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Música El esplendor de los festivales de la canción parece renacer en próxima edición.

Nostalgia Festivalera

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Ancón, Ancón. Segundo Festival de la Canción de Ancón, en 1969. Aquel año “Macondo” (de Daniel Camino Diez Canseco) conquistó los oídos más exigentes.

El primer gran festival de la canción peruana –instruye Julio E. Barrera Labriega, agua helada en mano y short dominguero al cuete– se llevó a cabo en 1821. Fue convocado por Don José de San Martín: los ganadores fueron José de la Torre Ugarte en letra y José Bernardo Alcedo en música. Rosa Merino fue la intérprete la noche del 23 de setiembre de ese año, en el Teatro Principal, hoy Teatro Segura. El Municipal no existía como no existe ahora tampoco. Barrera, es decir Rulli Rendo, es uno de esos talentosos compositores y arreglistas que brillaron en los festivales de la canción. Otros fueron José Escajadillo, Juan Mosto Domecq, Augusto Polo Campos, Luis Abelardo Núñez y Juan Gonzalo Rose (el poeta que le compuso a Tania Libertad). Rendo demuestra su enciclopédico conocimiento de su majestad, el bolero. Pero también de la música criolla, la balada romántica, las toneras de ayer y hoy, el bolero cantinero, la replana, el pop y demás especies.

En 1960, Panamericana Televisión (Canal 13) inició un programa auspiciado por Backus & Johnston para su cerveza Cristal. Aquel show se llamó El Festival Cristal de la Canción Criolla, fue conducido por Carlos Alfonso Delgado y consistió en un homenaje semanal a algún compositor. Por ejemplo, Felipe Pinglo Alva, digamos con “El Plebeyo”. José ‘El Cumpa’ Donayre se encargaba de escribir los libretos de teatro costumbrista inspirados en la historia de la canción. Y Ricardo Roca Rey dirigía la obra con un elenco de la Asociación de Artistas Aficionados. Ese primer año –en 1960– el concurso de talentos fue ganado por Max Arroyo y Germán Zegarra con el valse “Rosa Té”, interpretado originalmente por la tercera conformación de Los Troveros Criollos. El festival tuvo tres ediciones; tres años por donde se pasearon músicos e intérpretes notables como el trío Los Chamas y Edith Barr.

Cerrada esa primera etapa criollona, los festivales internacionales de la canción empezaron con la primavera del ’66. El Club de Leones de Trujillo le encargó la organización del Festival de la Canción de Trujillo a David Odría. Fue un éxito: salieron valores como Kela Gates (quien se hiciera conocida por cantar con Los Belkings “Néctar de Verano”) y Claudio Fabri. Ambos aparecen por primera vez como intérprete y compositor, respectivamente, junto a su canción “Tan cerca del cielo”. También aparece un humilde vendedor de mercado llamado Leoncio Burgos con su “Amor Inolvidable”. Lucho Barrios lo grabaría posteriormente, y luego haría lo mismo todo el mundo cebollero de Latinoamérica. Otro espaldarazo fue el que recibió el ‘Mono’ César Altamirano, quien ganó el ’68 con la canción de Freddy Roland “Juego de Amor”. El ’69, Koko Montana y el propio Rendo ganan con “Si tú te vas”, el único tema sudamericano que grabaría Tito Puente. En adelante, aquel festival oiría a Lucía de la Cruz (que el ’73 canta “Vieja Limeña” de Augusto Polo Campos) y la de Homero (que el mismo año canta “Pecados”).

Pero ya en 1968 había empezado el Festival de la Canción de Ancón (para muchos nuestro Viña del Mar), organizado por Sono Radio y el Museo de Sitio de Ancón junto al diario El Comercio. Fue animado durante 4 años (’68-’71) por el ubicuo Pablo de Madalengoitia. Allí brilló una debutante: Gabriela (menos conocida como Gaby Valdivia). El segundo lugar, tras Gabriela, fue para el posterior himno del festival: la nuevaolera “Ancón, Ancón”. Alguna vez Ancón presentó dos intérpretes por cada canción. Era una forma de dejar en claro que se trataba de un festival de la canción, no un concurso de voces. El ’69 ve triunfar a Daniel Camino con su tema inspirado en Cien Años de Soledad, “Macondo”: el más exitoso que haya dado ese evento, pues terminó grabándose en varios idiomas y países. El Festival de Ancón regresaría por todo lo alto el ’74, para luego volverse a ir. Las luces se fueron apagando, y las apariciones festivaleras fueron siendo cada vez más esporádicas.

Además de aquellos grandes festivales, aparecen algunos esporádicos, pequeños como el Festival de la Canción Juvenil a fines de los sesenta y el Festival de la Canción de Arequipa en julio del ’69. También aparece el Festival de Paita. Ya el ’71 la atención vira hacia el Festival de la Canción de Sullana. En el género criollo ganó Augusto Polo Campos con “Yo tengo una pena”, con arreglos de Manolo Ávalos y la dirección de Freddy Roland. En el ’73 Rendo participa con “Un pañuelo y una flor”, en la voz de Homero. Pero en el ’73, el tema que ocupa el tercer lugar es que más destacaría con el tiempo: “Cholo soy”, de Luis Abanto Morales.

¿Por qué desaparecen los festivales? Para Rulli Rendo, porque en el Perú reina la inconstancia. “Cuando algo falla, nadie lo arregla: es una carrera de caballos con parada de borrico”. También por el terrorismo, que amenaza los festivales en todo el Perú (como el de Sullana). Los apagones, en cambio, fueron redituables para Rendo gracias a sus famosos ‘toques’. Pero eso es ya otra conversa.

Buscando Divos

El Festival de la Canción de Claro recibe a profesionales o amateurs, incluso grabando una canción con una sencilla guitarra de palo. Pero ésta debe ser inédita, registrada en una lengua nacional y por un peruano (más peros en www.festivalclaro.com). La convocatoria se ha extendido hasta el sábado 9 de febrero a mediodía. Entre el jurado se encuentran Susana Baca, Gian Marco, Leo Casas, Alberto Maraví, Cucho Peñaloza, Manongo Mujica, Alonso Rabí, Daniel Chappell y el shapi Jaime Moreyra. De ellos –y el talento peruano– dependerán las reuniones de karaoke de nuestros hijos. (C.C.)

Verano del ’78

Para el maestro japonés de la cocina, Toshiro Konishi, el Festival de Ancón del ’78 fue inolvidable. Ya el Festival andaba por su enésima edición. Toshiro cuenta que no sintió nervios de cantar el bolero “Amor eterno”. Con la soltura que aún demuestra, se hizo del cuarto puesto, detrás de figuras como Lucía de la Cruz. El popular achica precio no se achicó. Encima, se dio el gusto de ganarle a un despintado –e irreconocible– Ricardo Montaner, quien quedó en el quinto lugar. Quizás fue la nariz: Montaner ya había participado en festivales en Chiclayo, con similar suerte. En el ’81, además, se presentaría en el Festival de Huánuco, con mayor suerte y la dirección de Rulli Rendo.

En Ancón ’78 Toshiro, además, se llevó el premio de simpatía y popularidad, por su habitual gracia. Tras el festival, Enrique Lynch le ofreció grabar sus canciones en un disco. Pero Toshiro, con esa oriental serenidad con que arrancha la simpatía de los predios del figurettismo, decidió que lo suyo era cantar en la cocina. Los comensales lo agradecen.

 


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