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Personajes Enfrentamiento judicial de los Tudela tiene nuevas aristas: millonarias transferencias en Suiza del padre a los hijos, e ingreso al juicio de Graciela de Losada.

Caso Tudela: La Última Escena (VER)

6 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Los recién casados poniéndole buena cara a días de litigio. “Me sedujo su cultura e inteligencia”, dice Graciela de Felipe Tudela.

Oye, Chela, ¿porqué no te casas con Felipe?, le preguntó Ana Teresa Harmsen a Graciela de Losada en mayo del 2007, en un coctel en casa de Teresa Elejalde de Orbegoso.

–Ay no, a esta edad, qué complicación, fue la respuesta.

La pregunta se la había hecho el mismo Felipe Tudela y Barreda más de una vez a lo largo de los últimos diez años. Ambos divorciados, mantenían una relación maduramente tranquila y sin aspavientos febriles desde hacía casi tres décadas. A pesar de la profusa fortuna de Tudela y Barreda, era un romance sin lujos ni exotismos. Tudela aún tiene silvestres Toyotas en su garaje. No abundan las fotos de ellos juntos. Es que nunca hubo un viaje romántico, salvo uno alguna vez para un tratamiento médico del padre, al cual también asistieron sus hijos Francisco y Juan Felipe, “Pipo”. Graciela pasaba el día con Felipe, luego almorzaba en casa de ella con los hijos de su anterior matrimonio y dormía ahí. Para ambos, durante todos esos años, era entonces el mejor de los mundos.

En veintiocho años de relación, ella tuvo la oportunidad de establecerla, análogamente sosegada, con los hijos de Felipe. Francisco y ‘Pipo’ eran más que formales muchachos de veintipocos años. La relación entre ellos y Graciela, siempre cordial, pero sin euforia. Pipo vivía en París. Cuando venía a Lima ella le ponía flores en su departamento, además de organizarle los almuerzos con sus amigos en casa de Felipe. Graciela luego inclusive intercedería para que Felipe, en tiempos en que su hijo Francisco atravesaba una separación conyugal, comprara una casa para su nuera y nietos. Esta es la casa de Choquehuanca que le sería transferida al hijo en el 2007.

Eran años calmos en la casa de Lizardo Alzamora. Bajo el amparo de un óleo que daba cuenta pictórica del abolengo genealógico de los Van Breugel, el patriarca, sus hijos, y la señora de Losada podían compartir amablemente la mesa del comedor familiar.

Una Interdiccion Anunciada

En octubre del año pasado es que empieza la esgrima epistolar en la familia Tudela. El padre recibe una carta firmada por el abogado de sus hijos, doctor Enrique Ghersi, donde en quince líneas le pide que transfiera sus bienes a favor de ellos.

Felipe Tudela responde en tres líneas que no.

Los hijos nunca vieron interrumpido el recibo de sus rentas provenientes de Altas Cumbres, propietaria del 15% de la minera Orcopampa de la que el padre es el director, las cuales –según ha declarado el abogado Carlos Rodrigo a RPP el 4 de febrero– ascienden a US$ 10,000 al mes. CARETAS, por otra parte, además ha tenido acceso a documentos bancarios que referirían instrucciones de Felipe Tudela y Barreda al Banco UBS de Suiza, especializado en gestión de fortunas, ordenando repartir 1/3 de US$ 12 millones de una cuenta en Zurich a cada uno de sus dos hijos. La operación no consta en el expediente, pero estados de cuenta de Tudela y Barreda acreditan el retiro.

Luego de las tres líneas los hijos quieren ver el testamento. El padre no quiere mostrarlo. Lo hace Graciela, que tenía una copia. “Pipo me está volviendo loco desde París”, explica Francisco ante ella el interés por conocer el documento redactado el 17 de mayo del 2007. La cláusula octava genera entonces más discrepancias. Aquella empezaba así:

–Respecto del tercio de libre disposición dispongo de la siguiente manera: en primer lugar se aplican al tercio todas las donaciones o actos de liberalidad, sin excepción, o cualquier transferencia dineraria o entrega de dinero o bienes que la señora Graciela de Losada Marrou hubiera recibido con anterioridad a la suscripción de este testamento o que en el futuro reciba de mí, bajo cualquier modalidad, incluso en el caso que dicha transferencia o entrega de dinero o bienes o conste en documento de fecha cierta (…)

