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Economía “La economía está blindada”, asegura ministro Luis Carranza frente a nubarrones de recesión internacional.

Ojalá Tenga Razón

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Carranza remarca que PBI y sistema financiero han sido más que duplicados.

La Bolsa de Valores de Nueva York se desplomó 3,2% el martes 5, arrastrando consigo a la de Lima y demás Bolsas del planeta. Deletreado a lo largo y ancho de las pantallas: re-ce-sión en Estados Unidos.

“A medida que la recesión se desenvuelva, las utilidades desaparecerán”, pronosticó Stuart Shweitzer, estratega global de JB Morgan Banca Privada. “Ya está en marcha”.

Según la agencia Bloomberg, 311 empresas listadas en S&P 500 reportaron pérdidas del orden del 23% en promedio el cuarto trimestre.

Es decir, el Tío Sam ya estornudó. La pregunta de rigor: ¿nos contagiará de pulmonía?

El ministro de Economía, Luis Carranza, dedicó la semana a tranquilizar los mercados locales. El jueves pasado expuso ante la CONFIEP los fundamentos macroeconómicos del país (CARETAS 2012). El martes 5, mientras Wall Street se deslizaba 400 puntos, se presentó ante la Comisión de Presupuesto del Congreso junto a Julio Velarde del Banco Central de Reserva. “La economía peruana está blindada”, ratificó.

En las últimas semanas Waldo Mendoza del CIES, Juan José Marthans, ex Superintendente de la SBS, y Kurt Burneo , ex director del BCR y titular del Banco de la Nación, alertaron que la economía tiene síntomas de sobrecalentamiento.

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La inflación en 4,5% del 2007, por encima de la meta del BCR, es, a juicio de Mendoza, síntoma de fiebre. Y, en provincias, peor. Para Marthans los adeudos de corto plazo de la banca que marcan US$ 3,600 millones se han multiplicado seis veces en los últimos nueve meses y ya equivalen a los del sistema financiero local pre – crisis de 1998.

El espectro de esa última debacle, que sumió al país en una severa recesión desde 1998 hasta el 2001, sigue fresquito en la memoria de todos. Pero Carranza desestimó todos los cargos.

“No es nada equivalente”, sentenció el ministro, “En 1998 el PBI peruano era US$ 50 mil millones, ahora es de US$ 107 mil millones. El sistema financiero ha sido más que duplicado”.

“Son dos mundos distintos”, explicó Carranza a CARETAS. “Ninguno de los tres canales de transmisión –cambiaria, financiera y términos de intercambio– que nos han afectado en cada crisis severa están presentes hoy”, aseguró.

Uno de los cuadros estadísticos preferidos de Carranza ubica a las economías regionales en función a dos ejes centrales: inflación y crecimiento económico (ver cuadro). Y el Perú figura en el mejor de los mundos: un crecimiento económico más alto (8,5%) y una de las inflaciones más bajas (3,4%) en el 2007.

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Wall Street volvió a colapsar el martes.

“Claro que la recesión de la economía norteamericana nos va a pegar”, admite el titular del MEF. “Pero el golpe ya fue incorporado al sistema”.
En efecto, el Presupuesto General de la República, cerrado en octubre pasado, previó una desaceleración del crecimiento del PBI peruano de 8,4% a 6,2%.

La recaudación tributaria será 15,3% del PBI –“dejará de crecer”– mientras el superavit de cuenta corriente caerá de 1,4% a 0,1%.

El cálculo puede ser cauteloso, sostiene Carranza, “pero me siento más cómodo presentando un presupuesto bien financiado, para no estar después en el problema de obtener financiamiento”.

De hecho, la incertidumbre sobre la economía mundial ha generado un reacomodo tectónico entre los economistas “heterodoxos” y “ortodoxos” criollos.

El martes 5, Burneo en La República recomendó “moderar la actual expansión del gasto no financiero”, mientras que Fritz Dubois, su Némesis neoliberal del Instituto Peruano de Economía (IPE), está de acuerdo con mantener los montos proyectados por el MEF, cerca del 15% del Presupuesto Nacional.

En concordancia con Richard Webb, ex presidente del BCR, el titular del MEF asegura que se “mantendrá el ritmo” del gasto público. Se trata de una típica política contracíclica con el objeto de sostener el ritmo de crecimiento económico.

Sin duda, la magnitud del “resfrío” del Tío Sam es aún materia de acalorado debate. El último informe World Economic Outlook del FMI, del 19 de enero, actualizó la proyección de crecimiento de la economía norteamericana de 1,9% a 1,5%. –0,4% de caída–, mientras que mantuvo intactos los estimados de crecimiento de América Latina.

(Contagiado acaso por el nerviosismo de los operadores bursátiles, Burneo equivocó al citar al FMI proyectando un crecimiento de apenas 0,8%).

Pero la variable que se debe analizar con lupa en nuestro caso es la cotización internacional de los minerales. El 60% de nuestras exportaciones, y el 30% de la recaudación tributaria, dependen de la minería.

Y, si bien la naturaleza de la crisis norteamericana es de cepa particularmente perniciosa (ver recuadro), una de las singularidades hasta el momento de la crisis internacional es que el precio de los minerales se mantiene aún en precios históricamente récord.

