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Internacional Barack Obama cambió de tono, se puso los guantes y subió en las encuestas. La convención del Partido Demócrata dejó chica a la del Republicano.

Parece Que Se Viene (VER)

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En el Perú el Alianza Lima está jugando tan mal que arriesga bajar a segunda división, pero en Estados Unidos la posibilidad de que un grone llegue a la Casa Blanca es muy real.

Varias encuestas sugieren que, si las elecciones presidenciales norteamericanas se realizaran en el mundo, Barack Obama del Partido Demócrata barrería con John McCain del Republicano.

Ahora, en los últimos sondeos en EE.UU., Obama ha vuelto a sobrepasar el 50% y aventaja a su contendor. Esto era de esperarse. La Convención Demócrata de la semana pasada humilló a la Republicana de estos días.

El autor de la nota que sigue, Sasha Chavkin, reseña pormenores y circunstancias del histórico discurso de Obama en Denver, pero hay más.

Obama contó con el endoso de figuras como Ted Kennedy, el ex presidente Clinton y de Hillary, ex contendora que sacó 18 millones de votos.

A ellos se sumó Michelle Obama, la esposa, cuya oratoria dejó turulato al país.

Finalmente, los demócratas nominaron al senador Joseph R. Biden Jr. como candidato a la vicepresidencia.

Joe Biden, senador por Delaware desde 1973, con 35 años de experiencia en Washington, ha sido presidente del Comité de Relaciones Exteriores y presidente del Comité Judicial. Un curtido veterano.

Marcando raro contraste, y en un afán evidente de horadar por el frente de los demócratas que preferían a Hillary, los republicanos nominaron para la vicepresidencia a Sarah Palin.

Esta reina de belleza de 44 años tiene una serie de desventajas. Fue elegida gobernadora recién en el 2006 de un estado como Alaska, con una población que no llega a 650,000.

Se opone al aborto en cualquier circunstancia, por lo que tiene como quinto vástago una nena de 4 meses, y una hija de 17 que está encinta.

Es cazadora y partidaria de portar armas, y está más cerca al petróleo que al medio ambiente.

Michael Moore podría hacer toda una película sobre ella.

McCain es, con sus 72 años, el candidato más veterano de la historia norteamericana, y la idea que Palin pudiera asumir el poder causa ansiedad.

Pero el peor enemigo de McCain es el legado de los ocho años de George W. Bush.

Estados Unidos se metió en una guerra innecesaria en Iraq y no sabe cómo salir.

Bush redujo la carga impositiva a los más ricos y los déficits fiscales son siderales.

El desempleo está aumentando en la recesión y en la crisis inmobiliaria decenas de miles pierden sus viviendas hipotecadas.

Este año se considera que, en términos de desarrollo social, Estados Unidos, el país más rico del mundo, se acerca a un modesto vigésimo lugar.

En expectativa de vida lo superan 44 países, según estadísticas de la ONU.

Alberga a 31 millones de pobres, según su último censo, y 40 millones no cuentan con seguro de salud.

El precio de la gasolina se ha cuadruplicado en los años de Bush.

¿Alguien en su sano juicio votaría allá por otro republicano?

Millones lo harán por costumbre, pero ¿serán una mayoría?

¿No es más lógico pensar que el Tio Sam se va a convertir en el Tío Zambo?


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Novedad redentora sería un negro en la Casa Blanca.

Ese “¡Basta!” Retumbó

“¡AMÉRICA, nosotros somos mejores que estos últimos ocho años!”, prorrumpió Barack Obama.

La multitud de 80,000 partidarios que repletaba el estadio de fútbol de Denver, Colorado, rugió su aprobación mientras Obama aceptaba con esa mezcla de condena, convicción y promesa la nominación presidencial del Partido Demócrata.

La noche coronaba su deslumbrante ascenso político, proceso que lo ha colocado a un paso de convertirse en el primer Presidente de raza negra de los Estados Unidos. Pero Obama no estaba ahí para celebrar. Y es que se había puesto los guantes.

“Esta noche”, subrayó reprobando sin ambigüedades los fracasos del gobierno de George W. Bush, “yo digo al pueblo norteamericano, a los demócratas, republicanos e independientes de esta gran nación, “¡basta! ¡Basta!”

Ese enfático “basta!” (enough!) del usualmente ecuánime candidato generó un ensordecedor eco, a la vez que Barack Obama mostraba una nueva faceta de su carácter que se hará evidente en estos últimos meses de la campaña hacia las elecciones generales de noviembre.

El Obama que habló esa noche apenas mencionó el significado histórico de su nominación, pero su discurso combativo sonó como una clarinada triunfal en los oídos de los demócratas, que desesperadamente buscaban comprobar si el senador idealista sería capaz de responder con fuerza a la ráfaga de ataques que los republicanos habían descargado en las últimas semanas.

