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Cultural Nuevo libro de AGP analiza sus acciones, presentes y pasadas, a la luz de la ideología de Haya de la Torre.

La Arqueología del Discurso

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García en 1972 en su primera intervención en el Aula Magna durante homenaje a Luis Alberto Sánchez. Nótese la mirada de Haya de la Torre al extremo de la mesa.

El nuevo libro del presidente Alan García es interesante por varias razones. Primero, porque no es frecuente que quien ocupa Palacio de Gobierno encuentre tiempo para una actividad tal. Segundo, porque García aborda el casi extinto debate ideológico y lo hace desde una perspectiva que evita la caricatura del panfleto. Tercero, porque le habla a su partido pero exorciza demonios que, más que en los alrededores de Alfonso Ugarte, parecían revolotear en su propia cabeza. Todo indica que el autor salda cuentas propias.

El título dice poco: “La revolución constructiva del aprismo”. El subtítulo arrobado, menos: “Teorí@ y pr@ctic@ de l@ Modernid@d”. El trabajo de 132 páginas no corresponde a tan grande promesa pero sí es una selectiva lectura de la obra de Víctor Raúl Haya de la Torre por parte de uno de sus más aplicados alumnos. Su objetivo es sencillo: demostrar que la doctrina en la cual se basa hoy corresponde a los lineamientos del patriarca. En resumen, Haya era eminentemente un dialéctico que, luego de su producción teórica de los primeros años, enunció, sobre todo entre 1945 y 1975, las justificaciones para tratar con el capital y la inversión privados.

“La historia demuestra que el partido ha sido siempre señalado como derechista por el extremismo comunista”, recuerda García en la sección de palabras iniciales.

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Es, en efecto, una pugna casi tan vieja como el APRA. Haya de la Torre se escinde muy temprano del marxismo representado por Mariátegui y desde entonces su partido ocupó el espectro electoral que en otras circunstancias le hubiera correspondido a la izquierda. García reeditó su posición en el tablero por última vez cuando en las elecciones del 2006 se presentó como la alternativa responsable entre Lourdes Flores y Humala.

El libro es un nuevo ejercicio de reivindicación del APRA como partido de izquierda aunque el desafío parezca más formidable en medio de Hugo Chávez, la ley de la selva y los ladridos de perros del hortelano.

AGP LE ACHACA A LA INTERPRETACIÓN EQUIVOCADA de la ideología de Haya buena parte de los graves errores en su primer gobierno. Señala que se dejó avasallar por un enfoque velasquista que, a su vez, los apristas identificaban con el Víctor Raúl de los primeros tiempos. “Fue un grave error porque encerró a la administración aprista en un modelo que no era el suyo y que, en el momento de la crisis de la Deuda Externa y sin inversión privada en las grandes áreas extractivas, demostró su agotamiento, y estalló”.

La autocrítica también es dardo cuando opositores políticos como Ollanta Humala reivindican la figura de Velasco. Ollanta va y él, escaldado por la experiencia, ya está de vuelta.

El inglés John Crabtree, ex corresponsal en Lima de The Guardian y The Economist, coincide y señala que “el primer discurso de Alan García al Congreso, el 26 de julio de 1985, fue una respuesta al ambiente popular que se vivía en el momento. Debido a que de alguna manera fue una declaración aun más radical que el mismo plan de gobierno aprista o inclusive el de la Izquierda Unida” (“Alan García en el Poder”, Peisa, 2005).

García reconoce que su primer gobierno “aplicó una política de reactivación de la misma estructura en crisis, que en los dos primeros años dio resultado y que hubiera debido redefinirse tras cumplir sus primeros propósitos, para frenar la tendencia inflacionista que era continental”. Esa redefinición, añade, debió pasar por la convocatoria al capital y la privatización de algunas áreas, “pero no a favor del monopolio como lo hizo después el fujimorismo, sino para facilitar la inversión y el empleo en condiciones reguladas y de verdadero libre mercado, como Haya reclamaba”.

El episodio de la estatización de la banca es calificado como “una propuesta en la misma línea del modelo militar anterior”, cuando más lógico era “girar a la inversión externa o proceder a una reforma tributaria para gravar las ganancias y ampliar la base tributaria”. García lamenta que la frustrada medida “condujo a un ambiente de confrontación que alejó cualquier intento de inversión y que fue aprovechado por el terrorismo y abrió paso a un gran conflicto periodístico y político que fragilizó al régimen”.

