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Política Meteórica carrera política de Javier Velásquez Quesquén, flamante presidente del Congreso.

Moche Con Plomo

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Apellido Quesquén significa ‘fuerza’ en el idioma sec, la noble lengua mochica”.

El 12 de diciembre de 1994 fue el día más aciago en la vida de Javier Velásquez Quesquén (47 años), que acaba de conquistar la mesa directiva del Congreso. Aquella vez estuvo a punto de morir a manos de Sendero Luminoso, que emboscó el vehículo en el que viajaba de Chiclayo a Zaña para cumplir una actividad política.

El ataque terrorista se saldó con la muerte de Ciro Fernández, uno de sus miembros de seguridad, mientras que Velásquez Quesquén resultó herido de bala en la pierna izquierda.

“Fue uno de los hechos más dramáticos que me tocó vivir”, rememoró el congresista a casi 15 años del brutal atentado. Nacido en la ciudad de Eten, Lambayeque, se inscribió en el Apra el 19 de mayo de 1980, un día después de que Armando Villanueva del Campo perdiera las elecciones ante Fernando Belaunde Terry.

Hijo de don Genaro Velásquez Quesquén (74) y doña Olga Quesquén (72), inició su vínculo con el aprismo desde los tiernos años infantiles.

Tiene 12 hermanos. En 1954, el partido le encargó a don Genaro la distribución de La Tribuna. “Tenían que hacer un hueco de 3 metros para enterrar los ejemplares de La Tribuna, porque si los esbirros de Manuel Odría los descubrían corrían peligro de terminar en la cárcel”, dijo en diálogo con CARETAS.

Don Genaro fue secretario general del Apra en su tierra natal y en 1960 le dio la bienvenida a Haya de La Torre, que visitaba los pueblos norteños después de un prolongado exilio.

El patriarca de los Velásquez Quesquén laboró durante más de 20 años en una transnacional en Chiclayo. “Yo creo que el congresista debería ser mi padre por todo lo que significa para la historia del aprismo en Lambayeque”, sostiene.

Al Congreso llegó por primera vez en 1995 con casi 6 mil votos. En el 2001 repitió el plato con 39 mil adhesiones y estuvo al frente de la comisión de Fiscalización. En el 2006 ganó la curul con 45 mil votos y presidió la comisión de Constitución.

En aquel período tuvo morder el polvo del fracaso debido a que abortaron las reformas constitucionales como voto facultativo y retorno a la bicameralidad.

Recuerda que en 1998 fue víctima de discriminación racial en el consulado peruano en Madrid. Se apersonó para hablar con Fernando Vega Santagadea, ex ministro de Justicia de Alberto Fujimori, que por aquel entonces estaba al frente de esa legación diplomática.

Luego de una hora de espera se acercó a la secretaria para indagar por la demora y se produjo el siguiente dialogo:

–Dígale al congresista Velásquez Quesquén que lo estamos esperando hace rato –dijo la mujer sin inmutarse.

–Pero… yo soy el congresista Velásquez Quesquén –respondió contrariado el hoy presidente del Parlamento.

La funcionaria no supo qué hacer. Al final le pidieron disculpas pero el daño estaba hecho. Fue la única vez que se sintió marginado por el color de su piel. “Yo soy moche de pura cepa y mi apellido materno Quesquén significa ‘fuerza’ en el idioma sec, la noble lengua mochica”, aseguró.

Con una dilatada trayectoria a prueba de balas –y también discriminación racial– Velásquez Quesquén enfrenta hoy nuevos retos en un poder del Estado que no es el más querido entre la opinión pública.

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