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Personajes Yolanda Pulecio, madre de la política colombiana secuestrada hace casi 7 años por las FARC, Ingrid Betancourt. Su lucha mediática e internacional por su liberación.

La Madre de Ingrid (VER)

8 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

Ingrid Betancourt

Prueba de vida. Ha recibido condecoración del Concejo de Bogotá en nombre de su hija de manos de Roberto Sáenz, hermano de jefe FARC "Alfonso Cano".

Yolanda Pulecio deja la sala un momento para traer algo de su dormitorio. Afuera de su departamento, las calles del barrio exclusivo de Bogotá, Los Rosales, están húmedas: parece que la lluvia va a caer de nuevo, en cualquier momento de esta mañana. Doña Yolanda vuelve trayendo la foto de su hija: el perfil demacrado de una cabizbaja Ingrid Betancourt, una de las últimas pruebas de vida que sus captores desde el 23 de febrero del 2002, las FARC, han soltado, ha sido vista por miles de ojos en todo el mundo.

Pero nunca, nunca de la forma en que la pueden ver los de su madre: De chiquita, en su colegio francés, le pusieron mal la vacuna y le dejaron una cicatriz en el brazo. Y hace poco la he descubierto en la foto. ¡Casi me muero! Aquí está, ¿la ve? Así, ampliada, la tengo frente a mi cama y todos los días le rezo.

Mamá Yolanda

Bautizada así en Colombia por su trabajo en albergues para niños abandonados, doña Yolanda fue reconocida antes por otro tipo de bondad: reina de belleza coronada en 1955, cuando tenía apenas diecisiete y representó a Cundinamarca en el Reinado Nacional de la Belleza colocho. Su porte distinguido y reposado en un lienzo colgado en la pared, al fondo, da fe del acierto del jurado. Tantos años después, aunque ya no es esa mujer que sonríe tranquila, doña Yolanda es siempre elegante y recibe con amabilidad las preguntas de sus efímeros huéspedes.

Su departamento es desde donde planea, ella sola, la estrategia para conseguir la libertad de su hija. Sus aliados, su hija mayor Astrid y sus nietos Melanie (22) y Lorenzo (17), hijos de Ingrid, viven en Francia. Su esposo, el ex Ministro de Educación y diplomático Gabriel Betancourt, del cual se separó a fines de los sesenta causando un gran revuelo social, murió un mes después del secuestro de Ingrid. Señalando un pequeño ambiente cercano, doña Yolanda recuerda: “Él estaba sentado allá cuando descubrimos que estaba secuestrada. A esa misma hora murió un mes después, el 23 de marzo, del corazón”.

En el aparador, fotos del esposo, de las hijas y los nietos: de Ingrid acariciando a su perro, Pomme, que ha muerto lejos de su mano hace un año. De Ingrid sonriendo en blanco y negro y a color. Doña Yolanda la mira. “En las noches pienso: Yo estoy echada en mi cama, ¿pero ella? Allá, quien sabe en qué condiciones, con animales, con lluvia. Donde me entere que hay un guerrillero que está yendo para allá llevando un paquete, yo le mando abrigos. No sé si los recibirá”.

Desde su forzada soledad, claro, es imposible que las imágenes no se sucedan una tras otra. Que los recuerdos no aparezcan, quizás hasta más nítidos que cuando ocurrieron: Ingrid tendría ocho años; estábamos en el bosque de Boloña y vio una palomita herida en el suelo. La cogió y todos los días la curó: la estoy viendo cuidarla. Y cuando ya estaba sana el ala, llamó a toda la familia y junto a la ventana nos dijo: “Vamos a hacer un homenaje a la libertad, porque la palomita lo único que quiere es ser libre”. Y soltó a la paloma que salió volando y ella aplaudía. ¿Cómo le ha tocado, Dios mío, vivir la falta de libertad durante seis años y cuatro meses?