A pesar de los éxitos multitudinarios de su elogiado viaje al exterior en julio, el mes de agosto no fue bueno para Obama.

Su oponente John McCain había encargado las riendas de su campaña a Steve Schmidt, un estratega republicano temible conocido como “La Bala” (“The Bullet”), no solo por su cabeza rasurada sino porque es un verdugo experto en montar campañas negativas. Ahijado político de Karl Rove, el asesor principal de Bush, Schmidt es diestro en la técnica de voltear la fortalezas principales del adversario en su contra.

Schmidt había lanzado una serie de cuñas publicitarias en la televisión nacional destinadas a neutralizar el carisma de Obama.

Yuxtaponiendo la imagen de Obama y sus entusiastas seguidores con las de Paris Hilton y Britney Spears, los spots de La Bala mostraban al entonces virtual candidato demócrata como una celebridad frívola descalificada para proteger a los Estados Unidos en tiempos de guerra y recesión.

Obama se negó a responder en los mismos términos y dio la impresión que los ataques habían surtido efecto: la ventaja de entre 5 a 15 puntos que había llevado Obama sobre McCain en encuestas nacionales se desvaneció, y la carrera se encontraba en un virtual empate.

Dadas las circunstancias, aunque la preparación de la Convención Demócrata había sido detalladamente orquestada –incluyendo los endosos tanto de Bill como Hillary Clinton, y la anunciada aparición de Teddy Kennedy– los demócratas estaban nerviosos.

Si el discurso de Obama ante la multitud exaltada hubiese consistido en un grandioso sermón dedicado a la esperanza, seguro que los republicanos se lo hubiesen comido crudo.

En vez de eso, sin embargo, Obama salió listo a pelear. Recordando su humilde infancia, criado por una madre soltera que tuvo que recurrir a la asistencia social y cupones para alimentos del Estado para poder mantener a sus hijos, Obama descargó una andanada de críticas contra las políticas económicas de los republicanos, acusándolos de haber empeorado las penurias que afrontan las familias de clase media y obrera como la suya.

“Yo no sé qué tipo de vida cree John McCain que llevan las celebridades, pero no ha sido la mía”, dijo. Luego le aplicó un gancho a su multimillonario oponente: “Yo no creo que al senador McCain no le importe lo que ocurre en la vida de los americanos. Es que simplemente no lo sabe”.

En materia de política exterior, un área en que las encuestas muestran una ventaja a favor de McCain, Obama estuvo listo para un debate mano a mano. Sin cesar ligó a su oponente al legado de George W. Bush, increpando a McCain por su apoyo entusiasta a la guerra de Iraq y su negativa a proponer un cronograma para el retiro de las tropas.

También insistió sobre un punto que es álgido para los republicanos – el fracaso en la captura de Osama bin Laden. “A John McCain le gusta decir de que lo seguirá a bin Laden hasta las puertas del infierno”, dijo Obama en tono irónico, “pero la verdad es que ni siquiera entra en la cueva donde está viviendo”.

Para los demócratas, el discurso vehemente de Obama produjo un suspiro de alivio y entusiasmo. En las dos elecciones previas, el Partido Demócrata había visto a sus candidatos presidenciales –incluyendo el condecorado héroe de guerra John Kerry– hacerse leña ante una maquinaria agresiva que los señalaba como débiles, elitistas y antipatriotas.

Esta vez, Obama miró fijamente a la cámara y, apuntando al televidente, respondió a los ataques sobre su patriotismo. “Yo tengo una noticia para ti, John McCain: todos ponemos a nuestro país por encima de todo”.

Su condena a las políticas republicanas buscó asegurar que los debates continúen sobre el legado de George W. Bush y no se desvíen a temas subsidiarios.

La Candidata

Sin embargo, aun después del discurso triunfal de Obama, la carrera a la presidencia sigue siendo un cara o sello.

Ejercitando su experiencia mediática, el equipo de McCain acaparó los titulares 24 horas después de la Convención Demócrata con el inesperado anuncio de su elección para vicepresidente.

Escogió a Sarah Palin, ex reina de belleza de 44 años, mujer aficionada a la cacería y actualmente gobernadora de Alaska.

En estos días, los pesos pesados del Partido Republicano se han reunido en St. Paul, Minnesota, en su propia Convención para cumplir con el formalismo de nominar a McCain y Palin, y distraer aún más la atención que ha acaparado Obama y su extraordinario discurso de la semana anterior.

La tarea no les será fácil esta vez, piensan los demócratas, y ese “¡basta!” puede conducir a un afro-americano a la victoria. (Sasha Chavkin)

 


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