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Nacional Es en Pichari, pueblo del VRAE con millonario canon de Camisea y donde prolifera el narcotráfico y la extrema pobreza.

La Coca Tiene su Propia Plaza

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Plaza de cemento en medio de un terral.

La ostentosa plaza mayor del distrito de Pichari, una oda de fierro y cemento a la hoja de coca, se yergue en medio de un pueblo de carreteras destapadas y calles de fango. El monumento obliga a preguntarse cómo manejan sus finanzas los distritos que son las grandes despensas del narcotráfico en el Valle del Río Apurímac y Ene. El VRAE, según los números de Naciones Unidas, tiene sembradas unas 15,550 hectáreas de coca y produce unas cien toneladas anuales de cocaína.

Pichari ha recibido, entre mayo del 2005 y mayo del 2008, la suma de S/.57’743,830 por concepto de canon forestal, minero, hidroenergético y, sobre todo, gasífero. Además recibió S/. 1’610,004 por recursos ordinarios en programas como Foncomún, Vaso de Leche y Provías.

Otro distrito emblemático, Kimbiri, recibió S/. 74’486,620 en canon y S/. 1’645,540 por transferencias.

Ambos se ubican en la provincia de La Convención, en el Cusco. Tienen apenas alrededor de 20 mil habitantes cada uno.

Cuando la lupa magnifica el mapa en estos puntos se encuentra que, de acuerdo al Índice de Desarrollo Humano medido por el PNUD, La Convención marca niveles dramáticos incluso en el poco ventajoso contexto cusqueño. Los indicadores de dicha provincia se encienden en rojo. Tiene, por ejemplo, uno de los mayores índices de analfabetismo del país y en mujeres llega a casi el 25%.

Al contrastar los ingresos de los distritos con la extrema pobreza de sus lugareños, pierde piso el argumento de los líderes cocaleros: la hoja como única alternativa a la miseria. Ni la coca, ni el canon de Camisea, sacan a los pobladores de la postración.

En febrero del año pasado CARETAS dedicó un informe a los llamados “alcaldes de la coca”. Allí se alertaba que el líder cocalero Nelson Palomino había sentado sus reales políticos en el VRAE. Era una situación inédita: por primera vez el poder local de las cuencas productoras correspondía a activos defensores de los cultivos.

La lista era encabezada por Miky Joaquín Dipas Huamán, alcalde de Pichari que fue reelecto por Unión por el Perú. Su influencia era de tal magnitud que allí el movimiento de Palomino no presentó candidato y optó por apoyarlo. Dipas Huamán es el pionero de los alcaldes cocaleros y durante su primer período invirtió una significativa cantidad del erario en campañas en defensa de la coca.

El más ostentoso ejemplo es la plaza principal del distrito.

Según el especialista Rubén Vargas, aproximadamente “el 50% del territorio de Pichari está cubierto de coca”. No es casual que entre los 143 proyectos que el SNIP le ha aprobado al distrito se cuenten los de defensa ribereña. La conocida deforestación provocada por la coca empeora gravemente la situación. La contaminación del río Apurímac en esa zona, añade Vargas, “obedece a los insumos químicos que se utilizan tanto para sacar mayor productividad de los sembríos como para procesar la pasta básica en las pozas de maceración”.

De los proyectos que tienen luz verde, solamente doce tienen relación con la agroindustria. Mientras los cultivos alternativos no parecen prioritarios, sí lo es la construcción de un estadio municipal con dos tribunas y capacidad de más de 2 mil espectadores.

El énfasis en obras de fierro y cemento se repite en Kimbiri, cuyo alcalde es el nacionalista Guillermo Torres Palomino. El mercado municipal y el centro cívico en construcción resultan, para Vargas, “totalmente injustificados en un pueblo de cuatro calles”. En contraste, el contiguo asentamiento humano de Bajos Mundos no tiene agua ni saneamiento y ha sido “levantado por donde desfoga el desagüe. Es asquerosamente surreal”. Las casuchas anuncian con luces de neón rosa que allí se practica la prostitución infantil contratada por los narcotraficantes de la zona.

Como ocurre con el Alto Huallaga, y a diferencia de Pichari, los buenos precios del café y el cacao permiten pelearle a la coca la hegemonía total. De nuevo, de los 139 proyectos aprobados por el SNIP solo 8 son agroindustriales. Las carreteras y proyectos de infraestructura a medio hacer salpican todo el distrito.

Es la selva de la paradoja. A diferencia de lo que podía ocurrir antes, el Estado les transfiere hoy recursos importantes. Pero, como ocurre con otras localidades del VRAE, en Pichari y Kimbiri no hay puestos policiales. El dispendio es cuestionable y la coca corre sin peaje. (Enrique Chávez)

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Tocache, la Buena Noticia

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Según el informe de la Oficina contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas (ONUDD), en el 2007 las hectáreas de coca en el Perú fueron 53,700 y se incrementaron en 4,5% con relación al año anterior. El Perú sigue siendo el segundo mayor productor cocalero después de Colombia. La buena noticia está en Tocache, otrora paraíso de la coca. En el 2004 hubo una producción de 677 hectáreas; en el 2006, 537 y en el 2007, 183.

Por el contrario, son cuencas relativamente pequeñas las que registran preocupantes aumentos de cultivos. Así, en Palcazú – Pichis – Pachitea (Huánuco - Pasco), se registra un alza de 169,5% mientras que en Inambari – Tambopata (Puno –Madre de Dios) se elevó en 21%. Actualmente son 9 las cuencas cocaleras que tiene el Perú, registrándose este año el monitoreo de una nueva: Alto Chicaza.

“Estamos en una posición donde hay resultados concretos y además hay cierto optimismo y se puede lograr aun mayores márgenes de reducción el próximo año”, resume Flavio Mirella, representante de la ONUDD.

 


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