SINESIO LÓPEZ ESCRIBIÓ EN LA REPÚBLICA el domingo 30 que García “trata de explicar (y justificar) sus actuales posiciones conservadoras”. Esto lo hace demostrando “que Haya también (como él) llegó a ser un conservador a través de un largo proceso de maduración intelectual y política”.

La discusión no está exenta de paradojas. Hubo quienes, como el sociólogo Carlos Reyna, atribuyeron en el pasado al actual mandatario “reubicar definitivamente al partido en una posición de centro izquierda... (Y recuperar) el lenguaje marxista original del aprismo” (“La anunciación de Fujimori. Alan García 1985-1990”. Desco, 2000).

Otros estudiosos como Hugo Vallena rebatieron esa hipótesis y sostienen que ya en sus últimos años Haya de la Torre buscaba conectar de nuevo con sus raíces radicales. García se formó en tal proceso. Una de las fotos publicadas en estas páginas, y facilitadas por el despacho del parlamentario andino Wilbert Bendezú, captan el momento del primer discurso del joven dirigente en el Aula Magna en 1972, cuando Luis Alberto Sánchez cumplía 72 años. Haya de la Torre sigue la intervención con atenta mirada. Era ese mismo año cuando, según Vallena, se iniciaba la vuelta a los orígenes del “jefe” con la reedición de El Antiimperialismo y el APRA.

EL DEBATE TAMBIÉN ALCANZA LA POLÍTICA EXTERIOR. El congresista Javier Valle Riestra dijo entrevistado por Perú 21 el domingo último: “Haya habría luchado por la unidad continental, no se habría quedado en una política intrafrontera. El aprismo de hoy es eminentemente nacional. El de Haya habría sido un nacionalismo continental indoamericano, frente a un EE.UU. unido hace 200 años y Europa también unida”.

García dedica unas líneas a la cuestión y así resume su posición frente al actual reparto de poder vecinal y su reciente fobia a las cumbres regionales. “El desarrollo nacional”, explica, “no puede subordinarse por el momento a acuerdos integracionistas que tienen mucho de lírico pero poco de voluntad real. Tiempo llegará en que, con una potencia productiva mayor, los países tengan la decisión para la integración”.

Su bajo perfil continental, mucho más visible entre 1985 y 1990, también se explica en las malas experiencias de la primera vez. García sigue defendiendo la propuesta de reducir el pago de la deuda como “la más llamativa” de entonces. “Al plantearla, el gobierno recogió 4 años de protesta política y acuerdos diplomáticos de los gobiernos de América Latina y dio el paso que otros no se atrevieron a dar. Pero estaba condicionada a la acción continental… No fue así y los países prefirieron aprovechar el temor que la decisión peruana causó entre los bancos para aceptar algunas migajas financieras y en consecuencia vivieron después, como la Argentina y Venezuela, en la mayor crisis financiera”.

A PESAR DEL TALANTE ESTATIZADOR, ¿cuán velasquista fue el primer García? La diferencia no estuvo solamente en la dicotomía democracia-dictadura. Velasco endeudó al país y García intentó sacudirse de ello, aunque con las consecuencias arriba descritas. El general adquirió todo el armamento posible y, como lo recuerda el ex ministro Alberto Vera la Rosa, “nosotros no compramos nada porque no había plata”. Velasco tampoco llegó a confrontarse con el sistema financiero como sí lo hizo AGP.

¿Y ahora qué distingue al García actual de la derecha? “Utilizamos al mercado global y la inversión pero con un objetivo social, con un sentido aprista. Esa es la diferencia. Se fomenta la inversión no con el interés de aumentar las ganancias de un grupo social sino con el propósito de acumular máquinas, tecnología e infraestructura dentro del país para generar más empleo y bienestar”.

Su nueva doctrina será confrontada frente a los resultados que el APRA pueda ofrecer en el 2011. Mientras tanto, así como en la campaña empujó a Flores Nano hacia la derecha, ahora actualiza la ideología de Haya para no ser encajonado en ese nicho por sus rivales. Como él mismo lo definió, el electorado peruano es mayoritariamente “de centro izquierda”. García también aplaca dentro de casa a quienes Ricardo Bueno León, estudioso aprista residente en México, llama “los nuevos doctrinarios, los defensores de la jaula de hierro de la ortodoxia”. Haya, como tantos otros pensadores muertos, también se convirtió en un talismán cuyas partes vuelven a ser armadas según la situación del creyente. (Enrique Chávez)

 


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