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Nacional Abriéndose paso entre halcones y gallinazos, Allan Wagner presenta la próxima semana demanda ante la Corte de La Haya por diferendo marítimo con Chile.

Vuelo a La Haya

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Allan Wagner.

La próxima semana el embajador Allan Wagner presentará formalmente la demanda peruana ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, Holanda, sobre la delimitación marítima con Chile.

El documento, de menos de 15 páginas, será entregado al secretario de la CIJ. Acompañará a Wagner la embajadora Marisol Agüero Colunga, asesora del Canciller José Antonio García Belaunde, en asuntos de Derechos del Mar.

Se inicia así formalmente un largo e importante litigio internacional que pondrá a prueba la madurez de las relaciones bilaterales con Chile. Se estima que la CIJ dictará sentencia dentro de cinco o seis años.

Algunos analistas consideran que la formalización de la demanda “encapsulará” el diferendo fronterizo peruano-chileno del curso general de nuestras intensas relaciones bilaterales.

No todos piensan así. Y, ciertamente, no todos quieren que eso ocurra.

Resulta elocuente que la campaña de denuestos contra Wagner y García Belaunde en las últimas semanas provenga de medios periodísticos filocastrenses como Expreso o abiertamente fujimontesinistas como La Razón.

Ya se sabe que usualmente los “halcones” de un lado y otro de la frontera tienen un interés casi obsesivo por el presupuesto militar.

Ahora resulta que Allan Wagner, dos veces Canciller de la República, y último ministro de Defensa, es una “paloma”. Pero, claro, sus detractores pretenden descalificarlo con el sanbenito de prochileno.

Al aceptar en diciembre último la responsabilidad de coordinar la estrategia jurídica peruana ante La Haya, Wagner cierra un círculo que él mismo inició 21 años atrás.

En 1986, siendo Wagner ministro de Relaciones Exteriores del primer gobierno de Alan García, Torre Tagle emitió la primera nota oficial (N. 5 – 4 – M/ 147) sobre la necesidad de adecuar la llamada “zona especial marítima fronteriza” a la legislación universal.

El embajador Juan Miguel Bákula fue encomendado a presentar el caso en Santiago ante el entonces canciller chileno Manuel del Valle. Fue “una tersa conversación”, recuerda Bákula en su enciclopédico tratado Perú: Entre la Realidad y la Utopía. 180 años de política exterior. (Fondo de Cultura Económica, 2002)

Pero no fue sino hasta el 2004, en el que el ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros planteó formalmente la existencia del diferendo marítimo.

El Perú plantea que el límite marítimo debe trazarse mediante una línea bisectriz o equidistante en lugar de una paralela. El área yuxtapuesta suma 37,000 Km2. Adicionalmente existe un segundo triángulo de 27,000 Km2 mar afuera que sería propiamente peruano.

El gobierno aspira a que el diferendo se asuma como una causa nacional. En los últimos días, el canciller García Belaunde y Wagner se reunieron con la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, el Acuerdo Nacional y líderes de varias tiendas políticas.

Ciertamente el diferendo con Chile corre el riesgo de ser explotado por la demagogia chauvinista como la del capitán Ollanta Humala.

Pero la impaciencia es mala consejera aquí.

Los plazos de la CIJ son largos, si bien predecibles. En diez meses, el Perú debe presentar la Memoria sustentatoria de la escueta demanda que se presentará. Y, Chile, tres meses adicionales para dar sus observaciones, siempre y cuando no cuestione la competencia de la Corte en el caso.

Chile ha reclutado al jurista chileno Francisco Orrego Vicuña con larga experiencia ante la CIJ en casos de múltiples países, entre ellos el propio.

La CIJ es presidida por la británica Rosalyn Higgins e integrada por 14 magistrados representantes de cada continente. Latinoamérica es representada por el venezolano Gonzalo Parra-Aranguren –quien pronto será reemplazado por un brasileño– , y el ex canciller de México, Bernardo Sepúlveda, cuando Wagner también lo fue en el 2001.

Torre Tagle estima los costos de la defensa en US$ 1 millón al año aproximadamente. Los estatutos de La Haya exigen absoluta reserva sobre el proceso hasta su conclusión. Las cartas ya están echadas.

 


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