miércoles 17 de enero de 2018
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1993

11/Set/2007
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre EconomíaVER
Acceso libre ExtradiciónVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Tauromaquia
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Sólo para usuarios suscritos Tecno Vida
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Suplementos
Acceso libre AutomóvilesVER
Acceso libre MéxicoVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Terremoto Atención, Pisco: La reconstrucción de Arequipa, hace 47 años.

La Lección Arequipeña

4 imágenes disponibles FOTOS 

1993-arequipa-1-c.jpg

La Catedral de Arequipa, levantada en 1884 una vez más.

Pese a que la historia nacional está plagada de cataclismos y desastres naturales diversos, los peruanos mantienen (mantenemos) alejada la posibilidad de un epicentro cercano. Una mala costumbre que en Pisco ha demostrado, otra vez, sus proporciones mortíferas. Y que ahora, a punto de empezar la fase de reconstrucción, se hace notar en las voces que surgen para moldear la receta perfecta del resurgimiento, tan numerosas y divergentes que se deduce que nadie tiene una idea clara de nada. El mítico ingenio peruano para resolverlo todo sobre la marcha, como dicta la tradición, salta a la cancha. Pero también las lecciones del pasado.

En el Perú, la efectividad del gobierno de turno para llevar a cabo un proceso de reconstrucción ha sido siempre puesta en duda. El abanico de acusaciones es más o menos constante: desvío de donaciones, falta de ideas, incorrecto planeamiento urbanístico, mal gusto, etc. (uno de los casos más polémicos y nunca esclarecidos del todo es el de Huaraz, luego del terremoto de 1970). Los ejemplos de lo contrario son menos frecuentes, pero relevantes para el lento aprendizaje de la cultura sísmica del país: paradigmáticamente, la reconstrucción de Arequipa tras los terremotos sucesivos de 1958 y 1960.

El Escenario

Los sismos sucedieron con una diferencia de veinticuatro meses –el 15 de enero del 58 y el 13 de enero del 60 y con una intensidad promedio de IX en la escala Modificada de Mercalli–. La réplica más violenta sorprendió en marzo de 1960. Una inmensa nube de polvo cubrió la ciudad; las edificaciones de sillar dañadas durante el primer terremoto colapsaron; hubo apoteósicos derrumbes en las faldas del Misti; los distritos y pueblos de Tiabaya, Tingo, Huaranguillo, Tingo Grande, Sachaca, Alata, Arancota, Pampa de Camarones, Chullo y la urbanización Hunter sufrieron la destrucción del 90% de sus viviendas; en Charcani se quedaron sin fluido eléctrico; el sistema de desagüe y distribución de agua de la ciudad se dañó; las torres de la Catedral se rajaron –pero no cayeron porque habían sido reconstruidas después del terremoto de 1868–; la Iglesia de Santo Domingo se vino abajo casi por completo, quedando en pie solamente la portada lateral y una torre que había sido restaurada recientemente. Otros templos y edificaciones como la Iglesia de La Compañía, la Iglesia de La Merced, los conventos de Santa Rosa y Santa Catalina, fueron gravemente afectados.

El gobierno de Manuel Prado Ugarteche reaccionó con rapidez y decretó la creación de la Junta de Rehabilitación y Desarrollo de Arequipa (JRDA). El primer presidente de la JRDA fue el doctor Juan A. Bustamante de la Fuente, que tuvo la que suele ser la tarea más difícil de todo proceso: empezar. Y empezó prácticamente él solo, porque la ayuda técnica norteamericana se estaba tardando mucho. Bustamante dirigió la Junta con un presupuesto exiguo (40 mil soles de la época, que luego fueron elevados a 98 mil 500. Las donaciones extranjeras no fueron especialmente abundantes), pero ya a los cinco meses tenía un plan trienal de acción que tomaba en cuenta, aparte de la reconstrucción de las viviendas, la restauración de monumentos y la estrategia de promoción económica.

La Reconstrucción

Sin haber logrado obtener créditos en soles, Bustamante aplicó un plan de tres tipos de ayuda, según consta en el informe que la JRDA publicó en 1968: “En 1958 comenzó a levantarse (...) el campamento de Ciudad Mi Trabajo, para quienes quedaron totalmente desvalidos como consecuencia de los terremotos; el segundo programa se orientó a las barriadas o urbanizaciones populares, apoyándose las construcciones de viviendas; y el tercer plan fue a favor de la auténtica clase media, adquiriéndose para la Cooperativa de Fecia un terreno anexo a la fábrica de hilados Lanificio”.

Arequipeño e ingeniero civil, Eduardo Bedoya Forga fue miembro de la JRDA durante tres periodos (de 1964 a 1969) y recuerda una diferencia esencial de aquella época con la actual: “En la Junta no se hacía política. No había partidos, el partido era Arequipa”. Significa que la aparición de sardinas nacionalistas habría sido inconcebible. “Todos trabajaban ad honorem y eran empresarios arequipeños notables. La asamblea era de quince miembros de los cuales sólo cinco representaban al Ejecutivo. El resto pertenecía a instituciones diversas como sindicatos y colegios profesionales”. A grandes rasgos, la JRDA reconstruyó la ciudad a partir de un sistema denominado “de ayuda mutua”: los propios damnificados participaban en las obras y el Estado proveía los materiales. Se estableció un nuevo sistema de electrificación y se restauraron los monumentos mediante el Consejo Nacional de Monumentos Históricos, presidido por René Forga, quien fue clave a la hora de respetar minuciosamente el espíritu arquitectónico de la ciudad. El plan de desarrollo contempló, entre otros proyectos, la creación de la Fábrica de Cementos Yura, del Parque Industrial de Arequipa –con más de 40 fábricas beneficiadas por un plan de exoneración tributaria– y un plan vial cuya mayor obra fue la Variante de Uchumayo, la entrada principal de Arequipa. También se elaboraron los estudios completos a nivel de ejecución del Proyecto Majes. En suma, un proceso articulado y desprovisto de intenciones políticas que redundó a favor de la ciudad. Arequipa mantuvo su identidad. Es el reto intangible por el que debería empezar la reconstrucción de Pisco. (Giomar Silva)

Búsqueda | Mensaje | Revista