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Edición 1966

08/Mar/2007
 
 
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Humor Doctora Tudela Loveday ausculta impulsos, actos fallidos y chismes de las políticas.

La China Tudela Dixit

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No fue fácil encontrarla. Las pistas acerca de su paradero oscilaban entre un instituto de limpieza colónica extrema en San Francisco y el proverbial templo del gurú Cachaparada en Bombay, India. Fue en este último lugar, sometida a la silente penitencia del bambú, que la doctora Tudela Loveday fue encontrada por CARETAS. Haciendo un paréntesis en su higiene espiritual, la doctora Tudela accedió a un breve pero sustancioso intercambio electrónico en torno a su especialidad, la sicología, para someter a análisis a las mujeres protagonistas de la política contemporánea. Si bien su rango analítico abarca temas más allá de los estrictamente académicos –jaladas de cara, pintas cuestionables y linajes encubiertos, por ejemplo– su testimonio constituye un aporte infaltable en los estudios de género. Estando las feministas, por supuesto, en su derecho a discrepar sobre esto.

¿En dónde residía el secreto de Pilar Mazzetti para transpirar honradez a prueba de balas? ¿Eran los conjuntos de polyester con aplicaciones, hombreras y manga corta? ¿El peinado pre píldora del dia siguiente?
–Ay no sé, cholito, pero estoy absolutamente segura de que, pucha, todo ese follón que le armaron a la pobre, no puede sino venir del core gay del APRA para agarrarse el ministerio. O sea, ¿tú te imaginas que pueda ser corrupta una mujer que ha elegido vestirse como ventanillera de agencia de SEDAPAL de Huaycán? En la vida, pues: Pilar, como la esposa del César (pobre César), no solo es honrada sino que parece honrada. Es más, yo obligaría a todas las funcionarias del Estado a usar esos sastres entallados de manga corta y hombrera porque son el ícono de la probidad, sobre todo si vienen en percalita melón. Con los aretes sí estoy en duda pero caracho, o sea, si es neuróloga, divorciada, leída y escribida, no le pidas que encima sepa distinguir un árbol de navidad de su esquema corporal, yo sé que tú me entiendes.

¿Cómo tolera Cecilia Blume codearse en un almuerzo de anchoveta y palta con la crema y nata de Alfonso Ugarte, rodeada de tintes capilares y mocasines Calimod?
–Ah, es que ese es el lado Cillóniz de mi amiga Sissi. No saaaabes cómo son los Cillóniz de choleros, creo que en su árbol genealógico hay una rama de chachacomo, qué quieres que te diga. Pucha, cuando yo la veo en los noticieros sentada al costado de alguno de esos caballeros apristas que más parecen animadores de picantería, o sea, ahí es que introyecto la noción de sacrificio que ni las monjas del colegio me pudieron inocular contándome los padecimientos de santa María Goretti.

–Si los ojos son el reflejo del alma, ¿qué lee en la mirada de Lourdes Alcorta?
–Tú sabes que con lo distraída que soy, cuando la vi en campaña pensé que era un antiguo aviso de Limonada Purgante Leonard, esa que les daban a los chicos estreñidos de antes con el argumento de que si no la tomas, eso viene en la noche a jalarte la pata. Pobre, debe haber sufrido horrores en la vida, ¿no te parece? Y ahora que me la mencionas, pucha, me acabo de acordar que una vez le hice el test de Roscharch porque quería presentarse al comando de las Águilas Negras. No sabes, en las manchas de tinta más tenebrosas, esas donde el más insensato ve murciélagos rabiosos, pucha, me decía que le saque el espejo de adelante. Claro, mi informe recomendaba que en lugar de las Águilas Negras, cómo te explico, la comadre estaba para el pabellón de agitados del Asesor.

–Meche Cabanillas ha pulido su imagen personal, pero hay algo que aún le falta para que su imagen pueda agarrarse de tú a tú con Josefina Townsend, por citar a alguien. ¿Qué le falta?
–Ay Meche, Meche, ¿te has fijado que cada seis meses se hace jalar la cara de nuevo? Lo que pasa es que –esto es chisme de consultorio– parece que la primera vez que se hizo un lifting (cuando te estiraban con rodillo manual de lavadora), le dijo al doctor que quería parecerse a una bailarina de mambo que se llamaba Daisy Guzmán, ¿te acuerdas que bailaba con Pérez Prado? Pero bueno, pensando que el doctor sabía de quién hablaba, la Meche solo dijo “Daisy”, y claro, le hicieron la cara de la Pata Daisy, como te habrás dado cuenta. Lo que pasa es que con los años el diseño va agarrando una versión entre la esposa del Pato Donad, el viejo renegón de los Muppets y su poco del padre Durand, que Dios lo tenga en la gloria.

