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Actualidad Montesinos mandó a decir en las negociaciones preliminares que si tocaba su saco no acusaría al ex presidente.

La Clave Del Saco (VER)

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El ex presidente Fujimori respiró con alivio cuando vio a su ex asesor agarrarse el saco, que era el santo y seña de la no agresión.

Vladimiro Montesinos debe haber sido el único testigo que llegó a la audiencia de la Diroes con camisa de gemelos y pañuelo de seda que hacía juego con una corbata azul que, como lo dictan sus gustos, debió ser italiana. Vestía para la ocasión. El pasado lunes 30 su esperado reencuentro con Alberto Fujimori se materializó ante cerca de cien periodistas nacionales y extranjeros.

Cuando entraba se llevó las manos a la solapa del saco y allí las dejó mientras se acercaba al podio.

Al ver el gesto, Fujimori y su defensa, que esperaban desde una hora atrás la entrada de Montesinos, pudieron descansar. Según la información recabada, en los contactos previos con Montesinos (CARETAS 2033) esa fue convenida como la señal cifrada para dar a entender que no iba a declarar en su contra. Al parecer, Vladimiro mantuvo a su antiguo jefe en vilo hasta el final. Al fin y al cabo, el fujimorismo es el único sector que puede ofrecerle la posibilidad de una futura, y aun así remota, salida política a partir de una amnistía.

Antes de comenzar el interrogatorio del Fiscal Supremo José Antonio Peláez Bardales, el vocal César San Martín, presidente del tribunal, le preguntó sobre el vínculo que lo unió con Fujimori. Respondió: “fui subordinado del señor presidente de la República Alberto Fujimori”. Y añadió: “yo he venido a esclarecer que el señor Fujimori no tiene ninguna responsabilidad en los hechos materia de este proceso”.

La opinión sobre el efecto de la presentación de Montesinos en la Diroes está dividida aun entre los colaboradores del ex presidente. Algunos celebraron la agresiva actitud del Doc’ y consideraron que fue útil a la defensa del ex mandatario.

Otros consideran que el futuro político del fujimorismo solo es posible si hay distanciamiento explícito con Montesinos. Poco ayuda una pasada de mano como la del lunes.

Para muestra dos botones, y no precisamente del saco de marras. Santiago Fujimori fue expectorado del gobierno por presión de Montesinos luego de advertirle a su hermano de los peligros que representaba. Keiko Fujimori era de igual opinión. Incluso CARETAS informó que luego de la presentación del primer vladivideo en setiembre del 2000, le pidió a su padre la renuncia del Doc en un consejo de ministros.

Pese a la exculpación, la accidentada presentación de Montesinos no fue del todo favorable para el acusado. Al colocarse en una posición de subordinación e inferior jerarquía puso sobre los hombros de Fujimori toda la oscura carga de los años de gobierno.

Al cierre de la presente edición, la Sala Penal Especial declaró “ineficaz” el testimonio de Montesinos, por “abuso procesal”. En una paradójica coincidencia con el Ministerio Público, César Nakasaki solicitó convocar nuevamente a Montesinos para tener la oportunidad de compulsar las incriminaciones de éste contra sus patrocinado.

MONTESINOS APROVECHÓ LA ATENCIÓN mediática de esta audiencia para dar rienda suelta a su fantasía de mostrarse a sí mismo como un integrante de la “comunidad de inteligencia internacional”. Pero la realidad demuestra que es tal vez el agente más chambón de la historia y, más aún, un riesgo latente para la gente con la que trabajó y para la seguridad del propio país.

Durante las más de tres horas de interrogatorio cometió reiteradamente el delito calificado de infidencia. Reveló nombres de oficiales de inteligencia y las operaciones de espionaje que se les asignó en países como Chile, Argentina y Ecuador. Él mismo relató haber viajado al primero bajo la cubierta de ser estudiante de sociología en FLACSO pero con la misión de “hacer actividades de inteligencia”.

