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Entrevistas Juez de la CIDH, nació en Brooklyn por accidente, ha sido ministro, actuado en la ONU y toca batería rock.

La Visión Optimista

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García Sayan

“El ciclo expansivo podría prolongarse gracias a la China y la India, países que tienen todo por construir, no por ‘reconstruir’”.

Diego García Sayán es abogado, egresado de la Universidad Católica y llevado por su vocación internacionalista fue adquiriendo encomiendas de trabajo en la ONU hasta que Boutros Ghali, Secretario General de las Naciones Unidas, lo designó su representante para monitorear los acuerdos de paz en Centroamérica a principio de los años 90’s. Allí estuvo metido a fondo en El Salvador y Guatemala. Desde el mismo 5 de abril de 1992 fue opositor de Fujimori y más tarde, a la caída de éste, fue ministro de Justicia en el gobierno de transición de Valentín Paniagua. Luego ministro de Relaciones Exteriores con Toledo. Ha sido músico (baterista) en un conjunto roquero de los 60’s y sin ser “político” profesional ha tenido una intensa actividad política fuera y dentro del Perú. Actualmente es juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Ahora, almorzando frente a frente en el restaurante Costa Verde, y con todo el tiempo del mundo por delante, lo percibo como un diplomático pulido, mesurado y afable que me muestra, a través de la conversación, el hibridismo de su visión política macroscópica. Como un halcón, desparrama la vista en las fluctuaciones de la problemática latinoamericana y, acercándose hacia mí, las pone sobre el tapete. Entramos en materia.

–Veo que usted en su informe “Estado de la Democracia en América Latina” emplea la palabra “inequidad” con harta frecuencia. Eso implica una preocupación social latente: ¿es usted hombre de izquierda?
–Lo que llama “preocupación social” brota de la misma realidad. A estas alturas del partido eso no es sinónimo de “izquierda”. Lo que sí es exacto es que durante años he sido integrante de la izquierda peruana pero siempre con un enfoque creativo y nacional. Estuve cerca de Alfonso Barrantes y de la Izquierda Unida.

–¿Cómo ve la situación de América Latina en la actualidad?
–Con democracia, está infinitamente mejor que cuando cada país estaba manejado por gobiernos autoritarios. Los mayores avances en la lucha contra la pobreza se han dado en democracia y en los últimos años.

–¿A pesar de las evidentes tentaciones totalitarias que acechan a Latinoamérica es usted optimista?
–Lo soy. Y creo que hay razones para ello. La gente es mucho más conciente de sus derechos y eso es muy sano. Por su lado, la economía latinoamericana ha crecido de manera constante en los últimos cinco años como no lo hacía desde la década del ’60. Desde el año 2002 la pobreza en la región se ha reducido del 44 % al 35 % de la población. Se podría haber ido más allá pero esto no es desdeñable. El caso de Brasil, el país más importante de la región por su complejidad y dimensiones, es definitorio. Brasil es la única potencia emergente de América Latina. Y en los dos últimos años veintitrés millones de brasileños han pasado de los estratos D y E al C, es decir, a la “clase media”. Dieciséis años en democracia, con los gobiernos de Cardoso y de Lula, han hecho que las tensiones de un país tan dividido y enorme se hayan manejado a través de cauces institucionales. Brasil está en ruta; su liderazgo se hará sentir.

–¿Y qué me dice de Chile?
–Ha tenido también avances importantes dentro de un cuadro notable de continuidad institucional. Las “políticas de Estado” han prevalecido. Desde el restablecimiento de la democracia la pobreza pasó del 38% al 13%.

–Vamos al caso extremo. ¿Cómo ve la situación actual de Cuba?
–En la calidad de su capital humano está su capacidad interna de recambio, más que en un exilio que tiene mucho de anacrónico. Exigencias económicas internas irán promoviendo pasos hacia la liberalización. La gente así lo exige. Si Estados Unidos modificase su inútil política frente a Cuba, las cosas evolucionarían más rápido. Obama ya ha anunciado que cambiará cosas importantes.

–¿Existe alguna dictadura buena?
–No hay dictadura buena. Pero sería absurdo negar que dentro de regímenes dictatoriales se puedan hacer algunas cosas buenas. Más allá de cosas puntuales, de golondrinas que no hacen verano, las dictaduras corroen la moral nacional y la autoestima de los pueblos.