La Guerra y la Paz

–En mayo del 2007 escapó Frank John, “Pinchao”, un secuestrado por las FARC que estuvo con Ingrid. Él vino a verla.
–Hemos conversado mucho. Me contó que algunos han querido faltarle el respeto y ella les ha dado patadas. Es que desde chiquita ha hecho gimnasia. Es una excelente nadadora, equitadora, de todo. ¡Ay de quien la vaya a tocar!, porque ella tumba a quien sea, y siendo tan delgadita. Lo que pasa es que la comida que les dan le hace daño. He conversado también con otros que estuvieron cerca de ella como Luis Eladio y con Martín Sombra, un guerrillero que manejó el grupo donde ella estaba. Todos me han hablado de su fortaleza y calidad humana. Dios me dio unas hijas muy especiales.

–¿Los otros secuestrados están en la agenda pública, como lo está Ingrid Betancourt?
–Un oficial del Ejército dijo que la culpa de que siguiera secuestrada era mía, que yo la había hecho famosa. No tuve necesidad de hacerlo, ella ya lo era por su libro (La Rabia en el Corazón, Grijalbo, 2001). Pero si fuera eso, ¿por qué siguen secuestrados esos policías que nadie conocía? Gracias a que ella se convirtió en un símbolo y que era ya conocida en Francia, el mundo se ha dado cuenta de lo que existe en Colombia. Eso es lo único positivo de esta desgracia. Es tan triste... Todo los días abro los ojos a las 4.30 am e inmediatamente llamo a la emisora a través de la cual Ingrid escucha mi mensaje...

–En la carta que ella pudo enviarle en febrero de este año dice que espera siempre ese momento, el de su mensaje.
–Por eso para mí es primordial. Es sentirla un poco cerca porque sé que me está oyendo. También los sábados a las doce en punto rezamos el rosario. Me lo pidió en un video, en una prueba de vida: tenía un rosario hecho con nuditos. Todos los sábados lo hago. Y después de llamarla, todos los días, rezo. Y comienzo a pensar: ¿Qué hago hoy por Ingrid? Es que yo creo que con Astrid, Melanie y Lorenzo, no nos ha faltado hacer nada. Hemos ido por el mundo entero, hemos rogado. Al presidente Uribe ya no, pero internacionalmente es impresionante el apoyo y la solidaridad: El Santo Padre me recibió; Sarkozy, quien ha sido especialmente dedicado, pero también el anterior Presidente de Francia, Chirac; Los Presidentes Christina Kirchner, Rafael Correa, Hugo Chávez...

–A usted se le critica, justamente, por su cercanía a Chávez y su abierta oposición a Uribe.
–Voy con quien me ofrezca ayuda, adonde sea. Eso la gente que me critica no lo entiende porque no tiene hijos secuestrados. He perdido muchos amigos, amigas del alma, que no me volvieron a tratar porque no soy uribista. Es que a nosotros nos ha tocado ser privilegiados, pero la cantidad de gente que vive marginada se va a la guerrilla porque cree que es la única oportunidad que tiene. Yo empecé a trabajar en albergues para niños cuando tenía dieciocho años y estaba en la universidad. Tengo cincuenta años oyendo estas historias. Estuve en el Instituto de Bienestar, el Código del Menor lo presenté yo. Y mis hijas me ayudaban: yo iba embarazada al albergue y ellas crecieron con estos niños. Muchos de ellos me llaman por teléfono ahora y me preguntan qué sé de su hermanita. ¿Cómo no voy a entender? ¡Ah, pero se ponen furiosos de que entienda!

–Ahora Uribe apuesta por su tercera reelección, instando la realización de un referéndum.
–El de la vez pasada fue muy inconstitucional. No sé qué pasa en este país: si la gente no piensa o si nos merecemos el presidente que tenemos.

–Tiene alrededor del 80% de aprobación. Además de su estrategia con respecto a las FARC y al rescate de los secuestrados, ¿qué más le critica a su gobierno?
–En primer lugar me parece que hay una injusticia social total: los pobres no han contado en este gobierno. Naturalmente tiene el apoyo de Bush, un hombre que metió a los EE.UU. en esa guerra tan espantosa. Y además hay una corrupción que se demuestra todos los días. Yo los paso pensando en mi hija y amargándome por lo que leo en los periódicos.

–En su carta, Ingrid le dice que cuando salga quiere vivir con usted.
\–Y que no se quiere separar nunca más de mí. ¡Y yo tampoco de ella! Dios quiera que sea pronto. (Escribe: Rebeca Vaisman-Fotos: Javier Zapata)

 


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