Según lo que Graciela de Losada ha declarado en el proceso, los hijos ya estaban enterados desde el 2005 de las donaciones previas en metálico que su padre había hecho a favor de ella, aproximadamente US$ 960,000. Ante el nuevo testamento el abogado de los hijos pide entonces a doña Graciela que le firme un documento declarando que nunca ha sido conviviente de su padre. Graciela se comunica con Pancho preguntándole qué está pasando. La respuesta de él es cortante: “Ya no eres una persona fiable”. Y la remite, para posteriores comunicaciones, con su abogado. En cuanto al remanente del tercio de libre disponibilidad, este quedaba distribuido entre los nietos de Felipe Tudela, por partes iguales y no por estirpe. Esto no incluía a los nietos de Graciela de Losada.

En octubre del 2007, según propia declaración del doctor Benjamín Alhalel, médico de Felipe Tudela desde el año 2000, los hijos fueron a preguntarle por la salud mental de su padre. El les respondió que su padre tenía algunos problemas físicos orgánicos pero no deterioro mental.

No conformes con esta respuesta los hijos inadvertidamente sometieron a su padre a exámenes médicos el día 2 de noviembre. Lo hicieron con dos médicos cuya competencia ha sido seriamente cuestionada por la otra parte. La transcripción que estos hicieran de dicha “entrevista” al dueño de casa revela lo incómodo y fuera de lugar de la misma:

“¿quiénes son ustedes?...les he permitido la entrevista pero aquí termino..les enviaré un memo con los nombres de todos mis médicos…mis hijos me investigan…¿por qué?...no he visto que los hijos lo investiguen al padre, ¿usted es policía? En ese caso retírese… (…)

Los hijos dejaron órdenes de que no dejaran entrar a Graciela de Losada a la casa paterna.Los médicos diagnosticaron “demencia senil de curso progresivo”.

La relación entre padre e hijos se congeló. Ellos dejaron de ir a la casa. Fue en ese tensa calma de llamadas sin respuesta que el chofer de don Felipe, Juan Carlos Gutiérrez, contara lo que le había dicho Pipo al citarlo en su departamento. En pocas palabras, que si el papá no hacía lo que ellos le pedían, lo iban a declarar interdicto. Ese término era un misterio, pero no lo que le seguía: “y entonces tú pasarás a trabajar para nosotros y no para mi papá”, consta en el expediente.

La profecía de Pipo al chofer se autocumplió el 6 de noviembre, con la llegada de la demanda de interdicción presentada por los hijos contra su padre. Este documento tenía por lo menos dos errores que, de ser intencionales, revelarían un ensañamiento cruel dada la relación consanguínea.

Primero, la dirección de la casa de don Felipe en la demanda tenía el número equivocado, como para que este nunca se enterara, no respondiera y pudiera ser considerado en rebeldía con las consecuencias que esto acarrearía.

Segundo, la demanda adelantaba el resultado de un diagnóstico médico desfavorable al padre. El escrito tenía por fecha el día 2 cuando el peritaje médico se había hecho el día 5. Más que ciencia, esoterismo.

Paralelamente a la demanda los hermanos Tudela corrieron cartas a los bancos con los que trabajaba su padre advirtiéndoles de la situación. Ellos respondieron que la incapacidad legal estaba en manos del Poder Judicial.

La Boda

Cuando llega la demanda de interdicción el 6 de noviembre es que la idea del matrimonio empezó a discutirse entre la pareja. Para el día 7 la idea se había descartado. Pero ese día, mientras Felipe almorzaba en casa de Graciela, los hijos aparecieron en la casa paterna con la policía. Era para llevarse el ya famoso cuadro de la familia Van Breugel que santificaba el comedor hacía décadas.

–Casémonos, decidieron.

El matrimonio, según ellos, significaba una doble protección. Para Graciela suponía adquirir derechos y deberes legales. El artículo 569° del Código Civil establece que la curatela de las personas incapaces por falta de discernimiento (lo alegado por Francisco en su demanda) corresponde a la cónyuge. A falta de ésta, a los hijos. Para Felipe suponía que ahora su esposa tenía judicialmente el derecho para apersonarse al proceso y defenderlo del asedio neurosicológico.

