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Actualidad Cocaína e ingentes cantidades de alcohol provocaron que Mario Huamán dispare y mate a su cuñado en 1993. Persisten graves preguntas.

Bala Perdida (VER)

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Martes 16. El secretario general de la CGTP en accidentada llegada al local de la Federación Nacional de Construcción Civil.

El eco del disparo de una Browning 9 milímetros se dejó escuchar quince años después. Mario Huamán, mandamás de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), reconoció el martes 16 su culpabilidad en el homicidio accidental de su cuñado José Kobashigawa el 5 de setiembre de 1993.

Esa mañana la primera plana del diario Correo había corroborado la nota publicada en CARETAS 2044. El recorte de un tabloide de la época señalaba a Huamán por haberle disparado a su cuñado en estado de ebriedad. Luego la historia cayó en el olvido.

Correo publicó pasajes del atestado 380 IC-H-DDCV donde se recoge la confesión de Huamán, que se entregó a la mañana siguiente en la comisaría de Ciudad y Campo. Esto obligó a Huamán, quien hasta entonces se negaba a declarar, a salir al frente.

CARETAS pudo acceder a todos los documentos del caso.

La secuencia de los hechos establece que el 4 de setiembre de 1993 Huamán asistió, en su calidad de secretario general del sindicato de trabajadores de construcción civil, a la inauguración de obras de electrificación en tres módulos de Villa El Salvador. El atestado policial narra que, luego de terminar el acto a las 5 de la tarde, Huamán siguió bebiendo “cerveza y tragos preparados… en varios lugares”.

Más tarde asistió a otra actividad en Barrios Altos “donde recuerdo vagamente que se encontraba el secretario general de la Federación José Luis Risco… No puedo precisar la hora y no estoy seguro en qué lugar del centro de Lima he continuado libando licor en compañía del señor Gabriel Valle, lo que supongo es que él me ha embarcado en un vehículo para mi barrio”.

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Izquierda, examen toxicológico no deja lugar a dudas. Arriba, en confesión de Huamán hay un vacío, pues dice no recordar nada desde que estaba en Barrios Altos hasta que vio a su cuñado tendido en el suelo.

De allí su memoria queda suspendida hasta que pega un salto mortal. “Lo que puedo recordar dentro de mi embriaguez”, continúa, “es que vi a mi cuñado tendido en el piso, a quien le salía sangre por la boca”.

Huamán avisó de la desgracia a su hermana Victoria Aquino Rivera, que dormía, y luego volvió a su casa. Antes de buscar a una amiga abogada en Surco (“luego de una hora finalmente di con su domicilio”) le anunció a su esposa:

“Creo que se me ha ido una bala”.

HUAMÁN DECLARÓ que “no puedo precisar exactamente cómo se han suscitado los hechos, por estar bien ebrio”, pero recalca que “nunca hemos tenido problemas con mi cuñado, nuestras relaciones eran de lo más bien”. Lo último fue ratificado por su media hermana.

El martes no mencionó su desbocada ingesta de alcohol previa a lo que calificó como un accidente. Negó también el consumo de otras sustancias. “No fuma ni un cigarro, menos estupefacientes”, alegó en su defensa Renán Raffo, del Partido Comunista.

Lamentablemente, el examen toxicológico 6092 practicado ese mismo 5 de setiembre arrojó “positivo” en cocaína.

Casi dos años después, el 31 de agosto de 1995, el juez César Herrera Cassina de la Quinta Sala Penal de Lima sentenció a Huamán por “homicidio culposo”. En la lectura el magistrado subrayó su responsabilidad, “más aún que actuó en forma negligente al manipular su arma encontrándose bajo los efectos no sólo de bebida alcohólica, sino también de sustancia estupefaciente”.

Tales conclusiones colisionan con la defensa que Huamán ensayó esta semana en el intento de presentar los hechos como un accidente cualquiera. Esto fue avalado por quienes lo acompañaron además de Raffo en el acto de desagravio: Francisco Soberón –que parece empeñado en emparejar a Aprodeh con las causas más inverosímiles–, Luis Muñoz, del Sutep, Rolando Breña, de Patria Roja, Gustavo Espinoza, del Partido Comunista y Enrique Juscamayta, del Partido Nacionalista. También destacaron los congresistas Elizabeth León, Edgar Reimundo y Oswaldo Luizar, todos ex integrantes de UPP.

