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Vida Moderna A propósito de renovaciones locales y curvas excesivas, adicción al bisturí.

Cirugía Drástica

6 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Sabrina, entonces: daba clases de música en colegios, tenía un grupo de rock y era modelo de pasarela. Sabrina, ahora: talla 38 MMM, shows porno-musicales y 2 programas de TV.

Remozada imagen pasea Jorge Mufarech. Con la gracia natural de quien está acostumbrado a cambiar de cara. De ahí que la haya sido de un ministerio del fujimorato tan alegremente como del oficialismo en el Congreso, cuando Toledo. Pero en este caso específico, según pudo determinar el cirujano estético Julio Kirschbaum, director del Instituto Kirschbaum, frente a fotos de antes y después, Mufarech se habría colocado grasa en la cara y habría eliminado piel de los párpados superiores. Pese a su devenir político, esta transformación sorprende igual. Y recuerda otras notorias de personalidades locales, como la de Magali Medina, Laura Bozzo, Jimmy Santi o Pablo Villanueva “Melcochita“. Y aunque se podrá coincidir con la real necesidad para algunas de estas intervenciones, muchas otras reconstrucciones corporales no responden únicamente a un capricho estético, sino a una obsesión. A una lucha interna que se libra, sin embargo, sobre la superficie del espejo y en la mesa de operaciones.

Espejito, espejito


El Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) o dismorfofobia está detallado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría. Quien lo sufre imagina o exagera defectos físicos: la imagen que le devuelve el espejo puede ser completamente distinta a la realidad. Esto explica por qué, aun después de múltiples cirugías estéticas, el paciente no está satisfecho o encuentra nuevas zonas que lo atormentan. “No hay conciencia de enfermedad, es una conducta compulsiva. Es muy delicado y severo como síntoma psiquiátrico”, apunta la psicoanalista Matilde Caplansky. En cuanto a su origen, precisa que este se encuentra en una disfunción mental severa, y no en una predisposición a desarrollar el trastorno. Evidentemente, los ámbitos social, laboral y afectivo se ven afectados. “Llega un punto en donde la única preocupación está en el físico”, agrega.

Por otro lado, y con veintitrés años ejerciendo como cirujano plástico, el doctor Kirschbaum explica que, efectivamente, el TDC en pacientes que han llegado hasta su consultorio es “tremendamente frecuente”. Y que lo es también fuera del mismo.

“Dependiendo de la magnitud del problema, el cirujano debe tratar de derivar al paciente a un psicólogo o psiquiatra”, explica. “Pero si está empecinado en operarse, se tiene que pedir ayuda a algún familiar. Si el cirujano es ético, no va a operar, pero muchos lo hacen por dinero. Incluso, hay quienes le dicen al paciente que lo han operado y no le hacen nada, o sólo algo chico”.

“En países con un sistema legal fuerte generalmente se le retira la licencia al médico”, continúa. “Pero en el Perú, que esto pase es difícil”.

–¿Y qué hace la cirugía plástica al respecto?
–En EE.UU, en el último año, hubo cuatro cirujanos plásticos asesinados por pacientes con problemas psiquiátricos severos. En todos los congresos serios se le trata. Cada vez se trata de dejar signos de alerta: poner códigos en las historias para que un siguiente doctor pueda identificar el problema y no operar al paciente. Lamentablemente, con dinero este siempre va a conseguir quién lo opere. Aquí y en todo el mundo.

Chica plástica


Tras el seno derecho, el periodista Álamo Pérez-Luna. Tras el izquierdo, el novio mexicano, Erick. Así aparecieron escoltados los 130 centímetros de busto de la argentina Sabrina Sabrok, y el resto de su voluptuosa humanidad. Hacía unos momentos había terminado de grabar el programa de “Fuego Cruzado”, conducido por Pérez-Luna y Mariella Patriau, en el que aparecería días después. El tema que la convocó salta a la vista: cirugías plásticas. Las veinticuatro repartidas por el cuerpo de Sabrina la hacen perfecta invitada.

Pero es su frontis el que concentra la mayor cantidad de arreglos y también de atención. Y no es para menos: con diez aumentos y uno más para mayo, Sabrina tiene los senos más grandes del mundo. Cada uno de ellos pesa 3.5 kg, a decir de la argentina. Y si todo sale bien, llegarán a los 4.5 kg. Y eso que, ahorita nomás, frente a esta mujer apodada La Tetanic uno se siente como deben haberse sentido los pasajeros a punto de abordar el coloso original: reducido, desamparado ante tanta vastedad, humildísimo en el reconocimiento de la propia y minúscula humanidad. Porque Sabrina sí flotaría, eso es seguro.

Se ha operado la nariz varias veces, los labios, ojos, glúteos, abdomen y se ha levantado las cejas. Pero su primera operación fue hace diez años: tímidos 200 gramos en cada seno.

–¿Estabas descontenta con tu apariencia?
–No, me iba bien. Pero en base a lo que fue saliendo en la televisión, donde había más vedettes, pues yo me dije que quería ser así. Viendo las fotos de antes yo misma me sorprendo. Pero está bien, estoy contenta.

–Entonces, ¿para qué esa próxima operación?
Es la medida a la que quería llegar desde un principio. Creo que esta va a ser la última. (Rebeca Vaisman)

 


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