Luego relató que en 1974 realizó un viaje a Washington, según dijo por orden del entonces jefe del SIN Rudecindo Zavaleta Rivera y con conocimiento del entonces presidente Francisco Morales Bermúdez, “para hacer acciones de inteligencia sobre Cuba”. Para empezar, se equivocó en la fecha, pues el mencionado viaje se dio en 1976.

Llama la atención la facilidad con la que ventiló estas operaciones secretas cuando minutos antes se había negado reiteradamente a revelar información nimia. Por ejemplo el monto de sus honorarios, que dicho sea de paso no eran tan nimios considerando los US$ 49.5 millones que le encontraron en cuentas suizas.

Montesinos se describió como oficial de inteligencia que no diría “ni una palabra” sobre temas de inteligencia, pero sin embargo se fue de boca. Eso es grave y ameritaría un nuevo proceso para el ex asesor.

La “patraña” que según Montesinos CARETAS inventó en 1983 para perjudicarlo, pues la revista mantuvo que su viaje a Estados Unidos fue irregular y estableció contactos sospechosos con la CIA, fue confirmada por sus propias palabras.

En CARETAS 1574 el general (r) EP Francisco Morales Bermúdez dijo que se había demostrado fehacientemente que, para viajar, Montesinos “falsificó una Resolución Suprema con mi firma y la del Comandante General del Ejército”.

El coronel Fernández Salvatecci, nombrado ese año jefe del Departamento de Búsqueda de Información Secreta del SIE habla de este viaje y sus motivos en el libro “Yo Acuso”.

Aún así, a su regreso al país Montesinos fue detenido y estuvo un año preso en un proceso que no podía limitarse sólo a la desobediencia y falsificación de documentos.

Las sospechas sobre las verdaderas actividades del entonces capitán del Ejército iban más lejos. El libro de Fernández lo acusó de robar documentos estrictamente reservados al entonces Ministro de Guerra y Premier Edgardo Mercado Jarrín.

Todo derivó en una dada de baja deshonrosa en 1977 al ser descartado el delito de traición a la patria, inicialmente imputado. De haberse aprobado éste, Montesinos hubiera sido fusilado.

LAS SICOSOCIALES, PRÁCTICAS tan caras para el ex asesor, también estuvieron presentes durante la audiencia del lunes 30. En un momento del interrogatorio entregó a la Sala un DVD con un extracto de 18 minutos de las cerca de “3 mil horas” que dijo haber conversado con la dirigencia de Sendero Luminoso.

Aclaró que ese video demostraba que no necesitó de ningún plan ‘Tormenta en los Andes’, documento que fue entregado por el Fiscal Supremo Adjunto Avelino Guillén en la audiencia del viernes pasado.

Su contenido es casi absurdo: unos disminuidos Abimael Guzmán y Elena Iparraguirre viendo junto con Montesinos videos de Sinatra en concierto.

Si hay un mérito en el acercamiento que tuvo con Guzmán e Iparraguirre es la forma en que lo quebró sicológicamente luego de su captura. Se le atribuye ciertos gestos de cordialidad posteriores al lapso que el cabecilla de Sendero Luminoso estuvo en aislamiento. La técnica del ‘policía bueno, policía malo’ demostró que sabía algo de ellos y que la canción favorita de la pareja era My Way. Rafael Merino Bartet, ‘el Brujo’, cumplió un destacado papel en el proceso.

Pero el vídeo presentado por Montesinos torna su argumento en una humorada.

El ex asesor también utilizó el viejo recurso que ha sido elemento fundamental de su estilo: acusar a una serie de personas por diversas faltas pero sin ofrecer pruebas. Si bien la palabra de Montesinos está devaluada, demuestra que no ha perdido sus viejas mañas.

Acusó al fiscal Guillén de haber coordinado un dictamen con él y señaló a los ex generales Marciano Rengifo y Roberto Chiabra de realizar espionaje telefónico. Hablaba rápido, con nombres y fechas muchas veces equivocadas.

