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Carlos Eduardo Zavaleta presenta nueva novela, Con boleto de vuelta.

La Vuelta De Zavaleta

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Zavaleta lee del ejemplar que ha llenado de postits de colores, con los que ha perseguido a sus personajes por las 295 páginas.

Por fin, los cuerpos se levantaron de los bellos reclinatorios, la alegría y el alivio crecieron, la música les envolvía –Fíjese en esto, ¿eh? Que me ha costado bastante– la música les envolvía como un traje cálido, hecho por artistas geniales, muy superiores a ellos, pero que habían tenido la gentileza de bajar y acompañarles.

En su sala, junto a las ventanas que dejan ver el mar y el malecón de Miraflores lleno, esta mañana, de gente encontrándose con el verano, Carlos Eduardo Zavaleta lee con entusiasmo y entonación las últimas páginas de su libro, que sostiene con una mano mientras que con la otra precisa, alerta, señala en el aire.

Un peruano residente en Estados Unidos, investigador y profesor universitario, descubre una serie de hechos que desencadenarán en la segunda invasión a Irak. Esto, mientras planea y concreta el largo y complicado regreso a su tierra y a sus recuerdos, encarnados en la novia de la juventud. A su alrededor, el Perú violento de las décadas del ’80 al 2000 se narra en breves retratos (“como pequeños esbozos que luego conformarán un collage”) íntimos, distintos, del campo y la ciudad. Esta es, a grandes rasgos, Con boleto de vuelta (UNMSM, 2007), la nueva novela de Carlos Eduardo Zavaleta (Caraz, 1928), miembro de la Generación del ’50, que este año celebró sesenta años desde que –tras darse cuenta de que lo suyo no era Medicina, que ya estaba estudiando– escribió su primera novela, El cínico, que ganó los Juegos Florales de la Universidad de San Marcos en 1947. La obra sería publicada un año después y decomisada, casi al instante, por las huestes de Odría.

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Desde entonces, el autor de Pálido pero sereno (1997) se ha entregado a un trabajo prolífico, guiado por un afán renovador que le es, explica, totalmente necesario.

–¿Esa búsqueda la encuentra en los narradores que han surgido en los últimos años?
–Es una pregunta difícil, porque toca a otras personas que de buena fe se están esforzando. Creo que se necesita por lo menos diez años de distancia para opinar sobre un autor. Para mí fue muy difícil publicar, para ellos es más fácil, hasta pueden ponerlo en Internet. Celebro su formación intelectual y estilística. Pero tiene que haber un control de calidad: o ellos mismos son absolutamente rigurosos, o tendrán que recibir duros golpes. Como experiencia personal está muy bien, eso de sacar libros aquí y allá. ¿Cuántos quedarán? Ya se sabe que muy pocos.

–En el prólogo de Con boleto de vuelta, Miguel Ángel Huamán apunta que la crítica no ha leído ni entendido su obra a cabalidad. ¿Usted lo considera así?
–Por supuesto; han preferido leer sobre aquello que es fácil de publicar en el Perú, o lo que ya está escrito en el extranjero y enviado por grandes editoriales. He tenido editores que me ha dicho que no pueden publicarme, que es mucho, que es muy poco. De crítica especializada ahora hay poco, pero he tenido una enorme fortuna al ser elogiado por Jiménez Borja, Escobar, Cisneros, Oviedo, Cornejo Polar, González Vigil y Huamán.

–Por otro lado, a fines del 2004, el INC realizó un homenaje a la Generación del ’50. Entonces, CARETAS se preguntó si no era incoherente recibir una condecoración de un Estado que no había mostrado interés en su obra.
–Era un acto de contrición. Nos debían muchos galardones, y según el Ministerio de Educación, nos debieron dar dinero por los premios y no nos lo han dado. Soy el profesor más antiguo del Departamento de Letras de la UNMSM, adonde entré en 1958. Hasta ahora no nos dan los aumentos que fueron renovados por Toledo, porque este Presidente dice que primero nos van a evaluar. El Ministro de Educación no le ha informado que nos evalúan todos los años. Y después nos quieren llenar de elogios tardíos…

(Más allá, otras nueve obras de Zavaleta cubren la mesa del comedor: unas recientes (como Cuentos Brevísimos) y otras reediciones, aparecidas todas entre el 2006 y el 2007. Además, dos inéditos: Cervantes en el Perú y Antología Personal.)

–Pero en un país donde no se hace nada importante por la cultura –finaliza– al menos ese homenaje era algo.

Algo ni por asomo suficiente, eso es claro. (Rebeca Vaisman)

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