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Narcotráfico El Jorge Chávez es una coladera. Se estima que 40 toneladas de cocaína parten desde allí cada año.

‘Líneas’ Aéreas

2 imágenes disponibles FOTOS 

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‘Ladrillos’ de cocaína fueron introducidos por los trabajadores de LAP y Swissport en un avión que estaba a punto de partir a España.

El aeropuerto internacional Jorge Chávez se ha convertido en una coladera por la que atraviesan sin escalas ni turbulencias toneladas de cocaína pura. La reciente detención de un grupo de trabajadores de Lima Airport Partners (LAP), operadora del terminal aéreo, y de la empresa Swissport, que brinda servicios de mantenimiento de carga aérea, así lo corroboran.

El pasado sábado 15, un vigilante de la línea española Air Comet detectó una conducta sospechosa por parte de trabajadores de Swissport que subían bolsas con frazadas a un avión que tenía como destino España. Le pareció extraño que los empleados pusieran tanto esfuerzo en levantar bolsas que no parecían pesar mucho. Procedió a revisar el cargamento y halló –camuflados entre las frazadas– 32 paquetes con un kilo de cocaína cada uno.

Roberto Bazán Mazuelos (37) y Luis Romero Collantes (29), los empleados de Swissport, no tardarían en delatar a sus cómplices. Ese mismo día cayeron Hilario Clemente Ostos (54), nada menos que el supervisor de operaciones de LAP, Manuel Piscoya Llotop, encargado del mantenimiento de la rampa y pistas de aterrizaje, y Víctor Elías Jaico (54), operador de limpieza de ‘Service Eulen’.

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Oficiales de la PNP sospechan que esta mafia de ‘alto vuelo’ es mucho más amplia de lo que se cree.

Piscoya, según la Policía, recogió la droga de un contacto (Miguel Aguilar Villanueva, ‘Chuncho’, quien laboró durante siete años en el aeropuerto) en la avenida Fauccett. La colocó en un carrito de basura e ingresó al aeropuerto por una puerta lateral a la que tienen acceso los trabajadores de LAP. Condujo la cocaína hasta uno de los hangares que ocupó Aerocontinente y allí entró en escena Elías Jaico, el trabajador de limpieza de ‘Service Eulen’. Jaico ocultó la droga en una aspiradora y la llevó hasta la zona de embarque. El cargamento fue recibido por Bazán y Romero, de Swissport, encargados de subir las maletas de los pasajeros al avión. Ambos escondieron los 32 paquetes con cocaína en las bolsas con frazadas y abordaron la aeronave de Air Comet. Entonces los atraparon. Todo este peculiar proceso, según los detenidos, era monitoreado por el supervisor de operaciones de LAP.

La Policía sospecha que esta mafia de alto vuelo, que se ha dicho operaba para el cártel mexicano de Sinaloa, es mucho más amplia de lo que se cree. Apenas unos días antes, el domingo 24 de febrero, tal como lo dio a conocer CARETAS 2016, se decomisó dos kilos de cocaína en uno de los carritos de la empresa Gate Gourmet, que reparte la comida para los pasajeros de los aviones. La droga estaba a punto de ser embarcada en una aeronave de la línea KLM que tenía como destino Ámsterdam.

Un aeropuerto, así como un puerto, es una zona sensible de la seguridad nacional, y por esa razón, se esperaba que tras el decomiso de Gate Gourmet se produjeran numerosas detenciones, pero no ocurrió así. Fuentes policiales alegaron que LAP les puso “restricciones” para investigar a su personal y realizar acciones de control en las zonas de embarque, pero el ex procurador y abogado de LAP, Luis Vargas Valdivia, tiene otro argumento. “El reglamento de la Ley de Aeronáutica Civil establece que toda persona que ingresa a una zona reservada del aeropuerto debe estar plenamente identificada. Lo que tiene que hacer la Dirandro es enviar una solicitud para que se les expida de inmediato estos fotochecks de ingreso”, afirmó. Es decir, los policías no tienen autorización para supervisar los hangares del aeropuerto. Sorprendente si se tiene en cuenta que sólo el año pasado se decomisaron cuatro toneladas de cocaína en el primer terminal aéreo. Se estima que salieron 40 y ahora se sabe por qué.

LAP, consorcio formado por el grupo alemán Fraport AG Frankfurt Airport Services; por la empresa norteamericana Bechtel Enterprises Services, Ltd. y por la compañía peruana Cosapi S.A., opera el aeropuerto desde el 14 de febrero de 2001. El Estado Peruano le ha otorgado una concesión por 30 años. Sin embargo, aún no se han habilitado mecanismos adecuados (scanner) para detectar el ingreso de droga a la rampa y pistas de aterrizaje. El aeropuerto, por otro lado, posee cámaras de seguridad internas, pero estas son manejadas por LAP y no por la Policía.

“Es evidente es que se requieren mayores y mejores medidas de prevención”, reconoce Vargas Valdivia. “En todo caso, LAP está dispuesto a prestar las facilidades del caso para que esto así suceda”.

 


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