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Nacional El cura de Montserrat y su Escuela de Promotoras de Desarrollo Comunal en Huachipa.

Buena Semilla (VER)

4 imágenes disponibles FOTOS 

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El padre Juan Serpa tendiendo puentes educativos. Fotos: Apolo Robles

Por Sebastián Zileri

En la última Conferencia Anual de Empresarios (CADE), celebrada en Trujillo, cuyo tema central era lograr un país más próspero y justo, estuvo entre otros Juan Enríquez Cabot, quien señaló la importancia de que los empresarios auspicien la educación de niños talentosos que normalmente no tienen la oportunidad de desarrollarse por falta de recursos.

Si hay alguien con experiencia en este tema es el Padre Juan Serpa, párroco de Montserrat y San Sebastián. El Padre Serpa, cargado de un sentido admirable de urgencia, es bien conocido por empresarios con quienes comparte esta visión desde hace más de tres décadas. Uniendo esfuerzos, han ido multiplicando frutos y logrando abrir cada día más oportunidades a aquellos que no las pueden alcanzar por sí mismos.

A la obra ampliamente conocida de Montserrat en el Centro de Lima, se le suma desde 1999 el Instituto Superior Tecnológico de Nuestra Señora de Montserrat, ubicado en Huachipa. En él, 150 alumnas provenientes de las zonas más pobres de la sierra y selva peruana, desde Cajamarca hasta Puno, pasando por Ayacucho, Andahuaylas, Cusco, Arequipa y Loreto, son preparadas para convertirse en Promotoras de Desarrollo Comunal de su pueblo.

El proceso de reclutamiento se hace a través de publicidad en los medios de comunicación de cada localidad, y las potenciales alumnas son evaluadas por el maestro de la escuela, las autoridades del pueblo y el párroco.

Una vez seleccionadas aquellas jóvenes con mayor potencial son enviadas a Lima, donde les toman un examen para asegurarse que su nivel académico de ingreso sea óptimo y estén en condiciones de asimilar la intensa carga de estudios. Algunas no pasan y son regresadas. Otras pasan pero no se acostumbran y también son regresadas.

Una vez adentro, las jóvenes son capacitadas en una variedad de oficios que van desde la crianza de animales menores entre conejos y cuyes, pasando por la elaboración de productos lácteos e inclusive instrucción para organizar actividades comerciales y de exportación.

También reciben capacitación para la fabricación de calzado, confección de prendas de vestir, tejido, computación, curtiembre, peletería, panadería y pastelería, entre otros.

Como quiera que en sus años mozos el Padre Serpa fuera Capellán y Profesor de la Escuela de Oficiales de la Policía, la formación incluye también el desarrollo de buenos hábitos como la disciplina de salir a correr a las 5 a.m., regresar, ducharse, cambiarse, participar cívicamente del izado de la bandera para comenzar las clases a las 8 a.m. Esta disciplina está garantizada por la Policía Femenina, que tiene a su cargo seguridad del internado gracias a un convenio entre ambas instituciones.

La formación espiritual está también presente y es la que cierra el círculo para asegurar que las jóvenes sean personas académicamente capaces, disciplinadas y educadas en buenos valores.

En una visita al instituto, uno puede comprobar que para graduarse será necesario, además de haber aprobado todos los cursos, presentar un proyecto de desarrollo especialmente preparado para su pueblo de origen, proyecto que es sustentado con la ayuda de un power point ante un jurado y todas sus compañeras presentes.

Luego de su graduación, tienen que cumplir con el compromiso firmado cuando llegaron de volver a sus pueblos de origen para poner en práctica sus conocimientos, mientras que el instituto les hace un seguimiento de por lo menos un año para asegurarse que así sea.

El Padre Serpa hace un llamado a las autoridades municipales y regionales para que les den trabajo, llamado que debe ser tomado como la oportunidad de contratar personal que viene con la garantía de estar óptimamente capacitado para realizar muchas labores.

Desde su fundación, las instalaciones de Huachipa han ido creciendo austera pero permanentemente. Tiene en la actualidad sólo unas tres de aulas diseñadas para ese fin y algunos otros ambientes que sirven de talleres. Sin embargo la visión es mayor, con el objetivo de aumentar el número de alumnas a 200 y luego 300 y así seguir creciendo.

Además, la idea es convertir el centro en un instituto técnico-pedagógico, que permitirá pasar de un internado de tres años a uno de cinco, egresando alumnas con título de profesoras técnicas a fin de tener todas las credenciales para iniciar actividades enseñanza también en sus pueblos.

Los cimientos para esta nueva etapa se encuentran actualmente en construcción. Se trata un nuevo pabellón con doce aulas y un auditorio, edificación que avanza a duras penas y que sólo será posible terminar con la ayuda de todos aquellos que aporten un granito de arena… una bolsita de cemento o un camión de ladrillos, fierro, concreto, vidrios, puertas, equipos de iluminación, etc.

Si usted quiere ayudar pero no tiene nada de eso, quizás pueda ayudar con lo que sí tiene. El instituto también necesita alimentar a sus internadas, todos los días, desayuno, almuerzo y comida. Necesitan vestirse, necesitan frazadas, almohadas, jabones y shampoo, entre otros. Sólo se requiere que deje de leer y se ponga pensar por un instante…

Por ejemplo, hace poco llegó una donación de una máquina para producir leche de soya, gracias al aporte del Club de Rotarios. Sólo falta la soya. Con sólo unos diez sacos de soya en grano, se puede echar a andar la máquina, permitiendo a las alumnas aprender su uso y preparar sus propios alimentos.

Todo esto traerá como beneficio lograr el objetivo mayor, que es promover el desarrollo del país, sembrando a estas jóvenes como semillas distribuidas por todo el país con una capacitación difícilmente alcanzable en su lugar de origen. Una oportunidad que soluciona también la situación especialmente crítica para las mujeres en estas zonas, ya que es a los hombres a quienes se les prioriza la educación, mientras que a ellas se les encomienda labores domésticas o de pastoreo.

La obra socio-educativa que lleva adelante el Padre Serpa es posible gracias también a un convenio entre el Estado y la Iglesia. El Estado paga los sueldos del personal docente y administrativo presentado por el párroco, mientras que la Parroquia construye y se hace cargo del mantenimiento, alimentación y otros con recursos propios y donaciones.

Hoy estará en Huachipa el Director General de Educación Superior y Técnico-Profesional del Ministerio de Educación, Manuel Solís Gómez, en visita oficial para ver la nueva curricula de educación con el fin de cimentar su paso de instituto tecnológico a instituto tecnológico pedagógico.

Para cualquier aporte que desee hacer, puede comunicarse con el Padre Serpa al 423-8487, con el instantáneo beneficio de encontrarse con uno de los hombres más simpáticos de la Tierra.

 


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