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21/Jun/2007
 
 
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Cultural Gonzalo Higueras, conocido por haber planeado el secuestro de Mariano Querol, reaparece. Esta vez, con una novela bajo el brazo.

Regreso de Novela

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“Es una inversión mía y también me han ayudado. El tiraje es de 400; si la respuesta es buena, se puede sacar más.” También trabaja en su música.

Está preocupado por las preguntas que se le harán, por la entrevista, y se entiende. Al margen de lo que de él se pueda pensar, Gonzalo Higueras tiene tres hijos, y por ellos duda.

Ahora bien, Mariano Querol tiene también tres hijos. En 1996 -mientras el psiquiatra era retenido en una celda de Chosica por los esbirros convocados por Higueras-, Antonio Querol, uno de ellos, vivía en Lima. Sus hermanos Andrea y Daniel se le unieron desde Venezuela, la primera, y Alemania, el segundo. Juntos hicieron frente al suplicio de la incertidumbre y las negociaciones durante los dieciocho días que duró el cautiverio de su padre. Juntos lo recibieron cuando fue liberado.

A Gonzalo Higueras se le sentenció a catorce años de prisión. Luego de cumplir tres, se acogió en 1999 al beneficio de semilibertad que le fue concedido por el Consejo Penitenciario de Piura. Sus cómplices permanecieron en la cárcel. Se supo que el entonces congresista Rafael Rey, amigo de Higueras, se reunió con Vladimiro Montesinos a comienzos de 1998 y abogó por él. En CARETAS 1668, el mismo Rey sostuvo que pidió a Montesinos que tuviera en cuenta que Higueras no era un delincuente, como sí lo eran quienes conformaban las bandas de secuestradores que el SIN investigaba. Dijo a esta revista, también, que la libertad conseguida por Higueras nada tenía que ver con aquella reunión.

Ocho años han pasado desde la liberación de Higueras. Desde un primer momento este se mostró arrepentido por el daño causado a la familia Querol, y a la suya. Ahora, explica que en este tiempo de contrición se ha volcado a una afición temprana, la música (sobre todo la criolla, de la que tiene varias composiciones que espera hacer públicas pronto), y a dos más recientes: la pintura y la escritura.

Esta última motiva la reunión: Higueras ha publicado una novela, su primera criatura literaria, “Cuernos de Luna” (Edición del autor, 2007): Renato Cisneros, a punto de morir, repasa los momentos más felices de su vida. En su caso, estos se inician en la adolescencia con la figura de una mujer mayor, francesa, llamada –como para que esto último quede claro– Françoise, y continúan por una serie de nombres y rostros femeninos. Este es, en poquísimas líneas, el argumento de las 229 páginas que discurren por la memoria amatoria de su protagonista. “Porque en el recuerdo es donde está la felicidad”, agrega Higueras.

“He querido transmitir erotismo pero sin procacidad. Esta es una sensualidad... no sé si llamarla ‘alturada’, pero sí sana. He tratado de olvidarme de la parte vulgar del sexo”, explica.

–¿Cuál es el límite para ti, teniendo en cuenta que tú y tu familia están relacionados al Opus Dei?
–La inspiración ha traspasado los límites. He tenido algunas dudas de presentarlo, justamente por mi entorno. Pero lo consulté con mi familia y aunque las opiniones fueron diversas, al final me dijeron que si era una inspiración debía seguir adelante.

–Dices que en el recuerdo es donde esta la felicidad.
–Creo que las personas somos muy desmemoriadas, nos olvidamos muchas veces de los hechos que nos marcan la vida.

En la solapa del libro se lee: “Trabajó como empresario en los rubros de construcción y textilería, hasta que circunstancias abruptas lo obligaron a retirarse de toda actividad convencional en 1996”.

“Nunca podré olvidar lo que pasó. Y cuando lo recuerdo, es como si se hiciera una nueva herida sobre la vieja”, dice.

–Es cierto: la memoria, a veces, es frágil. ¿Pero crees que la gente se ha olvidado?
–De ninguna manera.

–¿Cómo esperas que se reciba tu libro?
–Con un poco de tolerancia. Que se pueda separar lo que he sido y lo que quiero ser: una persona buena; no la que fui. Que reciban mi novela con gratitud, pues ha sido un esfuerzo, a pesar de que no es una gran novela. Si se pudiera premiar ese esfuerzo con una lectura, es lo único que yo quisiera.

–¿Has pensado que esto podría no suceder?
–Soy conciente de eso. Pero pienso que la gente también puede ver que una persona como yo, normal, sencilla y simple, tiene otras aspiraciones. Lo que pasó fue terrible, pero estoy asumiendo, enfrentándome a mis miedos. Todos los días me enfrento a un fantasma distinto.

–¿Comprendes lo que pasó?
–Es un hecho y no quiero darle más vueltas, sino seguir tranquilo con las armas que tengo: una familia maravillosa, tres hijos increíbles. Ya está comprendido, entendido y terminado.

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Mariano Querol ha leído sólo el primer capítulo, pero ha podido llegar a algunas conclusiones: “La edición me gusta, los desnudos que la ilustran son lindos. Pero la prosa me parece pesada, con lugares comunes. Pero esto no se trata de una crítica literaria”, empieza el psiquiatra. “Me da gusto que una persona que ha delinquido esté en un proceso de recuperación que le permita hacer esto. Pero me han saltado dudas: ¿Lo habrá escrito él? ¿De dónde ha sacado la plata para una edición tan lujosa? Cabe suponer que la familia lo ha ayudado una vez más.”

“Parece que la clase alta piurana conforma un clan. Cuando me he encontrado con alguno de ellos, me dice: ‘Ay, doctor, claro que lo conozco a usted. Pobre, ¿no?’ ‘No se preocupe, felizmente me he recuperado’, respondo. ‘No, bueno... digo, pobre Higueras...’. Compadecer al victimario y no a la víctima es una desatención a la mínima noción de ética”, explica Querol.

“Me sorprende que a una persona dedicada a los negocios y a asuntos frívolos –según tengo entendido– ahora le surja una vena literaria. Es una demostración de que el proceso de recuperación esta en marcha. Claro que él no cumplió con la condena que le tocaba y su familia –que vino aquí mismo, a este consultorio, a disculparse- no nos resarció de los gastos y el dinero del rescate que no se recuperó, a lo que se comprometió. ¿Puede una recuperación ser completa cuando la familia recurre a sus influencias, a través de una institución tan proterva como el Opus Dei, para sacarlo antes de la cárcel?”, se pregunta Querol, y finaliza: “Sea como fuere, me ha dado gusto; ojalá que haya sido honesto y espero que le vaya bien con la venta”. (Rebeca Vaisman)

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