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Personajes Sólido intelectual, Estuardo Núñez celebra 100 veranos de una vida entregada a la literatura.

Los Cien de Estuardo

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Estuardo Núñez

A Estuardo Núñez Haguen, que este año cumplirá cien años de vida, no podemos definirlo sino con muchas palabras: testigo del siglo XX, fino explorador de la palabra escrita y –probablemente– uno de nuestros últimos contactos vivos con la ilustración peruana. Con toda justicia, hace unos días la Pontificia Universidad Católica del Perú le otorgó el premio Southern Perú a la creatividad humana, en mérito a su trayectoria profesional y a su calidad de humanista y peruanista.

A lo largo de su inmensa obra de crítica e historia de la literatura peruana, que comprende los más autorizados estudios de la obra de Ricardo Palma, Vallejo y Eguren o el rescate de célebres figuras en nuestra literatura como Pedro de Olavide (1725), Estuardo Núñez nos revela el elíxir del oficio de leer.

Lo vemos por el año 1928, acompañando a su amigo Martín Adán en la memorable visita a José Carlos Mariátegui, para mostrarle la primera versión de La Casa de Cartón. La escena la cuenta Armando Bazán: “un poco azorados y balbuceantes al principio, tomaron a poco su perfecto aplomo, para lucir uno de ellos su agudeza de observación, su sentido del humor (Martín Adán)...; el otro su erudición literaria, su inclinación al análisis y a la crítica” (Estuardo Núñez). Y fue precisamente de los diálogos con Mariátegui que Rafael De la Fuente Benavides salió convertido en Martín Adán; para darle mayor expresividad a sus ideas sobre la completa transformación del simio en hombre; asociando Martín (todos los monos en Lima se llaman Martín) con el primer hombre.

¿Cuál habrá sido la conversión de Estuardo Núñez, fruto de estos impresionantes contactos aurorales? La pregunta debe ser respondida por los especialistas que su vida y obra demandan. Solo quisiéramos tomarnos la licencia de comentar tres aspectos, que a los lectores nos podrían proveer algunas pistas para alcanzar la eterna juventud: la búsqueda del Perú como fuente de la literatura, un avispado ojo explorador y su extraordinaria sensibilidad por las fuerzas expresivas del lenguaje.

Una parte importante de la obra de Estuardo Núñez está dedicada a identificar al Perú o la mirada de los peruanos como fuente de la literatura nacional y universal. Algunos títulos de sus libros no podrían ser mas ilustrativos: El Perú Visto por Viajeros (1973), España Vista por Viajeros Hispanoamericanos (1985), La Imagen del Mundo en la Literatura Peruana (1989), Las Letras de Francia y el Perú, (1997). Por ejemplo, nos recuerda la obra Alzire de Voltaire, que trata de una tragedia que transcurre en el Perú a inicios de la colonia, o las primeras y ácidas impresiones de Humboldt al observar la sociedad limeña de su época. Sigue los pasos a las traducciones que Palma hace de la obra poética de Víctor Hugo, o al recorrido de Arguedas por España a inicios de los sesentas, con la finalidad de investigar las comunidades campesinas españolas y establecer un parangón con las comunidades indígenas del Perú. De Vallejo concluye en que su obra contribuyó a enriquecer considerablemente la perspectiva de nuestra imagen del mundo... Abarcando toda España desintegrada y dolorosa, Vallejo se esforzó por ofrecernos poéticamente lo que él llamó la “imagen española de la muerte”...

El reflejo explorador de Estuardo Núñez lo ha llevado a continuar desempolvando viejos vínculos entre el Perú y la literatura universal. Entre sus fabulosos descubrimientos, guardo con mucha predilección sus trabajos sobre el intelectual cusqueño José Manuel Valdez y Palacios (nacido a inicios del siglo XIX); quien víctima de guerras intestinas parte al exilio a Brasil recorriendo la selva amazónica y escribe su libro Viaje del Cuzco a Belén en el Gran Pará por los ríos Vilcamayo, Ucayali y Amazonas. Lo interesante es que nada menos que Julio Verne, que podría haber coincidido con Valdez y Palacios en Francia (al parecer ambos estudiaron en París en la misma época), documenta su obra la Jangada con el libro del peruano, recreándolo como un personaje dentro de la historia. Pero Núñez se encarga de destacar algunas imprecisiones de Verne, quien refiere a Valdez y Palacios como brasilero, o de precisar que aquél toma buena parte de sus descripciones de la Amazonía para el trayecto que recorre la “Jangada” –la balsa ciudad–, desde Iquitos hasta Pará.

Nuestra última evocación corresponde a un fascículo de Núñez sobre la Enumeración caótica en la literatura peruana reciente (1976), que solo mi atracción por la obra estuardiana me permitió descubrir entre los libros viejos de la librería El Virrey de San Isidro. En este texto, Núñez identifica en la poesía peruana mayor, el recurso a desintegrar la sucesión de elementos congruentes para plasmar la expresión de lo subconsciente o la sugestión mágica. Baste el ejemplo de su amigo Martín Adán en La Casa de Cartón: ... La carta de Catita huele a soltería –a incienso, a flores secas, a jabón, a yeso, a botica, a leche–. Soltería emblemática con gafas de concha y un dedo de índice tieso.

Viejo vecino de Barranco, eximio sanmarquino, Director de la Biblioteca Nacional, hombre enamorado y retratado por su esposa, la pintora Cota Carvallo, Estuardo Núñez nos asegura la permanencia de la lectura... (Manuel Monteagudo Valdez)

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