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31/Jul/2008
 
 
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Cronista chileno Juan Pablo Meneses visita la FIL-Lima para presentar La Vida de una Vaca (Planeta). La cita es el 1 a las 8 p.m. Aquí adelanto exclusivo para CARETAS.

Pura Carne

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Era 1998, vivía en Chile, y formaba parte de los talleres literarios José Donoso en la Biblioteca Nacional de Santiago. Casi por azar, terminé publicando en una perdida antología de fin de taller el cuento Carnicería Humana. Aquellos días, con Pinochet arrestado en una clínica de Londres y un acalorado debate nacional por el futuro del país, los recuerdo con una escenografía de gris invierno y un rebrote de aquella mitad de Chile que hasta hoy sigue defendiendo la dictadura militar. Por entonces, no tenía ni una minúscula sospecha de que ese cuento, de ficción, terminaría siendo el inicio de esta historia real.

(…)
Sin sacudirme el tema de encima me mudé a Barcelona el año 2000. Antes de terminar viviendo en el Hotel Cisneros, en la zona de El Ensanche, alquilé un cuarto en un luminoso departamento de El Raval. Gracias a un anuncio pegado en la pared en un centro de ayuda a inmigrantes, terminé compartiendo gastos con una alemana militante vegetariana. Su dieta, cuando no estaba trabajando en la barra de una cantina de moda en el barrio Gótico, estaba compuesta por pocas cosas: básicamente lechuga, tomate, zapallo y arroz. Una vez, en plena calle, les gritó “asesinos” a una pareja de jubilados que masticaban un bife en una mesita de Ramblas. Si veía un filete poco cocido, era capaz de gritar “¡sangre! ¡sangre!”, mientras apuntaba al jugo que salía del corte. Recuerdo un mediodía, mientras Sandra asoleaba su abdomen flaco y sus pechos pequeños sobre la terraza, que le dije que no volviera a hacer uno de esos escándalos en la calle.

–Es un poco ridículo.

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–¿Ridículo? ¿No sabes cuántos animales se matan diariamente? ¿No sabes que el hombre es el animal más carnívoro y más depredador de la tierra? ¡Sólo pensamos en carne! Eso sí que es ridículo –dijo en español con acento alemán, y me pidió que le esparciera bronceador por la espalda.

(…)
A escondidas, comía la carne más barata: hamburguesas. En Estados Unidos el 60% de la carne se muele y las hamburguer son un pilar fundamental de la alimentación, pero en Barcelona eran distintas las razones para ir diariamente por aquellos medallones de carne picada, cocida y luego apretada entre dos mitades de un pan. La escasez de dinero que deja el periodismo free-lance, y la testarudez de no trabajar en nada que no fuera periodismo, me hicieron pasar varios meses comiendo casi exclusivamente whopper en Burger King. Siempre recuerdo que una repentina promoción, de dos whopper por el precio de uno, fue la oferta que me salvó medio invierno. Eso sí, comía la carne fuera de casa.

Posiblemente fue aquella compleja realidad catalana, la de vivir entre vegetarianos mientras en secreto me transformaba, lentamente y sin pausa, en un cliente premium de hamburguesas gringas, la que hizo que mi obsesión por el tema comenzara a decaer. Era el más triste y barato final. La decadencia es el desenlace más común de cualquier obsesión, y aquello se me estaba cumpliendo al pie de la letra.

(…)
Cuando me mudé al hotel, no lo hice escapando de los vegetarianos, sino buscando un espacio propio. La vida hotelera en Cataluña resultaba cómoda, nadie se quejaba si entraba con bolsas de hamburguesas a la 503, y entre viaje y viaje me cuidaban las maletas hasta el siguiente regreso. Fue en uno de esos viajes, recorriendo toda la zona de Extremadura con un grupo de periodistas invitados a conocer esos lugares, que el rumbo comenzó a girar. Las piernas de jamón colgaban de cada rincón de esa España vieja y salada que se vive en lugares como Salamanca y Trujillo. La carne volvía a pasear frente a mis narices en bandejas de plata repletas, que iban y venían de esas mesas para agasajarnos. En aquel viaje conocí a una periodista de Buenos Aires y a las pocas semanas aparecieron razones, que más tienen que ver con el corazón que con el asado, para que en menos de tres meses dejara Barcelona y terminara viviendo en la Argentina. De casualidad, y sin darme cuenta, había decidido mudarme al país donde la carne es asunto de Estado, y una tira de asado forma parte de la soberanía. (Juan Pablo Meneses)

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