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07/Ago/2008
 
 
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Opinión Una opinión que abre el debate. ¿Es necesario o solo sería más burocracia?

Ministerio de Cultura, Otra Vez

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“Un ministerio es indispensable”.

No es la primera vez que se inicia un debate sobre la creación de un Ministerio de Cultura. Lo hizo antes, con muy poco éxito, el gobierno de Alejandro Toledo. El trabajo de la comisión liderada por el escultor Victor Delfín quedó archivado en algún lugar cuya ubicación nadie parece conocer con certeza. Pero el verdadero debate público que todos esperábamos nunca llegó; se agotó antes incluso de empezar, desapareció como por arte de magia de los medios de prensa y de los discursos políticos.

Tengo la impresión que el tema no logra sostenerse porque nadie sabe bien qué decir ni qué hacer. El Estado no llega a articular una propuesta concreta, quienes trabajamos en el sector no precisamos tampoco los temas que deberían figurar en la agenda pública y los medios de prensa diluyen el debate cultural, manteniéndolo relegado a la sección de espectáculos y a las páginas policiales; entre los anuncios de inauguraciones y presentaciones de libros, y el escándalo de los robos, no hay espacio para la discusión de temas de fondo.

Que la creación de un ministerio haya sido una de las propuestas del presidente García en su discurso ante el Congreso, debería permitir, ahora sí, la posibilidad de abordar el tema con toda la urgencia que se requiere.

Y es urgente porque hay un tiempo perdido por recuperar: bibliotecas y colecciones que dejaron de crecer hace más de medio siglo, archivos saqueados sistemática e impunemente, obras artísticas y tradiciones orales que no han sido registradas y que van desapareciendo, idiomas relegados al olvido, falta de recursos para la investigación y difusión, sitios arqueológicos en peligro y conjuntos urbanos en franco proceso de deterioro. A todo ello es necesario agregar la total ausencia del Estado en políticas de fomento y promoción de la creación contemporánea.

Hay quienes dicen que la creación de un ministerio no es algo estrictamente necesario. Ejemplos hay para todos los gustos, pero en la situación actual del Perú, creo que es indispensable por dos razones fundamentales.

La primera es que un ministerio de cultura permite poner el tema en la agenda política, darle la centralidad que debería tener. Hay otras prioridades, nos dicen los políticos. Pero nadie cuestiona las prioridades cuando el gasto va dirigido al Ministerio de Defensa o a la publicidad estatal. Existe entre nosotros la firme convicción de que “la cultura” es un asunto secundario, un gasto superfluo, nunca una inversión. Esto es algo que un ministerio podría empezar a cambiar.

La segunda razón es que la creación de un ministerio nos da la oportunidad de empezar de nuevo, de definir un cambio sustancial en la gestión de la cultura en el Perú. El INC ha sido reformado hasta la saciedad, sin resultados visibles. Necesitamos una entidad que haga algo más que fiscalizar y administrarse a sí misma. Pero hay que ser muy claros. Lo que nadie quiere es que se le otorgue rango de ministerio al INC. Sería una oportunidad perdida para el país.

Los problemas de la institución son estructurales, y afectan a todas las gestiones y a todos los gobiernos. Necesitamos por eso una nueva estructura, que rompa con la verticalidad del INC, que fomente la creación de direcciones ejecutivas especializadas para la gestión de las industrias culturales, las artes escénicas, las bibliotecas y archivos, los museos, el patrimonio, y la creación contemporánea. En todo esto el capital humano es indispensable, y es también lo que más le falta actualmente y le ha faltado siempre al Estado. El nuevo ministerio debe empezar por el llamado a concursos técnicos para la contratación de profesionales con un rango salarial acorde con su responsabilidad y experiencia. La verdadera posibilidad de cambio está allí, en poder imaginar una carrera pública, con personal profesional, con sueldos competitivos. La pregunta de fondo es si existe la decisión política (y los recursos) para liderar este cambio.

Pero hay cosas por hacer con o sin ministerio, asuntos que no pueden seguir esperando eternamente. Tres leyes indipsensables:

- Una nueva ley de fundaciones (existe un proyecto de ley durmiendo el sueño de los justos en la CONSUF).

- Una ley de mecenazgo con incentivos fiscales para las donaciones.

- La creación de un fondo fiduciario concursable de apoyo a la investigación y a la creación, al que puedan presentarse creadores, pero también proyectos surgidos del Estado y de la sociedad civil.

Esto ya sería bastante. Permitiría fortalecer el trabajo de las gestiones exitosas que se vienen dando dentro y fuera del aparato estatal. Pero no será suficiente sin un Estado efectivo, que pueda liderar el desarrollo del sector. La ausencia de una visión integral sobre lo que debería ser la función y participación del Estado en el campo cultural y sobre su relación con el sector privado, con los gobiernos municipales y con las regiones exige que el nuevo ministerio no sea el inicio sino el resultado de la definición de una verdadera política de Estado. (Natalia Majluf*)

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*Directora del Museo de Arte de Lima.

 


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