–La ministra Susana Pinilla, con una guitarra y cuatro valses, no le va a ganar a Roxana Valdivieso. ¿El perreo pituco sería una alternativa?
–Ay, tú sabes que ella en los gloriosos setentas tuvo en Miraflores una peña de protesta folclórica que se llamaba Wifala y que era regia, no te imaginas. Llena de esas gringas tipo Lori Berenson, que bailaban huaylarsh como si fuera a go go, los sobacos llenos de pelos y felices con el primer Túpac Amaru que se les ponía por delante. Claro, entre esos tiempos y hoy ha pasado horrores de agua bajo el puente y horrores de bisturíes clínicos e ideológicos también y regio, porque solo Dios y Alan García no cambian, ¿no te parece? Ahora, que me da vergüenza ajena escucharla cantar a capella ‘ódiame por piedad yo te lo pido’ en una inauguración de microempresa, para qué te lo voy a negar. Pero cholo, peores cosas hay en esta vida.

–¿ La salida del mercado del Fataché podría obstaculizar la dinámica ministerial de Mercedes Aráoz?
–Yo no sé pero creo que ella está haciendo in pectore la fusión entre Prompex y Promperú, como si simbólicamente se hubiera comido a los dos sectores, sin tomar ni un vaso de agua al medio, pobre. Aprovecho, ya que estamos en el tema, para expresar mi más absoluta disconfomidad, pucha, con la encuesta de CARETAS de fin del año pasado, donde Meche salía primera en la lista de las mejor vestidas. Es cierto que tiene su estilacho pero cholito, a veces se aparece con unos conjuntos de jean talla teen que no se los recomendaría ni a mi sobrina anoréxica. Y claro, entre el mondongo que se rebela, el morongote que pide su espacio y el michelín que está que se ahoga, ay no sé, prefiero hasta el look de Inés Temple, aunque la Magdalena no esté para tafetanes ni mi amiga para minifaldas.

–Nancy Obregón ya va a palacio y se sienta a la mesa. ¿El poder acabará por sensualizar su nervio radical?
–Pucha, te juro que estoy impresionada con la chica Palomino. De cuando paraba por el VRAE tirándole piedras al pobre Nils Ericsson a acá, ay no sé, es como para pensar que el Paleolítico está en verdad más próximo hacia atrás de lo que imaginaba el mismísimo Darwin. ¿Te has fijado que hasta se arregla las uñas y ya no se hace la sonada china de la nariz? Me parece regio, para qué te voy a mentir, es como lo que está pasando con Saga, cholo, que donde abre, con los créditos tan bajos que tiene, pucha, está produciendo que la gente ahora parezca más globalizada, al menos por fuera, yo sé que tú me entiendes.

–¿Cómo explicarle a Nadine Heredia que la campaña ya terminó y no tiene que seguir con el polito rojo de por vida?
–Ay cholo, a estas ultronas de la de Lima yo las tengo clasificadísimas. Se visten siempre igual porque así se sienten las protagonistas de una canción de Silvio Rodríguez y no se dan cuenta de que terminan pareciendo manifestantes del SUTEP al día siguiente del examen de OBE en el que se las jalaron. Te juro que me da una cólera la mechuda. Si estuviera en mí, hace rato que la hubiera llevado a despiojar, a hacerse un discreto corte con cerquillo y sobre todo, a trabajar en algo bueno y constructivo, como por ejemplo, pucha, de yambalista, que la infraestructura ya la tiene.

–Descartado de raíz el pacto secreto con el gobierno, ¿podria decirse que las coincidencias entre Keiko y Alan son de índole astrológica, gastronómicas, filosófica?
–Ay no, cholito, acá no hay coincidencias ni astrología, lo que pasa es que la gorda se ha dado al trague como una posesa como una compensación, pucha, a que el maridete se le esté yendo con otra. ¿Qué, no sabías? Ay, en qué país vives. Resulta que el gringo zampatortas ese no había sido tan zonzo como parecía y apenas se dio cuenta de que al Chino-ojo-de-puñalada-en-cuero-de-chancho las cosas se les ponían difíciles, dijo esta no es conmigo y se levantó a una compañera de college, de esas que en el cine comen pop corn con mantequilla mientras el novio le agarra la chichi. La pobre Keiko, que insensible no es sino criada en el pragmatismo, pucha, no ha encontrado otra vía para paliar su desconsuelo que el delivery del Pizza Hut. Con decirte que Apenkai le está mandando ropa donada pero por las tiendas de tallas especiales, hijo, saldos que ni allá tienen salida por excesivos, cómo te explico. (Rafo Léon)

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