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Política Connotado aprista propone marcar distancia entre el partido y el gobierno.

Al Oído de Alfonso Ugarte

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En el último aniversario aprista la presión por puestos de trabajo se hizo evidente.

La confusión de criterios para la determinación y explicación de la relación entre el Partido Aprista y el Gobierno está originando situaciones ambiguas y peligrosas para la conducción actual y futura de la política nacional.

Cualquiera que hubiese sido el gobierno tendría que haber tomado como referencia los resultados electorales y la composición multipartidaria del Parlamento para fijar la estrategia de cambio en la estructura del Estado; un triunfo abrumador hubiese sido el sustento para originar modificaciones inmediatas y sustanciales en la vida socio-económica del país. Un triunfo no contundente hace imperativo un entendimiento de las fuerzas políticas en beneficio de su gobernabilidad y, consecuentemente, un cambio lento en las estructuras del país.

Esto último es, precisamente, lo que ha acontecido y justifica la estrategia del Presidente García. Pese a esta realidad, algunos miembros de la militancia aprista se obstinan –con mucho sentimiento, pero poca razón– en reclamar que el actual Gobierno se comporte como un “gobierno aprista”, con todas las obligaciones y derechos que esta definición supone.

La actual imprecisa relación entre el Partido Aprista y el Gobierno es tomada como pretexto por los antiapristas para presentar las medidas de corte neoliberal que la coyuntura obliga como una desviación ideológica del APRA.

Este escenario era previsible antes de las elecciones generales. El propio Partido Aprista y algunas otras agrupaciones políticas pretendieron formar una coalición electoral. Desgraciadamente, primó la ambición: todos aspiraron a encabezar dicha coalición, reclamando como premisa la designación del candidato antes que la formulación de un plan de gobierno consensuado.

El Partido Aprista concibió, como alternativa a esta fracasada coalición electoral, la creación de un llamado Frente Social que –aunque respondía a una postura política concordante con su concepción doctrinaria de Frente Único de Clases– no encontró, sin embargo, la acogida ciudadana suficiente y se limitó a constituir un numeroso grupo de amigos del Partido, en su mayoría aspirantes a ocupar escaños en el Parlamento o puestos en la administración publica.

La campaña electoral culminó con éxito para el Partido Aprista gracias a tres factores: un candidato de calidad extraordinaria, la contribución masiva, entusiasta y disciplinada de la militancia aprista; y, un factor que podría llamársele suerte o casualidad, determinado por los errores cometidos por sus opositores que coadyuvaron, en la primera vuelta, para que el candidato Alan García triunfara sobre la representante del conservadorismo, en un final de suspenso.

La victoria le correspondió al candidato Alan García, pero no tuvo la contundencia que garantizara, en el futuro, una gobernabilidad sin muchos problemas. Los resultados electorales fueron más expresivos en el caso del Parlamento.

La oportunidad de un nuevo gobierno, bajo el liderazgo del electo Presidente Alan García, resultó propicia para que tuviera la ocasión, a través de un justificado y exitoso protagonismo, de limpiar su imagen por los malos resultados de su anterior régimen.

Actitud comprensible y necesaria en tanto ella no permita a sus adversarios decir que se están desnaturalizando los principios doctrinarios fundamentales del aprismo. Para evitarlo es imprescindible advertir a su militancia, y a la ciudadanía en general, la distinción que debe establecerse entre los principios doctrinarios y las medidas políticas circunstanciales. Si bien es cierto que la temática doctrinaria aprista exige un ‘aggiornamiento’, principalmente en el campo de la economía, para introducir en ella los modernos conceptos del mercado y de la globalización, nada justifica que, por razones coyunturales explicables, se deje la impresión que el APRA ha dejado de ser un partido de izquierda democrática.

Fueron los resultados electorales, ratificados por los últimos regionales, los que motivaron al Presidente Alan García a formar un gabinete con mayoría conservadora e independiente. Son estas mismas circunstancias las que permiten afirmar que el Partido Aprista forma parte y lidera el presente régimen, pero que éste no es –para bien o para mal– el gobierno del Partido Aprista.

Sin embargo, tomando en consideración la transitoria debilidad electoral del APRA, se podría haber solucionado esta coyuntura buscando abierta y transparentemente, a través de un acuerdo, el apoyo de otros partidos, siempre bajo el liderazgo del presidente Alan García y con el activo respaldo del APRA, para lograr un gobierno consensuado. Experiencia similar que han vivido y viven otros países con resultados altamente positivos. Alternativa que consideramos aún se está a tiempo de adoptar. Con ella se podría conseguir los siguientes beneficios:

-Se lograría un gobierno más homogéneo, transparente y eficiente.

- También, la responsabilidad de gobernar se compartiría institucionalmente entre un mayor número de partidos políticos; en lugar de hacerlo singularmente entre personas, como sucede ahora.

- Se clarificaría la actual situación entre el APRA y el Gobierno, pues el compromiso y la participación quedarían mejor precisados a nivel institucional; evitándose así el eufemismo de llamar al presente régimen “gobierno aprista”.

- El gobierno tendría cualitativa y cuantitativamente una oposición menor, al asumir varios partidos la responsabilidad de cogobernar.

- La primera consecuencia de la conformación de un nuevo gobierno de participación institucional múltiple sería el cumplimiento de un plan de gobierno más realista que aquél fruto de la presión de una campaña electoral.

- Las exigencias para cumplir este nuevo plan de gobierno serían menos aleatorias y, además, se podría concretarlo en puntos trascendentes, como la reforma del Estado y la inversión en infraestructura.

- Los responsables sectoriales conocerían las posibilidades financieras y de tiempo realistamente disponibles para ejecutar sus planes.

- Se podría manejar con mayor eficiencia y prudencia el gasto social, permitiendo administrar la bonanza macroeconómica que tenemos, en previsión de futuras posibles crisis.

- Se facilitaría, por tanto, la necesidad de comprometer en el cumplimento de sus metas a los diversos partidos que lo integrasen.

- El manejo político del Parlamento sería menos arduo.

- El Presidente Alan García, apoyándose en el Partido Aprista, mantendría su rol gravitante en la dirección del gobierno, avalado por el tino político hasta ahora puesto en evidencia, en beneficio de la gobernabilidad del país.

- Las limitaciones para una mayor participación de la militancia aprista en el gobierno tendrían un argumento más racional.

- Mirando al futuro, el Partido Aprista tendría una justificada explicación por las actuales soluciones neoliberales que hoy exige adoptar la consolidación macro-económica.

- Las críticas al Gobierno formuladas por el poder mediático y los politólogos de oposición serían menos acerbas.

Ésta es una proposición que consideramos fruto de un pragmatismo político para ayudar a solucionar ahora el escabroso problema de nuestra gobernabilidad. (Alberto Vera La Rosa)

 


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