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Entrevistas Alejandro Vassilaqui y la lucha de CEDRO contra la droga y sus abusos.

Peleando contra el Monstruo

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De padre griego y madre peruana, Vassilaqui fue miembro fundador de CEDRO en 1986.

Alejandro Vassilaqui es, como Director Ejecutivo de CEDRO, la cabeza visible de la concientización a nivel nacional contra el uso y el consumo de drogas. Todos, a través de la publicidad y propaganda que hace masivamente en el país, sabemos ya qué es CEDRO (Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas), sabemos que sintoniza con el Perú decente y es un Instituto Civil sin fines de lucro que hace esfuerzos ingentes para alertar contra esos híspidos manotazos de la muerte horrenda y miserable que gravita sobre aquellos que caen en la adicción a las drogas. Alejandro Vassilaqui, ¡cómo no! es un hombre morigerado (estamos en el restaurant Costa Verde y solamente pide agua mineral), muy comedido y pausado en sus ademanes, tremendamente lúcido y que se me presenta con esa especie de aura que exhiben aquellos que tienen ideales fijos y ya definidos en su horizonte vital. Está feliz con lo que hace y se le nota. Entramos en sus orígenes.

–Vassilaqui. ¿De dónde proviene su apellido?
–Mi padre nació en la isla de Milos, en Grecia, y mi madre es peruana. Mi padre llegó en 1935 al Perú y era economista agrario especializado en el algodón. Había trabajado como algodonero en Egipto, y como el Perú en aquellas fechas era el segundo país productor mundial de algodón, llegó aquí para afincarse con el fin de producirlo y exportarlo.

–¿Cuál fue su preparación profesional?
–Estudié Ciencias Sociales y también Administración en Uruguay y luego en Suiza, en donde estuve tres años. Ya aquí en el Perú trabajé como Director de Promoción y Desarrollo en la Universidad Católica y me eligieron Presidente Mundial de la YMCA. Más tarde fui uno de los gerentes del Banco Continental.

–O sea que calentó su rabadilla en una buena poltrona de cuero formando parte de la alta burocracia.
(Se ríe). Algo así.

–¿Y cómo nació CEDRO?
–A principios de 1986. Fue una especie de movimiento comprometido y patriótico que afectó a un grupo de connotados peruanos que se sintieron motivados a hacer algo ante el crecimiento desordenado y voraz de los cultivos de hoja de coca. Si se necesitaban diez mil hectáreas para el uso tradicional destinado a la hoja de coca ya estábamos, sin darnos cuenta, en más de cien mil hectáreas y se comenzaban a vender por las calles indiscriminadamente pasta básica y clorhidrato de cocaína en grandes cantidades. Esto hacía presagiar una catástrofe social de primera magnitud, ya que las drogas cocaínicas no reconocen las dosis sino que tienden a aumentar cada vez más su consumo.

–¿Cómo se agruparon?
–A mí me llamó el padre Felipe McGregor, jesuita. Se fue corriendo la voz. Otro que me llamó fue el ilustre farmacólogo Ramiro Castro de la Mata. Y de ahí nos fuimos comunicando unos con otros y nos íbamos involucrando en ideas y soluciones para poder paliar esa plaga maldita que devora nuestra juventud. Estaban Mario Vargas Llosa, Fernando de Szyszlo, Alfonso Barrantes, Luis Alberto Sánchez, Alejandro Miró Quesada, Fernando León de Vivero, Mercedes Cabanillas, Carmen Masías, Federico León… y llegamos a ser sesentaitantos. El 26 de junio de 1986 nos inscribimos como Instituto Civil sin fines de lucro con el objeto de luchar contra la inminente y ya terrible amenaza de las drogas. El primer presidente fue Ramiro Castro de la Mata y a mí me nombraron Director Ejecutivo con dos subdirectores que me apoyaban, que eran Carmen Masías y Roberto Lerner. Ahí nació nuestro flamante CEDRO. Hoy lo preside Alfonso de los Heros con Lilly Caballero como vicepresidenta y en el directorio están Monseñor Irízar, Francisco Miró Quesada Rada, Luis Agois Banchero, Santiago Antúnez de Mayolo y otros. Carmen Masías como subdirectora y yo como Director Ejecutivo continuamos al pie del cañón en la lucha diaria.