Igual, el propio día de la boda, 8 de noviembre, se presentó en la ceremonia la jueza Raquel Centeno para interrogar a don Felipe acerca de la supuesta privación de libertad de la que él era víctima según sus hijos. La boda interrupta se convirtió automáticamente en tradición oral sanisidrina, versionada según con cuál de las partes simpatizaba el narrador. Y luego, por los personajes y fortuna en juego –un ex embajador, un canciller de la República, un patrimonio calculado entre US$ 50 o 60 millones– se transformó en noticia de portada, tal como lo fue en CARETAS # 2002.

El 27 de noviembre Felipe Tudela le manda una breve carta a sus hijos:

Querido Pancho:

Te mando esta nota para decirte que no puedo seguir con nuestras entrevistas o conversaciones mientras continúen los agravios dirigidos a mi persona y a mi mujer.

Ojalá al desistirse tú y tu hermano, de todas las acciones, esta situación cese en breve.

Tu papá.

Recientemente, a fines de enero, el Hábeas Corpus que los hijos Tudela presentaron a favor de su padre por privación de libertad y que fuera declarado fundado, ha sido revocado por la cuarta Sala Superior. El favorecido, el propio Felipe Tudela, ha declarado sentirse conforme con este fallo. Aun así Francisco Tudela ha declarado que no descarta apelar el caso ante el Tribunal Constitucional. Para él, según lo declaró anteriormente a RPP, este problema empezó en mayo del 2007, cuando su padre cambió el testamento. El pasado lunes agregó en la misma radio que se encuentra “horrorizado por el huaico de calumnias del consuegro de Graciela de Losada”, el abogado Carlos Rodrigo. “Lamento que el jefe de un estudio prestigioso baje, literalmente, al infierno…y esté junto con Satán urdiendo mentiras espantosas”, dijo en su personal estilo.

Entre Encefalogramas Y Resonancias

Felipe Tudela y Barreda, cultor de la austeridad y el perfil bajo, a quien la prensa ha recordado como agente del Estado peruano en el proceso de extradición que el gobierno de Odría siguió contra Víctor Raúl Haya de la Torre, tiene ya 92 años. Goza de buena salud con las naturales limitaciones que la edad le impone. Desde el segundo día de noviembre este proceso lo ha sometido a una serie de trajines que van desde la humillación hasta el absurdo. Desde tres exámenes médicos exhaustivos en un solo día, a incursiones policiales, manifestaciones judiciales y espera de dos horas en el Arzobispado de Lima para que le dijeran que la decisión de si podría casarse religiosamente dependía del párroco del María Reina. Este le dijo que para hacerlo tenía que hacerse un examen médico más.

Con el fin de probar su salud mental Tudela se ha sometido a una batería de exámenes, entre ellos una resonancia nuclear magnética cerebral con angioresonancia intracraneana, así como un Electro Encefalograma (EEG) computarizado digital. Estas concluyen que “se descarta con estos estudios un cuadro demencial que origine incapacidad de raciocinio”. Por ello la tesis de la falta de discernimiento está siendo reconsiderada en el discurso de la parte demandante. Ahora se incide en que estaría manejado por otras personas, entre ellas su reciente esposa. Las consecuencias de implantar como nueva causal de interdicción la docilidad conyugal del esposo podría hacer colapsar el Poder Judicial.

Tudela y Barreda, sin embargo, parece estar recuperándose del estrés emocional y sicológico que supone demostrar ante la ley y la sociedad –a pedido de sus hijos– que no ha perdido la capacidad de discernimiento. El indicio de esto es su firma. A comienzos del affaire era casi un garabato ilegible. Ahora ha cobrado firmeza y claridad. Es desde esa confianza recuperada que ahora el padre está buscando una conversación conciliatoria con sus hijos. Demandas aparte, son su sangre.

Las Razones de la Esposa

La respuesta de Graciela de Losada a los hijos de Felipe Tudela.
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Graciela de Losada de Tudela


Graciela de Losada Marrou, ahora esposa de Felipe Tudela, ha reclamado judicialmente ante el 12º Juzgado Tutelar de Familia su derecho a participar en el proceso. Cita entre las razones el artículo 288 del Código Civil, según el cual los cónyuges se deben mutuamente fidelidad y asistencia. “En este caso –dice ella– es obvio mi derecho a cooperar en la defensa de mi marido contra la acusación de incapacidad mental sostenida por los demandantes”.

