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El showman que se toma en serio arranca risas desde el 1 de mayo en Miraflores.

Carlos Galdos: Salto y Seña

6 imágenes disponibles FOTOS 

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“TIENES que ser apasionado en todo, a media caña no se vive”. Carlos gesticula. Creo que su peinado lo define muy bien: rubio estridente (amarillo ácido), mechas disparadas como ideas nerviosas… no sé, Galdós es un antihéroe de manga, uno de esos personajes posmodernos, que los hay pocos en esta ciudad, que sacude con sólo abrir la boca, que no ríe porque no hace falta.

–A ver, a ver, tienes pinta de malandro pero te me haces medio nerd…
–Yo soy un nerd vengativo, me vengo en mis shows, soy un nerd reprimido a punto de explotar…

–¿¡Reprimido, tú!?
–Bueno, sí, reprimido no soy pero, como todos los hombres, tengo muchas ganas de iniciar exploraciones paralelas: potencialmente infiel. Lo que pasa es que la consideración que le tengo a mi esposa frena tal circunstancia, que además me desequilibraría a mí y a mi entorno, y no pienso perder ni a mi esposa ni a mi hija por un desequilibrio o impulso sexual; ni hablar, soy impulsivo pero racional.

–Pareces un tremendo desequilibrado pero eres equilibrado… ¿Te medicas?
–Claro, y también voy al psicólogo, si quieres te hago un dibujito.

–Regresemos a lo de reprimido. ¿Realmente piensas que sólo los hombres tienen tendencias poligámicas?
–¡Nooo!, las mujeres de hecho también las tienen. Y es que piensan que los hombres son muy malos en el sexo: en la primera salida, te agarra de la mano; en la segunda, te besa; y en la tercera lo que sucede es algo muy violento. Ellas siempre piensan: “Oye, yo quiero que me agarres, pero ten más estilo”.

–Pero esa falta de seducción de parte de los hombres también es culpa de las mujeres, que les permitimos ser comodones…
–¿Sabes qué pasa? Un hombre que tiene buen sexo es un tipazo pero una mujer que tiene buen sexo es un riesgo social. El hombre, en su esquema de enano mental, no tolera que su mujer tenga buen sexo, eso le causa un trauma… ¿te das cuenta lo estúpidos que somos los hombres?

–Y es en tu programa de radio, tus unipersonales, es allí donde sale a relucir la cosa cáustica que tienes, el humor negro…
–Son temas cotidianos los que me nutren, hago puro ejercicio de catarsis, y en muchos casos de exorcismo.

–Tu performance tiene que ver con lo que te molesta…
–Claro, es un tema de identificación. Yo no sé contar chistes. Cuento lo que yo pienso y siento; lo que realmente me ocurrió a mí y le ocurre a mucha gente. Por eso la gente sale riéndose mucho, sale curada luego de escuchar mi sentencia…

–Curada luego de escuchar tu verdad…
–Tengo eso de agresivo, de enérgico, de sentenciar, de decir lo mío… y claro, sigue siendo un show, entonces me preocupo por las luces, por el tap o el flamenco que he aprendido a bailar, por tener una banda, toco mi saxo… acuérdate que tengo que sostener un tema durante una hora y media solo…

–¿Cómo empezaste siendo el showman que eres?
–Tengo treinta y tres años; en 1995 tenía veintiuno y comencé a trabajar en un programa que se llamaba Oki Doki. Empecé joven, en trabajos erráticos o acertados. Yo estudiaba Ciencias de la Comunicación en la San Martín, estudiaba becado porque no podía pagar mis estudios. Me rompí el lomo en la universidad, hice siete ciclos en cinco años. Hacia el 2001 me llaman de la radio Studio 92, pero ya había trabajado en Radio delPacífico, una radio evangélica a la que llamaban los suicidas de Lima. El programa tenía por título ‘Llamadas de Medianoche’ (era de doce de la noche a cinco de la mañana), y yo tenía que contestarle a esa gente, y le preguntaba al pastor qué hago, qué respondo, y él me decía: “léele la Biblia, léele la Biblia”, y yo abría la Biblia y les leía lo primero que encontraba. Y fue en esa época en que me enganché en el programa Polizontes (PlusTV).

–Tienes cara de juerga pero se me hace que no eres un tipo muy noctámbulo.
–No, porque me tengo que levantar a las seis de la mañana y me cuido la garganta, en general cuido todos los detalles de mi trabajo…

–Me has contado que eres bipolar, ¿quiere decir que te deprimes y te pones eufórico?
–Quiere decir que manejo los dos estados de ánimo, que cambio bruscamente de ánimo.

–¿Tomas pastillas?
–¡Si no tomara ya te hubiera matado! (ríe)

–Yo creo que eres desbordado y divertido. Hasta tu peinado expresa muy bien quién eres: un tipo vibrante, estridente, posmoderno. A propósito, ¿quién creó tu peinado?
–Me tiño el pelo desde hace diez años, no es que alguien me lo haya diseñado. Nunca me peiné, siempre he tenido la cabeza de colores, blanca, rosada, punk, y por efectos del trabajo me gustaba salir con los pelos parados (porque sudas y se chorrea), entonces le pedí a quien me ayudó, oye, páramelos bien.

–Te ríes bien poco, más bien haces reír…
–Me río mucho de mí. Disfruto mucho mi trabajo en la radio, en ‘Caídos del Catre’. Allí llego, hablo, escucho música en la cabina y soy el hombre más feliz del mundo durante hora y media. A veces llego tarde y tengo que empezar el programa por teléfono, desde el carro o desde mi casa…

–Por eso engancha, porque es divertido, auténtico… ¿y qué desayunas?, porque te imagino espídico…
–Rexotil (antidiarreico), una tableta y media todas las mañanas.

–Pucha, que eres intenso… Y tu nuevo show se llama “Yo amo a mi suegra”? La amas? ¿A quién amas?
–Amo a pocos. No amo a toda mi familia, ellos tampoco no son muy amorosos conmigo.

–Te deben ver como un bicho raro…
–No lo sé, yo trato de no verlos.

–¿Sientes odios?
–Tengo mis odios, que no son muchos, a los que riego puntualmente todas las mañanas. Paralelamente tengo afectos, amores. A mí me parece estúpida esa gente que quiere a todo el mundo. Pues yo tengo el placer de no querer a todos porque tener un montón de amigos me parece francamente aburrido. No tengo tiempo para tantos amigos, eso de amar a todo el mundo es igual a no tener una posición frente a nada.

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