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Seguridad Colombiano Francisco Sierra, ‘El Cuy’, es señalado por el Ejército como el hombre de la guerrilla en la frontera con el Perú. CARETAS lo encontró en sus dominios.

El Acopiador de las FARC (VER)

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En la selva de Totoya, a un día de camino de El Estrecho, se han deforestado grandes áreas para sembrar coca, según el Ejército.

Aquí la ley soy yo”, aseguró el colombiano Francisco Sierra con la prestancia del dueño de la fiesta. Es el hombre más poderoso de Marantua, un paupérrimo caserío que colinda con El Estrecho, la capital del distrito de Putumayo, en la frontera del Perú con Colombia. Aquí el diablo perdió el poncho.

Eran las 5 de la tarde del viernes último. CARETAS cruzó, a través del río Putumayo, los 200 metros que separan a El Estrecho de Marantua. El objetivo era entrevistar al gobernador sobre la presunta presencia de guerrilleros de las FARC en la frontera, pero un desafiante Sierra salió al paso. “¡El gobernador no está!”, anunció. “Yo soy la verdadera autoridad aquí”.

Sierra, apodado ‘El Cuy’, es custodiado por dos hombres armados. En medio de la pobreza extrema que asola Marantua, el patrimonio de ‘El Cuy’ refulge como un diente de oro en apagón. Posee un surtido bazar, el único del pueblo, y dos propiedades con Direct TV y grupo electrógeno. “¿Cuál es el problema?”, se pregunta al comentar el asunto. “A mí me gusta vivir bien, pues”.

Informes de inteligencia del Ejército a los cuales tuvo acceso esta revista, lo señalan también como el principal “proveedor de droga de las FARC en el Putumayo”. ‘El Cuy’, según la información militar, organiza el acopio de droga y armas en territorio peruano para enviar los cargamentos a la guerrilla colombiana. Altos oficiales del Ejército indicaron que le siguen los pasos desde hace meses, pero sostuvieron que ‘El Cuy’ pasa inadvertido al ingresar a territorio peruano. El colombiano niega estas versiones. Bajo su mirada, en la frontera no hay presencia guerrillera, narcotráfico ni delincuencia. “Acá la gente vive en paz”, alegó. CARETAS corroboró que cualquiera puede ingresar y salir de El Estrecho sin que autoridad policial alguna exija, al menos, un documento de identidad. Tampoco se revisa el equipaje de las personas que cruzan a diario la frontera.

San Antonio del Estrecho, la capital del Putumayo, cuenta con una población de 3,500 personas, pero sólo posee una comisaría con siete efectivos, además de un puesto de Comando del Ejército y una base de la Marina de Guerra. El viaje de Iquitos al Putumayo tarda 21 días en barco y un importante tramo no es navegable buena parte del año. La densidad demográfica y la presencia del Estado son marginales a ambos lados de la frontera. Mientras tanto, el costo de vida es cada vez más alto. En El Estrecho un galón de gasolina cuesta S/. 26 y un saco de arroz S/. 260. La zona del Putumayo es una selva virtualmente virgen. En ese escenario, el incremento de cocales es un indicador de peligrosa tendencia, como lo son también las abundantes señales de deforestación y el intensivo tráfico de madera.

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Dos de las rutas utilizadas para trasladar la coca desde el Perú a Colombia en la frontera del Putumayo, según inteligencia militar.

NUEVOS DOCUMENTOS DE INTELIGENCIA militar corroboran la denuncia publicada en CARETAS 2019 sobre la actividad guerrillera en la frontera, ligada especialmente al cultivo de coca, y ubican a El Estrecho como uno de los pasos obligatorios de la droga que va a parar a las FARC. La mercancía, según esta información, proviene esencialmente de dos caseríos: Huapapa y San Pedro de Totoya, donde abundan los sembríos de hoja de coca.

Huapapa es un poblado que se encuentra situado a 450 km río abajo de El Estrecho y a medio kilómetro del Putumayo, mientras San Pedro de Totoya ni siquiera figura en el mapa. Información suministrada por las Fuerzas Armadas de Colombia indica que en este pueblo hay laboratorios de cocaína administrados por la guerrilla colombiana.

