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Teatro Reponiendo “Ricardo III”, continuando con su “Fausto” y anunciando nuevo unipersonal, Edgard Guillén cumple 70 años.

Guillén en su Reino

4 imágenes disponibles FOTOS 

2021-guillen-1-c.jpg

Recibió homenaje de ITI UNESCO peruano en el ICPNA, el pasado 27.

Es aquí. Paso de los Andes 1147, Pueblo Libre. El número se lee sobre un pergamino dibujado en mayólica. Una máscara ríe, incrustada en la pared.

Edgard Guillén abre la puerta. Me había olvidado, la verdad. Pero entren, entren. De blanco entero, una hora antes de la función sabatina, Guillén conduce hasta el interior de su casa. Ahí afronta con paciencia el embate del fotógrafo. Después de todo, no hay postura, pose o mueca que el actor de setenta años cumplidos este marzo no haya ensayado ya ante la cámara, en cuarenta y siete de trayectoria teatral. Todo el vestuario ha sido mostrado. También Oso, su perro, retratado infinitas veces. Ya todo se ha hecho. Los recortes de periódicos y revistas que cubren las paredes de su sala corroboran la sentencia de Guillén.

No me he retirado. ¿Por qué la gente tiene esa horrorosa idea de que porque yo trabajo acá ya no hago teatro? Al contrario: soy el único actor peruano que no ha dejado de trabajar nunca. La mayoría de actores se pasan meses sin actuar. Yo no.

Suena el timbre. Guillén se acerca a la puerta y entran uno, dos, seis chiquillos. Les siguen dos señoras que se reparten la respectiva maternidad. Aún falta media hora y Guillén deja que los chicos se entretengan mirando sus fotografías en los Gran Atlas Salvat, que ha convertido en álbumes. Al poco rato llega un periodista de la Radio Nacional de Alemania, que le hizo una nota hace unos años, y su esposa peruana. Guillén les pide que esperen un poco. Parece mucho más contento ahora, con el susurro de su público expectante por sobre grabadora y cámara fotográfica. Ha puesto un disco de Edith Piaf. Otra de las ideas absurdas que tiene la gente es que acá vienen sólo mis amiguitos. No. ¿Sabes cuál es la maravilla de esto? Que acá viene el público que no va al teatro. Porque como no pagan y sólo ponen unas monedas viene público de todo tipo.

Esta noche toca “Ricardo III”, adaptación de Shakespeare, que ha repuesto. Los domingos, su célebre “Fausto”. Y en el homenaje que le hiciera el Centro Peruano del ITI UNESCO (Internacional Theatre Institute) por el Día Mundial del Teatro, ofreció una introducción al que será su próximo unipersonal, que aún ultima, intitulado “Margarita de los Espíritus”: la historia de Goethe a través de la Margarita de Fausto.

Se le recuerda que hace unos años dijo sentirse desilusionado. Eso ya no cuenta. Ahora soy un ser absolutamente feliz. La prensa se ha empeñado en que yo sea un actor de bajo perfil. Pero que se joroben, porque no voy a serlo nunca. He decidido trabajar en mi casa, y me importa un pepino lo que opine el resto del mundo. A los setenta años, soy el actor más feliz y orgulloso de mi profesión.

Pocos minutos después de las ocho, los últimos en llegar toman asiento. Guillén, que ya se ha cambiado, anuncia que la obra va a comenzar. El timbre suena una vez más, pero es inútil: se ha dado la última llamada. Apaga la luz. Cuando la vuelve a prender, no es más Edgard Guillén.

Mi reino por un caballo. Ahora es Ricardo, el usurpador, el asesino. Trepado en una mesa redonda, bajo la extraña luz que cae sobre él, no es el actor y no lo será por una hora. En las sombras que cruzan su rostro también está el duque de Clarence, el hermano asesinado; está la princesa Ana, la reina Elizabeth, el pequeño Eduardo V y también la Torre de Londres en la que fue muerto por orden de su tío, el villano. Un caballo, un caballo. Mi reino por un caballo. Silencio.

Pasa el sombrero, invita al público a quedarse un rato más conversando. Al momento de partir, mientras abre la puerta, sonríe más que al comienzo. Chau, chau. Gracias por haber venido.

Adentro todavía queda gente. Y seguro la Piaf cantará en cualquier momento. (R. Vaisman)

 


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