A Máximo San Román le asignó la función de ‘mozo’ del ex presidente Fujimori. Su inquina se explica porque él advirtió a Fujimori del documento donde el jefe del SIE en 1990, coronel EP Rafael Córdova, relataba el pasado oscuro de Montesinos. San Román le advirtió al inexperto presidente sobre el malestar de los congresistas por la inmediata cuota de poder disfrutada por el asesor. La respuesta del presidente fue decir que era su abogado, pero no funcionario público.

La influencia de Montesinos fue tal que encimó a Fujimori. Esa situación fue evidente en la famosa entrevista de los “siameses” realizada en abril de 1999. La impronta mafiosa se había tomado al gobierno.

La dependiente relación entre ambos nació antes de la segunda vuelta electoral, cuando el problema tributario de Fujimori por la compra y venta subvaluada de inmuebles llevó a Francisco Loayza a sugerirle al candidato la ayuda de Montesinos para solucionar dicho impasse. El abogado resolvió el asunto desapareciendo el expediente. Este tema era parte del interrogatorio truncado entre un testigo avasallador y un fiscal débil.

PESE A LOS INTENTOS DE MONTESINOS de presentarse como un súper agente de inteligencia, lo cierto es que su tendencia por la charlatanería precipitó el colapso del gobierno de Fujimori. ¿Quién si no se haría filmar a sí mismo cientos de veces para chantajear a otros?
Era como un Conde Drácula que sobrevivía bien al amparo de la oscuridad pero que al salir a la luz, se deshacía. El ‘encanto’ de Montesinos se rompió cuando decidió robarle reflectores a Fujimori. Eso se repitió en la audiencia del lunes.

Pese a lo torpe de su presentación en el juicio, tal parecía que al acusado ex presidente le divirtió la turbulencia y astucia demostrada por su ‘siamés’. Pero la sonrisa que lució puede convertirse en rictus en un futuro cuando se sopese en su real dimensión lo declarado por Montesinos. No hay que olvidar que cuando el fiscal Peláez le preguntó si por razones de Estado se puede cometer delitos, el ex asesor dijo un rotundo sí.

Montesinos y CARETAS

Relación comenzó hace 25 años.
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12 de setiembre de 1983, la primera investigación.

CARETAS ha sostenido una relación especial con Vladimiro Montesinos, asunto que él mismo ha recordado el lunes pasado. Comenzó en 1983, cuando la revista trató de recabar su versión sobre el juicio militar que lo dio de baja del Ejército en 1977. La información venía de las FF.AA. y del recién estrenado gobierno democrático. Se confrontaba una intriga mediática militarista en la que el nombre de Montesinos figuraba constantemente.

Al intentar la entrevista, el entonces abogado, aparentemente especializado en casos tributarios y de narcotráfico, persiguió tan agresivamente al fotógrafo Carlos Saavedra que éste tuvo que refugiarse en una comisaría. Las fotos del incidente, sin embargo, fueron las únicas disponibles de Montesinos en una década.

La actitud violenta del personaje estimuló la curiosidad de CARETAS, y en los años siguientes publicó notas, entre otras informaciones, sobre las disposiciones que tomaron contra él las FF.AA. de entonces para evitar riesgos a la seguridad nacional, dadas sus presuntas vinculaciones con servicios de inteligencia extranjeros.

En 1990, cuando Fujimori lo adoptó como su sorprendente asesor personal, CARETAS señaló que el nuevo régimen había reencarnado a Rasputín y advirtió al Presidente sobre sus discutidos antecedentes. Montesinos entonces enjuició a la revista, tratando de silenciarla. Ganó el proceso en los tribunales regimentados, pero no nuestro mutismo.

Al principio CARETAS había tenido un auténtico y desprejuiciado interés en saber quién era ese joven y contendido oficial con el que ciertos estudiosos norteamericanos, interesados en el proceso militar peruano, podían charlar.

Al final, Montesinos había llegado a armar un tinglado de poder y corrupción tan delirante en el fujimorato que hubiera sido imposible imaginarlo hace 25 años.

 


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