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14/Jun/2007
 
 
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A sus 88 años, el fundador del Partido Popular Cristiano (PPC) da una mirada crítica al panorama político actual.

Luis Bedoya Reyes: El Patriarca en Otoño

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Suerte edil. En 1966, cuando era alcalde, flanqueado y besado por Miss Universo, la sueca Margaretta Arvidsson, y Miss América, María Reminji.

Padre. Padre del PPC, padre de Lourdes, padre de Lucho, padre de Javier, padre del “Zanjón”, padre de la democracia. Padre de padres. Marlboro en mano, ojos reilones, nariz a prueba de balas, lucidez, vanidad y picardía. Luis Fernán Bedoya Reyes, 88 años, abogado, se anuda la corbata para irse a su estudio. Quiso ser profesor cuando joven, pero la política se le cruzó en el camino. Y no, no está de acuerdo con eso de ser él, y el PPC, de lo poco que queda de la clase política tradicional.

–¿Cómo se mantiene usted tan en forma a los 88 años?
–Yo no he perdido ninguna de mis facultades, y te diré algo que escuché una vez de Haya de la Torre: “Tu vejez será como ha sido tu juventud”.

–¿Y cómo fue su juventud, don Lucho?
–Yo he sido integrante del equipo de fútbol y de básquet en mi colegio, deportista de frontón con la mano (handball) en el Regatas Lima, he sido remero, jinete, pero nunca me gustó competir, porque esa tentación, ahora, te puede conducir a un infarto. Si lo que quieres es hacer un deporte y no competir, no te excedas en nada, no dejes de beber pero no chupes cualquier cosa; no dejes de tener los ojos listos porque la belleza está por encima de tu voluntad y responde a tu instinto pero no abuses, regúlate bien. Si cumples esos preceptos, llegarás como yo estoy llegando.

–¿Quién lo bautizó a usted como el Tucán?
–En una licitación de la Municipalidad de Lima habían dos competidores muy fuertes, unos alemanes y otros franceses. Uno de los representantes de los franceses era nada menos que Sofocleto, mortal a la hora que aplicaba su humor. Resulta que los franceses llegaron muy retrasados y tuve que decirle a mi buen amigo Sofocleto: “Llegaste tarde”. Esto le dolió mucho, y como tenía sus venganzas me pintó como el pájaro de pico largo, feo y emplumado a ratos, brillante pero no siempre airoso: Tucán. Esto fue cuando íbamos a entrar a un proceso electoral, así que tuve que torcerle la broma y jugar con Tucán, tucan-didato, tu-can, tu-candidato. ¡No tienes idea cómo lo amargó! (ríe)

–¿De quién sacó la nariz? ¿Padre? ¿Madre?
Papá. De chicos nos ponía de perfil a todos los hermanos y en la pared, con una luz fuerte, se dibujaban las narices, todas muy parecidas, muuuy parecidas (ríe).

–¿Añora la Lima de otros tiempos?
Esa otra Lima está resurgiendo entre sus escombros y hoy día le hacemos culto al valse, a la marinera, otra vez vamos por los dulces antiguos y tradicionales. Lima se va encontrando a sí misma pero ya bajo el prisma del provinciano que se acriolló, pues ese ya no regresa a la provincia, ese ya se queda en Lima. Si uno examina Lima, ésta es un mosaico de clubes departamentales donde se congregan los que vienen de cada lugar sin importar cómo les ha ido en la vida. Ellos trajeron su parte y la inyectaron en la capital.

–Hagamos un ejercicio, le daré nombres y usted me dirá lo primero que se le viene a la mente:
–Alan: expectativa.
–Haya de la Torre: consagrado.
–Velasco: impredecible.
–Odría: mal acostumbrado.
Abimael: equivocado desde los orígenes.
–Humala: improvisado.
–Belaunde: arquitecto, en consecuencia, buscando el equilibrio permanente.
–Vargas Llosa: brillante con la pluma.
–Fujimori: oriental.
–Lourdes Flores: gran expectativa.
–Luis Bedoya Reyes: pasado.
–Sus dos hijos: brillantes, pero les he hecho sombra mucho tiempo.

–Hablando de política, ¿considera usted que hay un verdadero cambio en la estrategia de Alan García si es que lo comparamos con su primer gobierno?
–Alan García es un hombre que tiene magnetismo sobre la multitud. Al igual que Haya tiene una especie de ida y vuelta en la comunicabilidad con los que lo escuchan. Expresa y expone a nivel común temas abstrusos y difíciles, es decir, vulgariza, y tiene la soltura de quien habla con una memoria prodigiosa, realiza sus discursos sin papel.

–Vaya, es usted muy generoso.
–Yo nunca he desconocido las posibilidades de los competidores y los adversarios.

–Sí, está probada su habilidad ¿Y qué cambios ve en él?
–Nos hemos encontrado después de tiempo. Tú sabes que la cordialidad entre hombres puede expresarse a través de un apretón de manos y en ocasiones también de un abrazo, así que, la vez que nos vimos le pulsé la cintura (ríe), y no hay truco que valga, ha cambiado: el hombre es puro rollo (ríe).

