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05/Jun/2008
 
 
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Nacional Comitiva de ministros llegó hasta Huancavelica, el departamento más pobre del país, y comprobó in situ lo extremo de la situación.

Viaje al Centro de la Pobreza (VER)

6 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Lunes 2. Salud y saneamiento son los reclamos más constantes en Huancavelica. De cada mil niños, 134 mueren antes de cumplir el año.

Los áridos cerros que circundan Huancavelica parecen esculpidos a machetazos. Las mejillas de los bebés envueltos en las espaldas de sus madres están cuarteadas por el frío. La fila de camionetas retrasa el paso ante el entusiasmo de quienes reciben a la comitiva oficial. En una bodega un hombre bebe cerveza y obviamente no es la primera. Masculla en quechua y se cuelan un par de palabras en español: “gobierno” y “nada”.

Huancavelica acaba de recibir la triste distinción de ser la región más pobre del país. En medio de la celebración oficial por la reducción de 5.2% de la pobreza, el departamento altoandino persiste como la mancha más roja en el mapa: 85,7% de su medio millón de habitantes es pobre. Más aún, como lo reconoce Iván Hidalgo, cabeza de la estrategia Crecer y el programa Juntos, la de Huancavelica “es una pobreza dura, básicamente extrema porque las personas están por debajo de la línea de pobreza definida por el INEI”. Esa línea es de S/.189.8 por persona. El límite de ingresos de la pobreza extrema no ha sido calculado por departamentos, pero el ponderado nacional es de S/.121.2.

“En Huancavelica la desnutrición viene mucho más aliada con la pobreza”, añade Hidalgo.

Su afirmación resulta más elocuente a la luz de dos eventos realizados el mismo lunes 2. En Huamanga y Huancavelica fueron entregados cheques simbólicos para proyectos productivos a representantes de comunidades azotadas por el terrorismo. Los auditorios que recibieron al premier Jorge del Castillo, a la ministra Susana Pinilla y a la congresista Nidia Vílchez, entre otros funcionarios, fueron decididamente distintos. En Ayacucho se mostraron atentos y articulados. En Huancavelica varios de los designados para intervenir apenas podían hilar palabras. Las miradas eran mucho más distantes.

“Mientas más baja es la pobreza”, coincide del Castillo, “más difícil es salir de ella”.

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“Escúchame”, dice a su turno Federico Salas. “Mientras yo estoy conversando acá contigo se está muriendo un niño en cualquier comunidad de Huancavelica”. Ya cayó el sol y un manto helado cubre la ciudad enclavada a casi cuatro mil metros de altura. El presidente regional bebe un café instantáneo en una pausa del largo diálogo con las autoridades del Ejecutivo.

De cada mil niños, 134 mueren antes de cumplir el año. Salas explica que el 75% de la población vive en el campo con una dieta básica de papa y cebada, “en unas 680 comunidades, sin contar anexos, y en una zona totalmente agreste. Tengo clasificadas 62,500 familias de alto riesgo. ¿Qué quiere decir? Que no tienen una nutrición adecuada, una calidad de vida compatible con su condición humana, no tienen asistencia en emergencia. Si una madre va a dar a luz o un hombre se accidenta no hay cómo evacuarlos: se mueren”.

El dos veces alcalde de la ciudad y fugaz primer ministro reconoce el esfuerzo del gobierno central, que ha incrementado el presupuesto regional de S/.32 millones en el 2006 a S/.150 millones en el 2008. Reclama en cambio por lo que considera ausencia de articulación entre los programas y por la negativa del sector Economía y Finanzas a que su gobierno pueda organizar los programas sociales en Huancavelica. “El SNIP no me permite actuar”, lamenta. “Es una normatividad diseñada en Lima para parámetros que no corresponden a nuestro territorio”.

La ministra Pinilla responde justo antes que el estruendo del helicóptero termine con la breve conversación. Cree que los programas sociales del Ejecutivo sí realizan esfuerzos de coordinación y que más bien es el gobierno regional el ente descolgado del proceso. Además, en lugares como Huancavelica cala “el rollo ultra, por el que soy pobre debido a que otros son ricos. Es un círculo vicioso”.

Iván Hidalgo suena todavía más directo: “es la única región que no quiere trabajar con Crecer, como bien lo dijo su presidente. Él quiere tener sus propios programas y quiere los recursos para poder hacerlo. ¿Cómo vincular la estrategia nacional Crecer a la regional? En el decreto supremo 080 está claramente definido que el gerente de desarrollo social (del gobierno regional) preside el comité. En el resto de regiones los resultados hablan. Acá no. Acá hemos esperado para ver la manera como se puede estructurar. El presidente regional fue claro: aquí no hay intención de hacerlo”.