Ollanta Humala no asistió. El domingo 14 ofreció una entrevista a La República donde tomaba distancia del proyecto de referendo revocatorio presidencial impulsado por el líder sindical. Quizás ya revisó con más detenimiento la Constitución, lo que dejaría sin piso dicha opción (ver Mar de Fondo). De cualquier modo, el golpe recibido por Huamán, quien se perfilaba como un significativo contrapeso a su liderazgo en la izquierda, le devuelve la holgura en la cancha.

HUAMÁN ATRIBUYÓ las publicaciones periodísticas a “una campaña orquestada por Alan García”. Cuando una voz de su corte de entusiastas lo alentó con el grito de “Mario, te queremos como presidente de la República”, Huamán insistió: “Alan García me quiere silenciar”.

Olmedo Auris, segundo en la CGTP, recurrió a su raigambre ideológica: “El presidente Mao”, recordó, “decía que cuando el adversario nos ataca como fiera es porque estamos haciendo las cosas bien”.

No fue el único. El tabloide La Primera no solo se creyó a pie juntillas la versión filtrada por Huamán antes de verse obligado a dar su conferencia de prensa, sino que también lo señaló como “quien en este momento lidera, por lo menos, gran parte de la oposición social en el país”.

Quien tiene proyección política, y más frente a un caso tan extraordinario como éste, se equivoca cuando encuadra el predecible escrutinio periodístico en teorías conspirativas.

De hecho, el dirigente sindical prometió continuar “viajando más seguido por el país, duela a quien le duela”. Su agenda se reinicia este fin de semana con una intervención en la III Cumbre Amazónica (ver nota aparte). Luego, en preparación de los próximos paros regionales, seguirá por Cusco, Iquitos, Andahuaylas, Puno y Chiclayo.

Huamán también se refirió al almuerzo que la semana pasada compartió en el restaurante José Antonio de San Isidro con el general de la Policía Alberto Jordán. Tal cita llamó a la sospecha porque éste fue figura central en la reciente refriega de Moquegua, cuyos pobladores se oponían a la fórmula de repartición de canon con Tacna. El conflicto, azuzado por Huamán, no se resuelve hasta ahora.

El martes Huamán dijo que se encontró con Jordán para saludarlo “porque es mi amigo de años” y tratar de encontrarles freno a las mafias de construcción civil en Lima y Callao. Jordán, que la semana pasada había reconocido las circunstancias del almuerzo sin ofrecer mayores detalles, llamó a la redacción mientras Huamán asistía al mencionado “acto de desagravio” y ofreció una versión similar. Tras lo ocurrido en Moquegua Jordán pasó a situación de disponibilidad. Por ello es que hoy no cuenta con un cargo específico en la cúpula de la institución.

LA HISTORIA DEJA PREGUNTAS SIN RESPONDER. La más importante se refiere a la naturaleza de la breve condena, aún a pesar de los graves señalamientos que el juez Herrera le hace a Huamán.

¿El caso ameritó algún empujón superior en momentos que Vladimiro Montesinos ordenaba y mandaba en el Poder Judicial? Así lo sugiere muy frontalmente el congresista Mauricio Mulder.

El propio magistrado cayó en desgracia este año. En el 2003 el Tribunal Constitucional ordenó la captura del presunto narcotraficante José Mori Soto (a) “Shevasco”, que había sido liberado de manera irregular el año anterior. Herrera no cumplió con la disposición a pesar de las reiteradas advertencias del INPE y “Shevasco” fue asesinado en las inmediaciones del penal San Jorge en enero último. Como consecuencia Herrera fue suspendido y su permanencia en la carrera judicial pende de un hilo.

La posesión y licencia de la Browning de 9 milímetros también llama la atención. Según contó Huamán en su declaración policial, la adquirió debido a las amenazas contra su vida (hay que recordar que Huamán relevó al asesinado Pedro Huillca), pero un arma de esas características era todavía infrecuente a principios de la década de los 90. Lo más común era tener un revólver calibre 22 ó 38.

El futuro político de Huamán queda en obvia cuestión. Aquel terrible episodio de 1993 deja las escaramuzas de otros jugadores connotados al nivel de travesuras inocentes. “No me van a amilanar porque seguiré en la defensa de los trabajadores”, prometió el martes con la aparente seguridad de salir indemne. Otros dirán que los trabajadores harían mejor en buscar resguardo.

 


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