesor, con su visto bueno. Esa no es una organización con un pie en el cementerio. Hay tres figuras en los últimos treinta años que destacan por su impacto en el Perú, y los tres están encarcelados: Fujimori, Montesinos y Guzmán. Yo no los admiro, pero tratar de entender su mentalidad es fascinante.

–Luego de veintitrés años, ¿hay alguna costumbre peruana a la cual no pudo adaptarse?
–Manejar al estilo peruano. Es lo que nunca acepté y definitivamente no voy a extrañar. Como sí a los amigos, a la comida. La experiencia de vivir en un país fascinante, que nunca ha sido aburrido. Bueno, está llegando a serlo ahora. Pero un país aburrido es malo para los periodistas, y bueno para sus pobladores. (R. Vaisman)

 


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