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07/Ago/2008
 
 
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Opinión Ex embajador del Perú en La Paz responde a analista chileno José Rodríguez Elizondo.

Carta de la Respuesta

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El poliducto Tarija – Ilo dominó la agenda de Couturier durante sus años como embajador en La Paz.

A finales del siglo pasado, representantes del Perú y Bolivia negociaron por algún tiempo el Convenio del Poliducto Cochabamba-Ilo, con el propósito de transportar hidrocarburos de los ricos yacimientos bolivianos hasta un puerto en la costa del Perú.

El acuerdo fue finalmente firmado en Palacio de Gobierno de Lima el 27 de julio de 2001, un día antes que el Presidente Valentín Paniagua entregara el mando supremo a su sucesor. En esa ocasión, no se firmó una addenda a dicho convenio mediante la cual ambos gobiernos, a pedido del presidente de Bolivia, General Hugo Bánzer Suárez, hubieran acordado que el gas boliviano de Tarija fuese exportado a Norteamérica a través de un puerto peruano, posiblemente Ilo.

Por lo que se sabe, esta addenda no fue suscrita, aparentemente, debido a la oposición de sectores empresariales interesados en la explotación y exportación del gas de Camisea.

Desde el inicio del gobierno del doctor Alejandro Toledo, sin embargo, las tratativas bilaterales continuaron con la venida al Perú de altas autoridades bolivianas, como el Canciller Gustavo Fernández y Carlos Kempff, Ministro de Desarrollo Económico, en noviembre del 2001, con quienes se comprobó el interés en iniciar un proceso de integración energética y en considerar el tendido de un gasoducto hacia un puerto peruano.

Dentro de estas aproximaciones, el entonces canciller Diego García Sayán efectuó una visita oficial a La Paz el 17 de diciembre, preparatoria de la visita de Estado que efectuó el Presidente Alejandro Toledo a Bolivia a fines de enero del 2004. En la Declaración del Lago Titicaca, que suscribió con el mandatario boliviano Jorge Quiroga, el Presidente Toledo “reiteró la plena disposición de su gobierno para otorgar las más amplias facilidades para la exportación del gas natural boliviano hacia los mercados de Norteamérica a través de puertos del Perú”.

En seguimiento de esta visita, sucesivas delegaciones bolivianas, encabezadas por el vice Ministro de Energía, Carlos Salinas y el Canciller Gustavo Fernández, visitaron Lima y entregaron valiosos documentos en los que se especificaban las características y los requerimientos básicos del proyecto de exportación del gas de Tarija en el primer semestre del 2002.

En este clima de acercamiento y cooperación abierta y pública entre los gobiernos de Lima y La Paz, se produjo, al término de la gestión del Embajador Harry Beleván, en noviembre de 2001, mi designación como nuevo Embajador del Perú en Bolivia. La misión que se me confió, entre otras, dada la riqueza de la relación bilateral, consistió en materializar la asociación estratégica en el campo energético que se venía gestando desde tiempo atrás.

De esta manera, el 26 de agosto de 2002 el gobierno peruano presentó, por mi intermedio, al nuevo gobierno boliviano del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, un planteamiento integral en el que se aceptaba todos los requerimientos solicitados por Bolivia para la construcción y operación, en territorio peruano y durante 99 años, del gasoducto Tarija-Ilo y de su terminal portuario.

Este planteamiento integral para concretar la asociación estratégica bilateral en el campo energético fue acogido positivamente por el pueblo boliviano, como quedara demostrado años después en el referéndum del 18 de julio de 2004, convocado por el presidente Carlos Mesa para determinar cuál debía ser el destino del gas y que favoreció a la opción peruana.

Los hechos descritos someramente revelan con claridad cómo se desarrollaron los acontecimientos que, por lo demás, son de dominio público y están fielmente registrados en los medios de prensa.

A nadie escapará que no tiene sustento alguno la aseveración que formula José Rodríguez Elizondo (CARETAS 2037), en el sentido que fui instruido para “deshacer la idea de la Zona Económica Especial (ZEE)…” que habría ofrecido el gobierno chileno al de Bolivia para la exportación de su gas a los mercados de Norteamérica, de cuyas tratativas “secretas” da cuenta dicho periodista en su ensayo “Chile: Geopolítica y mercado en la relación vecinal”, recientemente publicado en Santiago.

Las relaciones entre los países son conducidas y desarrolladas de acuerdo a sus intereses y políticas, y en el caso que nos ocupa tuvieron y tienen un signo constructivo en favor de la integración energética de dos países productores de gas que deben proteger su vital recurso e insertarse ventajosamente en un mercado internacional ávido de combustibles. (Por: Hernán Couturier Mariátegui)

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