El mismo martes 5 que colapsaron las Bolsas, el precio del cobre apenas pestañó (-0,1%) y el precio del zinc, el aluminio y otros metales tampoco sufrieron variaciones sustantivas.

Claro que se trata de un mercado extremadamente volátil. La consultora local Macroconsult hizo públicos esta semana escenarios diversos sobre el impacto en las finanzas nacionales en base al precio del cobre. Pero aun en el peor escenario – una caída del precio en 49% como la registrada en el 2005 –, o US$ 4,800 millones menos de ingresos –, la economía peruana arrojaría un superávit fiscal de 0,1%.

“El Tío Sam se ha resfriado”, concede Carranza, “pero el mundo ha cambiado. Y el Perú ha cambiado más que otros países”. Ojala tenga razón.

Del Catarro al Hospital

Crisis gringa se agrava en medio de controversial rescate de aseguradoras.
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La crisis financiera es más seria de lo anticipado. Sus efectos se extienden a todas partes y el bajón de la economía es cada día más evidente. Los gobiernos, habitualmente indolentes en la prevención, han comenzado ahora a buscar responsables En los Estados Unidos se han abierto investigaciones civiles y penales y, con seguridad, después de las elecciones terciará el congreso. Todo indica que esta vez les pondrán el ojo a los organismos reguladores, particularmente a la FED, que al anteponer la ideología a las prácticas establecidas para la supervisión bancaria, propició que germine la crisis actual

En enero, el ambiente se volvió amable para las agencias calificadoras de riesgos de Estados Unidos, que eran culpadas de no haber hecho su trabajo y posibilitar la crisis de los créditos subprime. Pero cuando las aseguradoras de dichos créditos empezaron a ahogarse (ver CARETAS 2012), el gobierno y sus reguladores comenzaron a cortejar a las clasificadoras para que, una vez más, no hagan su trabajo. Si lo hacen, tendrían que rebajar la categoría crediticia AAA de las aseguradoras y la caída de los mercados financieros no tendría cuando acabar.

Las aseguradoras, pese a estar descapitalizadas, ostentan una categoría AAA que no poseen corporaciones de la jerarquía de IBM. Si les rebajan la categoría, los bancos añadirían US$ 70,000 millones a los más de US$ 100,000 millones ya perdidos con las hipotecas. Para algunos la cosa es peor, porque está en riesgo el mercado de derivados, porque una parte no determinada de sus US$ 45 trillones de Credit Default Swaps (CDS’s) tiene contrapartidas deficientes, y los indicios de contabilidad creativa, destinada a ocultar pérdidas, se multiplican a diario. Según George Soros, las autoridades deben prepararse para la eventualidad de salvar a los bancos con dinero del Estado.

Para las aseguradoras, los reguladores han buscado una solución inédita: que las salven los propios asegurados, razón por la cual la lista de los rescatistas parece más bien la de las víctimas. El consorcio para el rescate de AMBAC, la segunda y más golpeada de las aseguradoras, comprende a Citigroup y Wachovia, de Estados Unidos, y a UBS, Societé General, RBS, BNP, Barclays y Dresdner, de Europa: el cogollo de los perdedores del mercado hipotecario. Dichos bancos no están boyantes, pero si no apuntalan a la aseguradora van a estar peor. La cosa está tan mal que Standard & Poor’s y Moody’s han confirmado el AAA para AMBAC sobre la simple base de la probable formación del consorcio. Dicha confirmación les vino como anillo al dedo a los bancos europeos, que se salvaron de añadir malas nuevas a sus anuncios de resultados anuales, que comienzan esta semana.

Las aseguradoras cayeron en la insolvencia porque se les hizo realidad la peor pesadilla actuarial: los siniestros calculados para ocurrir en 20 años, se presentaron en 20 semanas. Eso fué consecuencia, a su vez, de que los malos créditos hipotecarios otorgados por los bancos comerciales fueron procesados y empaquetados por los bancos de inversión para ser vendidos a los inversionistas como productos de primera, con el respaldo de la garantía otorgada por las aseguradoras, previa certificación de las calificadoras de riesgos. Increíblemente, los reguladores permitieron que ese esquema, que parece de CLAE, prospere en los mercados financieros más sofisticados. Ahora, con el rescate de las aseguradoras buscan ganar tiempo, extendiendo unos 30 meses el vencimiento de los siniestros, pero el problema de fondo sigue allí. Falta identificar culpables, reparar los daños y asegurar que no se repitan.

En lenguaje llano, si la FED hubiese empleado controles como los de la SBS peruana de hoy, la crisis de las hipotecas subprime no habría ocurrido.

La crisis se produjo porque las calificadoras aceptaron como ciertos los informes de los bancos sobre la calidad de sus préstamos. No pensaron que ellos pudieran prestar contra las reglas y los manuales. Ahora, las autoridades buscan desde fraudes hasta fallas técnicas. Por lo tanto, no sería extraño que la supervisión bancaria de Estados Unidos termine siendo separada de la banca central. Sería una buena solución, porque el único afectado sería el orgullo de la FED, y todo el resto saldría ganando.

 


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