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08/Mar/2007
 
 
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Cultural Morella Petrozzi celebra 20 años de su grupo “Danza Viva” con montaje ecologista.

Guerrera en la Tierra

3 imágenes disponibles FOTOS 

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“Me preguntan por qué pongo cara de mala, con los pelos parados. Lo que pasa es que interpreto personajes fuertes. Porque el arte tiene que golpear”. Del 15 al 24 en el ICPNA (Jr. Cusco 446, Lima).

Que vive para su danza y su danza es ella, había dicho Morella, un día antes. Ahora está parada en medio del salón, cubierta en barro porque en su próximo montaje encarna el lamento de la tierra. Frente al espejo acomoda un inmenso caparazón sobre su espalda. Se inclina y encorva, y apoya manos y rodillas en lo que hasta hace poco fue el piso de la sala de baile, y que ella ha convertido en un basural. El barro en la piel va formando escamas. (Pintura dorada ilumina la metamorfosis.) Cuatro patas, lento arrastrase por el suelo. Morella Petrozzi, bailarina, se va convirtiendo en un animal. “Mujer-tortuga”, dice, mirándose nuevamente en el espejo.

Un viaje a Tumbes, y su paisaje de aridez, inutilidad y animales muertos originaron “Tierra Baldía”, su nueva pieza de danza. Su granito de arena desde el escenario, explica. “Yo antes quería cambiar el mundo y lloraba porque no entendía tanta injusticia. Ahora sigo intentando cambiarlo, pero desde mi trinchera. Con mi danza yo lucho contra la hipocresía y la represión”.
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Una noche, Morella cerró los ojos asustada. “Nunca me voy a casar”, se dijo, y más que una determinación, fue una revelación. Sus palabras le sabían a miedo. Tenía trece años.

Había estado leyendo “El Segundo Sexo” de Simone de Beauvoir. Y aunque era poco lo que había entendido, algo sentía adentro. Algo que la asustó esa noche. Y en lo que sólo pudo explorar años después, a los diecinueve, cuando dejó Lima y se fue a estudiar danza contemporánea a la Universidad Western Michigan, en Nueva York. Ahí, además de graduarse de bachiller en Bellas Artes en Danza y hacer una maestría en el Sarah Lawrence College, obtuvo un diploma en estudios de la mujer. “Así que yo no hablo por los ovarios: tengo estudios en política, salud y filosofía de la mujer”, aclara. “Era inevitable que tanta injusticia generara una furia positiva desde muy joven en mí. Pero con los años me he dado cuenta que no debo llevar esa furia como una Biblia bajo el brazo”.
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“La mujer ha retrocedido”, sentencia Morella, y demuestra sus palabras con un ejemplo comprensiblemente cercano a ella: “Fíjate en esta nueva forma de bailar, en el perreo. Es un hombre lleno de joyas, un pimp que hace el amor como un semental, con mujeres que lo rodean, bailando al ritmo de estas groserías. Y las chiquillas bailando felices.”

–¿Reconoces algún cambio positivo concreto?
–Creo que quienes están impulsando los cambios en grupos específicos de mujeres –campesinas, obreras- son las ONG (Organizaciones No Gubernamentales). Ellas hacen lo que no hace el Estado, y han sido criticadas hace poco. Por otro lado, se ha aumentado las penas a los violadores, un tema que a todo el mundo atemorizaba. (Pero no estoy de acuerdo con la pena de muerte.) También ha aumentado la representación de las mujeres en puestos del Estado.

Luego, un intento de libre asociación para el que se recurre a algunos nombres femeninos que suenan (o disuenan). Pilar Mazzetti: “La critican por las patrullas policiales, pero cuando trajo la pastilla del día siguiente, ahí sí que fue atacada. Y la píldora es otro cambio concreto para las mujeres”. Eliane Karp: “Comparto su posición político-social como mujer internacional del siglo XXI”. Cecilia Bákula: “No sé cómo le irá porque me he alejado del INC; me aburrió. Sólo voy cuando quiero presentar un espectáculo y tengo que pagar. Porque la danza contemporánea no está dentro de las artes exoneradas, no es considerada cultura”.

A las mujeres que admira no las conoce por nombre propio. Sabe que son fuertes, con coraje. Que lloran, pero que no les afecta el qué dirán, “porque caminan escuchando a su corazón”, dice. “Son mujeres que se definen a sí mismas”.

–¿El cuerpo femenino aún está en la línea de fuego?
–Tres modelos peruanas acaban de sacar su calendario. Esa curvatura en la parte lumbar es una enfermedad y se llama lordosis. Es una postura equivocada. Pero las chicas saben que eso vende, así que posan y ya van a sacar la segunda edición de su calendario. Felizmente se ha avanzado algo en el tema del cuerpo. En las pasarelas se exige un peso mínimo a las modelos. Pero, como siempre, se ha esperado a que muchísimas chicas mueran, porque esto no es reciente. Así es el ser humano: espera hasta el final. (Rebeca Vaisman)

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