–Con CEDRO empezaría para usted una vida con problemas.
–Pero muy plena. Jamás me arrepentiré de haber pasado de la confortabilidad de los números financieros a esta lucha sin cuartel que parece interminable. Es fantástico encontrarle un sentido tan digno como éste a la vida y soy feliz con ello.

–¿Cómo ve la situación hoy?
–Terrible. Los grandes cárteles de la droga se pasean hoy por el Perú aunque no los veamos ni los constatemos en la vida diaria pero, con su trabajo solapado, el narcotráfico destruye a todos los que se le oponen. Hoy ha aumentado el consumo. Un 5% del Perú ha probado drogas ilegales y si unimos a estas drogas la marihuana llegaremos a un infausto 12 % que está, por ya conocerlo, en auténtico peligro. Está en el fiel de esa balanza que se inclina o para la vida o para la muerte. Le doy un caso: un chico, hijo de una gran familia panameña a la cual conocía bastante, llegó al Perú y unos amigos lo llevaron a probar pasta básica y él me confesó con tristeza: “Nunca más podría dejarla”. Esto le indica dos cosas: la enorme libertad y el fácil acceso que hay para probarla y la tremenda lucha y esclavitud que supone el intentar dejarla cuando ya ha se ha instalado la dependencia. El Perú está gastando anualmente en la rehabilitación de drogadictos más de 700 millones de dólares, pero dada la realidad deberían ser más de 1,500.

–¿Qué me dice del éxtasis, de la heroína y del crack?
–Hay un gran crecimiento en el consumo de éxtasis. Un 2 % de la población juvenil ya la ha probado. Es muy difícil controlar su comercio por la pequeñez de las pastillas. Igual ocurre con las metanfetaminas. La heroína es palabra mayor y aunque su consumo es casi inexistente ya se está asomando en el Perú y esto nos pone nerviosos por el inmenso grado de adicción que conlleva. El crack es muy similar a la pasta básica de cocaína y por lo tanto prácticamente no está aquí todavía.

–¿Qué me dice de todos esos pitecantropus erectus sin átomo de cultura, como la Obregón y la Malpartida, insultos vivientes a la decencia y a la cordura, que luchan contra la erradicación de la hoja de coca?
–Le ruego que no hable así, con tanta agresividad. Yo hablo siempre muy positivamente para tratar de rescatar la bondad de nuestra lucha y obtener el apoyo de todos y proteger (evitando venganzas de gente mala) a los que trabajan por el bienestar y contra las drogas. Tenemos alrededor de 400 centros juveniles que involucran a unos 15,000 muchachos que laboran en las zonas cocaleras por un país libre de drogas. El bienestar del campesinado no debe estar esclavizado por el narcotráfico y tenemos que luchar todos juntos, los dirigentes de una u otra visión política, porque la calidad de vida del campesinado a través de procesos reales de desarrollo agrario y agroindustrial sean exitosos.

–¿Su gran fórmula para arreglar el Perú?
–Integrar a las distintas culturas que conforman el Perú alrededor de objetivos comunes.

–¿El hombre y la mujer que más ha admirado en su vida?
–Nelson Mandela, porque a pesar de su inmenso sufrimiento salió a construir y no a vengarse. Y Teresa de Calcuta, al margen de lo religioso, porque la pobreza extrema la convirtió en grandeza espiritual.

–¿Qué es lo peor que le han dicho?
–Un grupo de jóvenes, consumidores de pasta básica en El Porvenir, me gritó: “¡vete a la mierda viejo inútil!”.

–¿Y lo mejor?
–Un muchachito, al que le brotaban las lágrimas, se acercó a mí y me dijo: “quiero agradecerle, una charla suya, en una puesta de sol, hizo que yo no me suicidara”. (Por: José Carlos Valero de Palma)

 


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