Salas también declara el fracaso de la cooperación internacional en Huancavelica. “Está la Unión Europea, USAID, pero nada queda. Si vas a utilizar mi pobreza para conseguir recursos, anda a lucrar a otro lado”.

De nuevo, Hidalgo no escatima su respuesta. “Salas critica pero parece que no tiene conocimientos. El modelo que propone en su programa propio es el de CARE y Caritas. No entiendo cómo puede criticar lo que está asumiendo. Me da la impresión de que no tiene cuadros apropiados o no está bien situado en el tema”.

Si bien el pedido de Salas para tratar “a Huancavelica en forma excluyente del resto del país” es considerado difícil de cumplir por del Castillo debido a sus implicaciones legales, el primer ministro sí se compromete a convencer al resto del gobierno de la necesidad “de un plan de acción muy agresivo”.

Para comenzar, Hidalgo anuncia que la estrategia Crecer –suerte de paraguas articulador de los programas, con énfasis en la lucha contra la desnutrición– comenzará sus operaciones en Huancavelica. “El hambre y la miseria no esperan. Vamos a trabajar desde ya y ojalá que cambie la actitud del presidente regional”. Objetivo crucial “antes de pensar en extensividad y crédito” es asistir con tecnologías de bajo costo para incrementar la productividad agropecuaria y de las miniparcelas.

No es el único territorio donde el gobierno deberá ejercer capacidad de convencimiento.

Convertido en un mujahidín estadístico, Farid Matuk se ha prendido de las cifras del INEI y no pasa día en el que no las cuestione desde Irak, su actual punto de residencia. Matuk ha calificado como “inverosímil” la reducción de la pobreza y, en particular, cuestiona el trabajo de Javier Herrera, especialista encargado de la medición. Dispara el ex jefe del INEI: “Yo creo que lo que él hace es un producto artístico, no reproducible y agradable a los ojos de los que lo aprecian. Pero no es un producto científico”.

Tanto Herrera como Renán Quispe, sucesor de Matuk frente a la institución, defienden la validez de las cifras. De hecho, los 9 puntos de pobreza reducidos supuestamente en lo que va de la administración de Alan García, unos 2.5 millones de peruanos, pueden sonar a demasiado. Como lo recuerda Matuk, a su predecesor Alejandro Toledo se le mezquinaron los 6 puntos de reducción acumulados durante todo su período.

La situación no es estrafalaria. Un ejemplo reciente de proceso acelerado es el de Europa Oriental: entre 1998 y 2003 unos 40 millones de personas salieron de la pobreza. Y aquí ello equivale a tener para comer. Una pareja con un hijo que tiene ingresos totales mensuales de poco más de S/.700 ya no es considerada pobre. Aunque siga misia. Es la población que entidades como el Banco Mundial consideran en la categoría de vulnerable.

De algún modo, fracasos como los de Huancavelica hablan a favor del total de las cifras. Al visitar ciudades como Huamanga las mejorías son, a pesar de todo, palpables. En Ayacucho la pobreza se redujo en 10,1% puntos. El propio García ha reconocido que los programas sociales que se iniciaron antes, como Juntos, que suministra a sus beneficiarios S/.100 al mes, tuvieron un efecto acumulado en el tiempo. A ello hay que añadir el de reparaciones colectivas, originado en las recomendaciones de la Comisión de la Verdad y dirigido por Jesús Aliaga, que ha funcionado durante más de un año con un perfil muy discreto. CARETAS 1969 registró su aparición en marzo de 2007. Los proyectos productivos de S/.100 mil, financiados de comunidad en comunidad, también tienen efecto de cuentagotas. Los tres departamentos más pobres son de los más representados: Ayacucho con 134 comunidades, Apurímac con 47 y Huancavelica con 65.

“Tenemos que redoblar esfuerzos y dar instrucciones muy precisas”, explica Hidalgo. Asegura que el objetivo del año será saltar del nivel regional al distrital y, luego, afinar el trabajo en las comunidades. El miércoles 4 se reunieron las cabezas de los 15 principales programas sociales en Palacio de Gobierno. Ahora probarán cuánto son capaces de acercar la lupa. (Enrique Chávez)

 


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