El diagnóstico reservado del Comando Conjunto comentado en CARETAS 2019 daba cuenta que en el 2005 habían 1,500 hectáreas de coca dispersas en la frontera y controladas por la guerrilla. Los números de inteligencia del Ejército son más impresionantes y suman actualmente unas 3,500 hectáreas entre Putumayo (800), Napo (1200) y Amazonas (1500). Esa cantidad sirve para producir hasta 35 toneladas de cocaína al 100% de pureza y posicionaría a la cuenca con más coca que Tocache, Padre Abad e, incluso, Leoncio Prado.

Por otro lado, dos líneas aéreas comerciales operan en El Estrecho: North American Float Plane Service y Tranzel. La primera fue mencionada en los documentos del Comando Conjunto, donde se le señalaba como posible colaboradora de las FARC en el tráfico de armas. La dueña de la segunda compañía es Zelma Hernández Saldaña, a quien inteligencia militar también señala como “colaboradora de las FARC”. También estaría dedicada al tráfico de armas. Las naves de Tranzel vuelan desde Iquitos hacia El Estrecho y Huapapa, pero ninguna autoridad policial supervisa el contenido de los cargamentos. Tampoco hay radares que detecten avionetas o vuelos extraños.

Otros miembros de esta presunta “red de apoyo” a la guerrilla en El Estrecho, tanto de drogas como de armamento, son los siguientes: Miguel Meléndez, ‘Mekeko’; Juan Carlos Ospina López, Manuela Sunción, Mario Ruiz, Reyder Reátegui, Jorge Yolombo, Miguel Zevallos y Francisca Ramírez, ‘Paquita’. Todos ellos trabajarían para ‘El Cuy’.

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Organigrama de colaboradores de la guerrilla en territorio peruano, según inteligencia EP.

A lo largo de los 1,600 kilómetros de frontera, el Ejército posee 14 bases, la Marina tres y la Policía 13, mientras Colombia tiene sólo dos cuarteles en Puerto Leguizamo. Las FARC, mientras tanto, cuentan con dos Frentes, el 48 y 63. El ministro de Defensa Ántero Flores Aráoz y su par del Interior, Luis Alva Castro, comparecieron ante el Congreso la semana pasada para informar sobre la presencia de las FARC en la zona fronteriza. Flores Aráoz afirmó que unos 14,000 guerrilleros que antes actuaban cerca de la frontera se han replegado hacia el norte en los últimos meses para reforzar su presencia en los departamentos colombianos más presionados militarmente. Las fuentes del Ejército puntualizan que cada Frente tendría entre 300 y 400 guerrilleros actuando cerca de la línea de frontera. Aseguran que no se ha detectado ningún campamento FARC en territorio peruano, y, de hecho, no se ha registrado enfrentamiento armado con las FARC y los militares a ninguno de los lados de la frontera desde el 2002. Por su parte, el embajador colombiano Álvaro Paiva ratificó la intensa colaboración de Inteligencia entre los servicios de ambos países. Esta semana, por cierto, Ollanta Humala denunció un presunto plan para instalar una base norteamericana en la selva de Loreto, en la frontera con Colombia, pero el titular de Defensa lo desmintió tajantemente. No hay tampoco presencia de infantes de Marina de EE.UU. en la zona.

Tras la muerte del líder guerrillero ‘Raúl Reyes’, el sábado 1 de marzo, las Fuerzas Armadas incrementaron el patrullaje en la frontera peruana. La tendencia es a ir incrementando la presencia militar en el río. La Marina peruana tiene una cañonera en servicio en el Putumayo, un helicóptero MI-8 y una avioneta Twin Otter. Pronto incorporará al servicio una segunda cañonera, la ‘Clavero’, en construcción en el SIMA de Iquitos. Todavía son agujas de patrullaje en el pajar que equivale al tramo entre Trujillo y Tacna.

La presencia policial para combatir el negocio del narcotráfico es escasa. Un oficial PNP de El Estrecho, que pidió no ser identificado, admitió que “con tan pocos efectivos no se puede hacer nada”. Consultado al respecto, el general PNP William Tafur, jefe de la Región Iquitos, dijo que no considera necesario pedir más refuerzos. Se quejó, por el contrario, de la “poca coordinación” que hay con las FF. AA. y alegó que los informes que él recibe pintan otro panorama. “Allí la seguridad está muy bien controlada”, zanjó. (Roberto More)

 


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