–¿Y ve otro tipo de crecimiento en él, fuera de sus carnes, claro?
–Hablando en serio, muchos discrepan conmigo en esto que te voy a decir: es un hombre que en los años de autodestierro ha aprendido mucho de los políticos europeos, como fue el caso de Manuel Prado, a quien algún día se le reconocerá, pues llevó a los ministerios públicos a hombres que no le eran cercanos sino más bien opuestos, pero que eran hombres extraordinarios como Jorge Basadre, Pedro Beltrán, Raúl Porras Barrenechea. En virtud de esa escuela europea se llama a quien vale, aunque esté en campos distintos e incluso adversos y es lo que Alan García está aprendiendo, esas formas de entender el manejo del gobierno.

–¿Alan y el APRA son lo mismo?
–En este segundo gobierno me imagino que él tiene una lucha interior entre sus dogmas antiguos y sus conocimientos actuales. El ha cambiado, su partido no. Y esas son parte de las tiranteces que presumiblemente se deben estar generando.

–Pongo a su reflexión un comentario del periodista Aldo Mariátegui, quien dice que lo que debería hacer el alcalde Castañeda con el Zanjón es de una vez terminar de ampliar su recorrido y empalmarlo con la Panamericana Sur, tal como era el proyecto original que paralizó Velasco.
–La gente siempre quiere ponerles un sello personal a las cosas. Por eso lo que hace el anterior no vale, vale lo que haces tú, genio del día, y, por desgracia, esto es lo que ha ocurrido a través del tiempo con la Vía Expresa. Esta no fue ideada como una solución única sino que interactuaba con el tren subterráneo, que se haría a lo largo del carril central de la Vía Expresa; una cosa sin la otra no tenía sentido porque tarde o temprano esa vía se congestionaría y vendrían los parches, los reacondicionamientos. Por eso el problema subsiste.

–¿Por qué se dice que Velasco Alvarado frustró su proyecto de realizar el tren subterráneo integrado a la Vía Expresa?
–Velasco lo frustró en otro sentido. Cuando yo estaba terminando la Vía Expresa se tomó como pretexto una deuda del municipio de La Victoria, con la cual yo no tenía nada que ver, y tuvimos que paralizar todo, incluso ya con puentes y huecos abiertos. Llegó a pequeñeces como robar la placa chiquita con mi nombre que había debajo del puente de Javier Prado. Años después la encontré en los almacenes de la municipalidad de Lima en el Rímac. Ellos mismos la habían sacado.

–Es que usted izó a media asta la bandera cuando Velasco tomó el poder…
–Esa mañana en que se produjo el golpe de Velasco, llego al municipio a las 6:00 a.m. y lo primero que hago es poner la bandera a media asta en señal de duelo. Después de pelearme y burlarme de su ministro de Gobierno, Armando Artola, a quien poníamos viajando en el cohete a la luna, una forma de tomar el pelo pero sin agredir, se vengaron conmigo quitándome recursos que yo tenía para las obras, recursos que ni siquiera eran del gobierno, pues los habíamos obtenido nosotros casi de casualidad.

–¿Cómo fue esa casualidad?
–Yendo a Formosa, Argentina, por trabajo conocí a don Fernando Berckemeyer, quien estaba casado con la hija de uno de los mayores accionistas del Bank of America. Berckemeyer había dejado de ser embajador de Perú en Washington y estaba dolido, quería demostrarle a Belaunde que tenía el poder y los recursos y, de una manera bastante espontánea, me consiguió un préstamo de diez millones de dólares del Bank of America en condiciones realmente irrebatibles para el país. Belaunde se quedó impresionado, pues yo había regresado a Lima con un dinero, para la Vía Expresa, que ni siquiera había ido a buscar (ríe).

–¿Qué pasa con Lourdes Flores Nano?
–La gente es muy injusta. Lourdes Flores, con sus tres millones de votos, ha ganado una batalla que es revolucionaria: convencer al país de que una mujer puede ser presidenta, cosa que en un país machista como el Perú era inadmisible.

–¿Insistirán con ella como candidata presidencial?
–A mí me gustaría por una razón muy simple: hasta ahora no veo a la mujer que surja con los niveles que ella adquirió. Eso expresa una especie de clamor que subyace frente al hombre machista: las mujeres atropelladas necesitan ver a las mujeres insurgentes.

–Usted integró hace mucho tiempo el Fredemo que apoyó la candidatura de Vargas Llosa, ¿cómo hubiera sido ese gobierno?
–Evidentemente a Mario la política lo cogió novato… pero ahora ha madurado como analista político. Para mí mucho más interesantes que sus novelas son sus análisis políticos. El pasará a la historia como un analista conceptual consistente.

–Ser analista político es muy distinto a ser presidente…
–La ventaja de un hombre con cultura europea en un país como el nuestro le habría dado una direccionalidad a la política económica. Chile nos sacó la ventaja en su propia rectificación de la política económica, nosotros todavía tenemos aquí la fiebre un poco palúdica de gente que sigue con la mentalidad de hace treinta años. ¿Por qué nos dejaron a nosotros abandonados?, porque decíamos cosas que ahora todos dicen pero que en esos tiempos eran barbaridades.

–¿Qué “barbaridades” decían entonces el PPC y el Fredemo?
–Libre iniciativa, respeto a la propiedad, campo abierto para el riesgo asumido por cada uno, el Estado cuando es indispensable y necesario, pero no más…

De lo que se trata, dice el patriarca, es de tener “prudencia en la política frente a la demagogia y el populismo”. A punto de cumplir 90, debe darle gusto constatar que esas barbaridades por las que tanto luchó, dejaron de ser tales y ahora forman parte de la civilización política actual. En hora buena.

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