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Derechos Humanos El macabro episodio por el que Italia pide extradición de Morales Bermúdez.

Fantasma Montonero

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Morales Bermúdez dio la cara, negó saber de las torturas y prometió ponerse a derecho.

La jueza italiana Luissiana Figliolia despidió el 2007 con el pedido de extradición de 140 ex dictadores, ministros y miembros de las Fuerzas Armadas de Argentina, Uruguay, Brasil, Bolivia y Paraguay. Algunos, como Augusto Pinochet, ya están muertos. Los nombres requeridos al Perú son nada menos que los del ex presidente Francisco Morales Bermúdez y su primer ministro Pedro Richter Prada.

La solicitud de Figliola, sustentada en las investigaciones del fiscal Giancarlo Capaldo, se basa en el asesinato de 25 italianos y descendientes de italianos en el contexto de la Operación Cóndor, el salvaje despliegue represivo que involucró a varias dictaduras de esta parte del continente y tuvo sus peores manifestaciones en Chile y Argentina.

Aunque no se han dado a conocer las razones de Figliolia para el caso peruano, lo más probable es que el testimonio de Morales Bermúdez sea requerido por el sonado secuestro de los montoneros argentinos en junio de 1980.

¿Cuánta responsabilidad puede caberle al ex presidente por esos macabros hechos? Cuando se perpetraron solo faltaban cincuenta días para transmitir el poder al gobierno civil. Morales Bermúdez había conducido una etapa de distensión e incluso el año anterior respetó los resultados en las urnas de la Asamblea Constituyente, que le dieron un tercio del hemiciclo a la izquierda marxista.

Pero varios dirigentes de esa añeja guardia, como Javier Diez Canseco, Ricardo Letts, Hugo Blanco y Genaro Ledesma, anunciaron el martes 8 que consideran denunciarlo penalmente.

EL PERIODISTA JOHN DINGES publicó el que se podría considerar el libro “definitivo” del tema: “Operación Cóndor. Una década de terrorismo internacional en el Cono Sur” (The New Press, 2004). Allí, entre una multitud de detalles, narra la creación del sistema Cóndor en noviembre de 1975 en el edificio de la Academia de Guerra de Santiago: “Durante casi una semana, coroneles, mayores y capitanes de seis países (sumando a Brasil como observador) se reunieron cada mañana bajo el techo arqueado de lo que podría haber sido una formal sala de banquetes. Eran todos oficiales de inteligencia, hombres cuyo trabajo era ahora derrotar lo que denominaban indistintamente subversión, terrorismo o comunismo internacional”. No hay delegación peruana mencionada.

Luego se pasó a la segunda fase, que consistió en ubicar a los objetivos en cualquiera de los países y devolverlos al de origen. Finalmente, la tercera fase implicaba la ubicación y eliminación de los “enemigos” en cualquier parte del mundo.

Estos métodos, en números de Dinges, costaron la vida a casi treinta mil opositores en los seis países.

A la defensa del ex presidente se ha sumado el ex canciller José de la Puente Radbill, que contó cómo en 1977 Morales Bermúdez no recibió a un grupo de militares chilenos, paraguayos y argentinos que intentaban tender puentes.

ES EN REALIDAD UN SOLO HECHO, el secuestro y tortura de los montoneros en Lima el 12 de junio de 1980, el fantasma que persigue hasta hoy al ex mandatario de facto.

En todo un capítulo del libro “Muerte en el Pentagonito” (Planeta, 2004), una fuente del periodista Ricardo Uceda describe con pasmosa meticulosidad las atroces torturas a las que militares argentinos sometieron durante tres días a tres montoneros en la base del Ejército de Playa Hondable, en Ancón. Personal del Servicio de Inteligencia del Ejército participó en las capturas y al menos habría tolerado los tormentos de María Inés Raverta, Federico Frías Alberga, Julio César Ramírez y María Giannetti de Molfino. Estos fueron deportados por el gobierno peruano a Bolivia, aunque el comunicado posterior no mencionaba a Frías. Ni de él ni de Reverta se supo más. Giannetti de Molfino, que más que militante era madre de montoneros, apareció misteriosamente muerta en Madrid semanas después. Había llegado a Madrid supuestamente acompañada por Ramírez, también desaparecido. El novelesco caso Molfino fue reconstruido en una completa crónica de CARETAS 619 en octubre de 1980.

Entrevistado por Uceda, Richter se defiende diciendo que solo cumplieron con “extrañar” a los montoneros que ingresaron al Perú de modo ilegal y que él ordenó que fueran entregados a las autoridades bolivianas porque en el Chile de Pinochet les esperaba “una muerte segura”. Para apoyar su versión proporcionó al autor del libro las fotos en las que se comprueba que a Bolivia llegaron con vida Raverta, Ramírez y de Molfino.

Tras conocerse el pedido de la jueza italiana, Morales Bermúdez dijo a radio CPN que “me hago responsable político de todo lo que ocurrió en mi gobierno”. Aceptó que ordenó la expulsión de los montoneros para que “no complicaran la vida política del Perú”, pero negó saber de las torturas.

La versión más extendida es que los argentinos habrían informado al Servicio de Inteligencia del Ejército peruano que los montoneros se encontraban en Lima para atentar contra la vida del dictador Rafael Videla. Se esperaba su visita para la transmisión de mando, la que finalmente no se produjo.

Morales Bermúdez le reconoció a Uceda que “montó en cólera” cuando se enteró que la deportación fue hecha hacia Bolivia. “Yo los habría enviado a México”, explicó, “donde ellos iban a estar seguros y nosotros sin problemas”.

AUNQUE LA SOLICITUD FORMAL de extradición no ha llegado al Perú, se sabe que los requeridos peruanos son cuatro. Además de los dos ex dignatarios mencionados podrían estar Martín Martínez Garay, Oswaldo Hernández Mendoza o José Césare Gutiérrez, que son desde 1998 los militares peruanos involucrados en la operación de los montoneros por el juez español Baltasar Garzón. El famoso magistrado que signó la suerte de Pinochet no pidió la extradición pero intentó, sin éxito, interrogarlos.

Morales Bermúdez afirma que está dispuesto a ir a declarar a Roma así el Ejecutivo no apruebe el pedido de la justicia Italiana. El presidente Alan García, como ha hecho “Lula” da Silva con los requeridos brasileños, ya dejó en claro que es muy lejana la posibilidad de acceder al exhorto de Figliolia.

 


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