–¿Cómo hacer que la bonanza actual del Perú sea auténtica y que haya desarrollo sostenido?
–Cuidado con las bonanzas. La historia habla. La bonanza del salitre, del guano, de la harina de pescado nos enseña que en cada bonanza las élites pensaban que tenían la panacea y que durarían largo tiempo y sabemos que no duraron. Los ciclos económicos se cierran y terminan y si no se guarda “pan para mayo” al final acabamos en el punto de partida.

–Bien. Pero ¿cómo ve al Perú hoy?
–Soy optimista. El ciclo expansivo podría prolongarse gracias a la China y la India, inmensos países que tienen todo por construir, no por “reconstruir”. Mi preocupación es que uno ve que la estrategia general no es clara. En materia educativa, por ejemplo, no se conocen las metas. Si queremos bonanza sostenible y progresiva hay que darle a la gente capacidad competitiva, educación técnica, inglés. Eso ha permitido a Taiwan, Corea del Sur, Singapur, alcanzar el éxito. Si la educación pública no consigue esto, estamos mal y se acentuará la brecha de la pobreza.

–Los del Sutep son unos diplodocus terciarios, una rémora permanente.
–Necesitamos un Perú moderno y competitivo y todo eso empieza por la educación. Los maestros son la pieza fundamental. Si no preparamos bien al individuo (profesores y alumnos) para competir en la globalización, estamos jodidos. No se puede capacitar a más de 100,000 profesores de un porrazo. Yo me concentraría en “escalones”: para los próximos cinco años, por ejemplo, en la educación primaria. Y de allí podremos ir avanzando.

–En pocas palabras: ¿cuál sería su fórmula para arreglar el Perú en cinco años?
–Primero: plan de educación con metas y objetivos escalonados que se puedan medir. Segundo: mejoramiento de infraestructura. Tercero: programas de desarrollo productivo en las zonas rurales andinas. Cuarto: planes de salud masivos que es una de las formas concretas de redistribuir el ingreso. El derecho a la salud es un derecho fundamental que no puede quedar librado a la “mano invisible” del mercado.

–Por el mero hecho de ser inglés, por dar un ejemplo, el británico tiene derecho a medicinas gratis (con receta médica) y si acredita no tener dinero, con su simple documento de identidad lo pueden operar absolutamente de todo por cara que sea la operación.
–Aquí la gente en un hospital del Ministerio de Salud tiene que pagar por las medicinas y la atención por enfermedades comunes y de todos los días. Garantizar el derecho a la salud genera gente más sana y hace más eficiente a la sociedad. Y promueve la inversión. La producción automotriz norteamericana se ha trasladado de Detroit a Toronto (Canadá) porque en Canadá el sistema de salud es más eficiente y no le cuesta a la empresa US$ 6,800 al año por trabajador, como en Detroit, sino US$ 800.

–¿Televisión, cine, teatro?
–Casi no veo televisión, sólo películas. Me encanta el cine.

–¿Dos películas preferidas?
–La mejor película de Al Pacino, “Perfume de mujer” dirigida por Martin Brest y “1900” de Bernardo Bertolucci, obra de arte monumental.

–¿Su música favorita?
–Es variada. Desde Mozart hasta el piano de Thelonious Monk pasando por el “Revolver” de los Beatles. Me gusta mucho el jazz y el rock.

–¿Libros preferidos?
Todos los de Paul Auster, gran autor contemporáneo de Brooklyn.

–¿Fútbol, toros?
–Toros. Llevo 30 años abonado en el tendido 15 de Sol. El mejor torero que vi: Antonio Ordóñez. Hoy Ponce y Castella. Respeto a los antitaurinos y hay que ser tolerante de los dos lados. Nadie puede ser tachado de “asesino” porque le guste las corridas de toros ni de “imbécil” porque esté en contra. En la Plaza de Acho no se realiza ni el 2 % de las corridas que se dan en el Perú. Hay que ir a la sierra para convencerse que el 98 % de las corridas están allí. A estas alturas es parte de nuestra identidad nacional.

–Quitando el Perú, ¿en qué otro país viviría?
–Me gusta mucho vivir en el Perú pero como segunda opción tal vez los Estados Unidos. Nací en Brooklyn, Nueva York, por accidente. Mi padre estaba deportado por la dictadura de Odría. Nueva York es un crisol de culturas. Pero aunque saliese elegido Obama mi opción ha sido, es y será el Perú. Y aquí me gustaría morir. (Por: José Carlos Valero de Palma)

 


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