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Opinión Por ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

Cuarenta Años de Poesía

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Dios no los cría, igual se juntan: Joaquín Sabina, Jesús García Sánchez, Alfredo Bryce y Luis García Montero.

Con presentadores de lujo y personalidades tan diferentes como Joaquín Sabina, para la alegría en el saber, don Francisco Ayala, quien a sus venerables y perfectamente bien llevados 102 años de edad sigue la actualidad como el que más, con Pablo Jauralde, Catedrático de Literatura de la Universidad Autónoma de Madrid, cuya presentación fue todo un lujo, y, cómo no, con el flamante libro de poemas Vista cansada, del estupendo poeta que es Luis García Montero, Jesús García Sánchez no cabía en sí de felicidad hace unos pocos días en Madrid. El hombre a quien España entera –y buena parte de América latina– llama Chus Visor, confundiéndolo hasta hacerlo uno con su ya mítica librería del barrio de Argüelles y con su colección de poesía, también llamada Visor, cumplía cuarenta años publicando única y exclusivamente poesía. Y habiendo arrancado de la nada en los años franquistas del miedo, con las consiguientes censuras, capturas de imprentas y retiros de libros ya en venta.

La colección Visor de poesía comenzó su andadura en los últimos meses de 1968 y primeros del ’69. Era aquella una época en que Lima era una fiesta, al lado de Madrid, una ciudad pobre y triste, llena de temerosos silencios, y en que las escasas librerías carecían, entre muchísimas cosas más, de una sección de poesía, y, como consecuencia, su mercado era prácticamente inexistente. Pues en aquellos años oscuros y lóbregos fue cuando Chus Visor publicó sus primeros títulos –aunque hasta el día de hoy él se considere a sí mismo más un lector que un editor de poesía, “más consumidor que fabricante, más público que publicador”. Por aquel entonces, también, los obstáculos eran todos, cuando de cumplir con las más elementales necesidades del lector de poesía se trataba, y esto teniendo en cuenta que lo que se buscaba era antes que nada poesía española, como si estuviera prohibido soñar siquiera con leer poesía extranjera.

Sin embargo, Chus Visor ya se las arreglaba por aquellos años para mantener una estrecha relación con la poseía más vanguardista, por más que ni siquiera existiesen por aquellos años ediciones de los poetas que a él más le interesaban: Rimbaud, Tzara, Cummings, Breton, Maiakowsky, Joyce, Huidobro, Mallarmé, Apollinaire, y un largo etcétera, sencillamente no existían por entonces en España.

A finales de 1969, y con un sorpresivo y sugerente diseño de Alberto Corazón, que también entonces comenzaba su andadura como diseñador de carátulas, todo en negro –como la época misma– se editó el primer libro de la Colección Visor de Poesía, que hoy va ya por los setecientos títulos, siempre en negro, con la primera excepción del flamante poemario de Luis García Montero, de un tamaño mayor que el acostumbrado y de una sobria y muy elegante combinación de grises y negros. Nadie hubiese apostado entonces que Visor Poesía cumpliría los cuarenta años con una primera celebración en la mítica Residencia de Estudiantes de Madrid y luego otra en el Café Hispano, lugar por excelencia para las puestas de largo de muy alta calidad literaria. Actualmente, además, un treinta por ciento de los poetas que se publican son latinoamericanos. Y entre los peruanos de lujo tenemos a Carlos Germán Belli, Blanca Varela, Emilio Adolfo Westphalen y Abelardo Sánchez León, entre otros.

Por lo demás, desde que la empecé a frecuentar en los años ochenta, Visor es una de las pocas librerías en que los libros de todo tipo –no sólo los de poesía y “marca de la casa”– tienen muy larga duración y, a la vez, no cesan de renovarse. Y no bien aparece uno por ahí se topa con Chus, siempre dispuesto a ayudar, a explicarle a cualquier comprador anónimo los valores de cualquier libro, aunque sea de texto, siendo éste, sin embargo, un dominio que le corresponde a Conchita, su esposa, formidable librera y autorizada regenta de la librería que la pareja mantiene en los más importantes campus universitarios de Madrid.

Para “los Visor”, Conchita y Chus, lo más importante es que los libros tengan una larga vida en las librerías, a diferencia de lo que sucede generalmente, en que el 50% de los títulos editados comienza ya siendo nonato y una buena parte nace además con una salud absolutamente precaria. Los motivos son muy pocos pero muy significativos y hay que comenzar hablando del público real, que es el público que se manifiesta diariamente en las librerías, no del público teórico, que es el que el editor imagina y hasta sueña. Teóricamente el librero es un agente de acción cultural de primera magnitud y la librería, elemento esencial e imprescindible para que los libros puedan conocerse, y aquí comienzan, desde el principio, desde su génesis, los infortunios y adversidades de todos los libros, empezando, claro está, por los de poesía.

Las verdaderas librerías son cada vez más escasas, e incluso las otras, “las de bestsellers”, se esparcen también cada día más. Por lo demás, son cada vez más abundantes las librerías en que la sección poesía brilla por su ausencia. El motivo de esta carencia habría que buscarlo en muy distintas direcciones, pero el principal es sin duda alguna responsabilidad de los medios de comunicación, especialmente los masivos. En la televisión, pública o privada, los programas culturales son mínimos y casi nunca se ocupan de poesía. Lo mismo ocurre con los suplementos literarios de los diarios nacionales, que, cuando se ocupan de algún poemario, más parece que lo hacen por obligación o compromiso. Y por último, en lo que se refiere a su distribución, la poesía, junto al teatro, es simple y sencillamente el último de los géneros. Pues así y todo, Chus Visor, “Primer Editor de Poesía del Reino de España”, como también se le ha llamado y reconocido, logra hacer de muchos de sus libros muy numerosa cantidad de ediciones, y si no pregúntense por los libros de poesía de Joaquín Sabina, de Mario Benedetti, del recientemente fallecido Ángel González, de Juan Gelman, y de tantos y tantos más. (Alfredo Bryce Echenique)

 


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