Luego procede a negar la falta de discernimiento de su marido, aludiendo primero al resultado de las pruebas médicas a las que el se ha sometido con el neurólogo Juan Manuel Cabrera. Cita luego las diversas declaraciones tanto de Pipo como Francisco en las que estos incurrirían en contradicciones, y prosigue:

“Los demandantes reconocen –en contradicción con lo que señalan en su demanda– expresa y claramente que su padre NO es un incapaz absoluto, que NO tiene demencia senil. Incluso en el caso que fuese cierto que mi marido no tuviera “los elementos sensoriales para la administración de unas empresas” o “no prestar(a) atención al detalle” –como creen los demandantes–, ello no constituiría circunstancias suficientes para declarar la interdicción de mi marido, siendo que dichas afirmaciones distan de lo pretendido y alegado en este proceso: la demencia senil de mi marido. Felipe Tudela y Barreda (…)¨

“En efecto, señora Jueza, los demandantes –según sea su conveniencia consideran que su padre es demente senil o no, dependiendo de las circunstancias. Así, por ejemplo, para los demandantes mi marido, Felipe Tudela y Barreda, NO ERA DEMENTE SENIL cuando:

a) Recibieron de su padre US$ 920, 000 (Novecientos veinte mil y 00/100 dólares americanos), según órdenes de transferencias de 13 de marzo, 2, 16 y 27 de abril y 17 de agosto de 2007)

b) Recibió Francisco Tudela, el 21 de septiembre de 2007, el inmueble ubicado en Choquehuanca no 1414-1414 A, San Isidro, Lima.

c) Solicitaron el 19 de octubre de 2007, a su padre, a través de su abogado, Dr. Enrique Ghersi, que le transfiriera el íntegro de su patrimonio (…)

(…) Es decir, si mi marido, Felipe Tudela y Barreda, les entregaba el íntegro de su patrimonio a sus hijos, Juan Felipe y Francisco no hubieran solicitado la demanda de interdicción. Para eso no es incapaz. Tampoco lo era, en el supuesto de haberles transferido el íntegro de su patrimonio, de administrar sus rentas o realizar nuevas donaciones. Para eso no es incapaz. Pero cuando mi marido se niega a transferir el íntegro del patrimonio a favor de sus hijos, ahí si es incapaz, allí si es demente senil y desde hace varios años. Resulta especialmente ilustrativa la expresión utilizada por Francisco Tudela al señalar que la solicitud del anticipo de legítima fue “el recurso para evitar la interdicción”.

Es decir, para los demandantes la interdicción resultaba o no procedente dependiendo de si se les transfería o no el patrimonio. Francisco Tudela reiteradamente ha señalado que existe una extorsión porque su padre no lo quiere recibir mientras existan demandas contra él y contra mí. Yo me pregunto ¿quién extorsiona a quién?

Son las propias palabras de Francisco Tudela que resuelven este interrogante:

(…) “el tema del Adelanto de legítima. Yo lo que quiero señalar que ese fue el recurso para evitar la interdicción”.

Sobre las donaciones de Felipe Tudela a su ahora esposa, Francisco Tudela dijo en el programa Día D del 18 de noviembre que aquellas se les habían ocultado a los hijos. La señora responde en su escrito:

“Otra vez Francisco Tudela se aparta de la verdad al decir que se le ocultaron las donaciones realizadas por mi marido en mi favor. Si bien mi marido tiene todo el derecho legal de realizarme todas las donaciones que quiera, en tanto no exceda el tercio de libre disposición, no teniendo que pedir permiso u autorización a sus hijos, ni tener que comunicárselos, las donaciones hechas a mi favor fueron conocidas perfectamente por Francisco Tudela. Ello lo acredito con la declaración realizada por la Notaría Dannon, donde se formalizaron tales donaciones. En efecto, Francisco Tudela conoció de estas donaciones en mayo de 2005 y no en el 2007, como pretender hacer creer…(…)

‘”Incluso en el negado caso de que mi marido no hubiere informado a sus hijos de los regalos que me hacía, ¿no estaba en su derecho de hacerlo? ¿O es que requería contar con la autorización de sus hijos?”.

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