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Danza Karin Elmore en Lima dirige disquisición escénica sobre cuerpos femeninos políticos, domésticos y salvajes.

Coreografía de Interiores

3 imágenes disponibles FOTOS 

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Vive en Séte, pequeño puerto a 35 km de Montpellier, “ciudad de Paul Valéry y de Jean Villard”. Se fue de Lima en el 2003, con la tristeza del cierre del Centro de Artes Escénicas que dirigía.

Como una especie de dj doméstico, describe su papel sobre el escenario la bailarina y coreógrafa Karin Elmore. Pues si ya en sus anteriores presentaciones (como en “Un día en el paraíso”) se animó a producir sonidos en vivo, ahora Elmore se lanza a pinchar –digamos, es un decir– a pinchar sin discos, claro, y con una consola que no es tanto consola como una mesa de cocina sobre la que reposan sus instrumentos musicales: batidora, licuadora, extractor, etc., a los que incorpora otros sonidos previamente grabados e igualmente infrecuentes en una melodía.

No sólo ese es su rol en “Estrella Salvaje”, próxima a estrenarse, sino también el de autora y directora de la pieza multidisciplinaria. Esta vez no baila. Sí lo hacen la japonesa Yumiko Shiono y la española Belén Barrejón, que la acompañan desde Francia, donde Elmore reside desde hace cinco años. Se les une la italiana Elisabetta Sbiroli, que no danza sino actúa, y que compartirá escenario limeño con la actriz nacional Sonia Seminario. Ellas encarnan veinte textos, veinte historias, veinte mujeres distintas apoyadas por la interpretación visual de la artista plástica peruana Claudia Coca. Y finalmente, mientras Elmore explora las posibilidades del schuuun, schuuun eléctrico, Barrejón –felizmente, dirán algunos– acomete con la guitarra.

El tema que motiva esta sinfonía, este “cabaret poético y político sobre el cuerpo, el placer y el poder” o “suerte de cantata política y poética, para voces, cuerpos y electrodomésticos life”, como describe la pieza su autora, “no es ni panfleto ni manifiesto de ningún partido”, explica ella, “sino una reflexión acerca de las relaciones humanas; de la soledad, la pasión y la violencia. Es la búsqueda de una nueva lectura, a partir del uso de elementos de la vida cotidiana, de la forma en que esta sociedad de consumo le impone a la mujer modelos físicos y de comportamiento”.

Ay, no: otro rollo de mujeres. Qué aburrido, qué pesadas, siguen con esa cantaleta. Díganme, esos temas, ¿no son de hace veinte años? Ya cánsense, pues. Todo esto que muchos podrían pensar, Elmore lo tiene bien presente. Se sirve del día a día para rebatirlo. Abre el periódico –las páginas policiales– para callarlos y pedirles que la escuchen. “Efectivamente, la situación de las mujeres ha evolucionado con mucha velocidad en las últimas décadas… y en algunos casos no se puede decir lo mismo del otro género. Los indicadores de violencia familiar lo demuestran”, señala. “Todos los días en España hay casos en los diarios de mujeres apuñaladas en su casas; en Francia hay seis mujeres muertas al mes por esta violencia. En China, para conseguir empleo las mujeres necesitan “buena presencia”, y se estiran las piernas. Y si uno se fija en los salarios, las mujeres siguen ganando menos”.

–¿Los casos que has escrito son ficticios? ¿Producto de alguna investigación?
–Son ficticios. Cuando escribimos o hacemos una coreografía tomamos cosas que forman parte de nuestra vida, de nuestra mirada. Luego, estos personajes son una mezcla de muchas cosas. Describen distintas situaciones siempre a través de la relación con el cuerpo femenino. Las artistas que trabajan en el espectáculo provienen de diferentes experiencias, edades y países y, sin embargo, está este denominador común.

–Que es el cuerpo.
–Sí, es algo muy fuerte; hay una solidaridad muy fuerte. Y el tema del cuerpo femenino es algo muy actual.

–Siguen habiendo mutilaciones, violaciones…
–Linchamientos, mujeres que tienen que usar velo…

–Que no pueden mostrar su cuerpo.
–Que no pueden. Y nosotras mismas nos referimos a estos temas como “cosas de mujeres”, como si tratar un tema de mujeres fuera algo banal, cuando tiene mucha importancia.

–Así como el tema del placer, que todavía genera culpas.
–Y no solo hablamos de sexo. Reconocer su propio cuerpo es imposible para una mujer trabajadora que se despierta a las cinco de la mañana para hacer el desayuno y llevar a sus hijos al colegio; irse a trabajar; regresar a su casa para preparar el almuerzo; recoger a los chicos del colegio; lavar, planchar, limpiar; ocuparse del esposo; acostar a todo el mundo, ¿y a las diez y media de la noche estar pimpante para tener placer? ¡¿Cómo?!

–¿El que seas bailarina hace que tú escapes de esta pérdida de conciencia?
–Lo cotidiano no hace que me pierda de mi propio cuerpo, pero sí de mí misma y de lo relacionado con el placer, pues en un momento dado ya no se tiene mucho. Y me refiero también al placer intelectual, porque cuando uno está agobiado por las cargas cotidianas ya no hay tiempo ni tranquilidad como para tener el placer de leerte un libro o de conversar con tu hijo. Pese a que tengo un esposo magnífico que cocina maravillosamente. (Rebeca Vaisman)

 


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