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Edición 1966

08/Mar/2007
 
 
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El Regreso de la Nutria

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El viernes pasado una nutria apareció, tomando el sol en el caminito entre los árboles a la orilla del río y nuestra poza de patos.

Nadie había visto una nutria aquí en los últimos 30 años. No sabía si debía salir a contarle a todo el mundo o mantener el secreto como cuando uno descubre una nueva cebichería.

La nutria que se deslizó dentro de la poza junto con los patos migratorios del Canadá era “un pez con dos tipos de pulmones” según Fernando, nuestro jardinero, añadiendo de que tenía un tono “plateadito”. Eso demuestra el mucho tiempo transcurrido desde que nuestros paisanos del Urubamba, a 2,800 m.s.n.m. hayan visto una nutria a las orillas del río Vilcanota. La Señora Ana, nuestra ama de llaves, fue menos imaginativa y más precisa: “era como un gato, marroncito con una cola chata, como en los dibujos animados de la tele”.

Ahora, todos sabemos que el Vilcanota, que nace en las alturas detrás de Cusco y es el río principal del Valle Sagrado, circundando Machu Picchu, está sucio, muy contaminado y cada día peor. La mayor parte de los vertidos industriales y de las aguas residuales vienen directamente del mismo Cusco vía el río Huatanay, un afluente que actualmente es sólo una acequia apestosa.

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Estoy sorprendido, en primer lugar, que aún haya allá peces para que la nutria pueda alimentarse. Pero tenemos que suponer que los peces, truchas invariablemente, y la nutria se están tomando el trabajo de adaptarse a la civilización. Hay truchas en todos los riachuelos que descienden de los nevados hacia el río principal. El otro día me encontré deambulando en el valle del Chicón con una niña de 10 años de edad y su hermanita de 4, cargando un viejo balde de pintura que contenía media docena de truchas entre 15 y 20 cms. de largo. Ella me explicó que había capturado cinco y la hermanita una, echadas en la orilla y con la mano quieta en el agua esperando hasta que una trucha se metiese entre los dedos. Entonces la atrapa y avienta sobre su hombro. En Inglaterra, nosotros de chicos y también los cazadores furtivos, llamábamos a esta práctica “cosquillear” la trucha.

Por coincidencia, el otro día, el New York Times reportó que un castor había fijado su residencia en el río del Bronx entre los rascacielos. Por lo cual mi nutria urubambina quizás no sea tan extraña después de todo.

Las nutrias son un poco como las lechuzas, universales. Uno las puede encontrar en los pantanos de la parte baja del Eufrates; en el norte de Europa, por todo Norte América y, por supuesto, en los ríos de Sud América. También hay nutrias de mar, incluso en la costa peruana. Han habido bestsellers sobre nutrias domesticadas tales como “Tarka the Otter” y “Ring of Bright Water”.

Aún se pueden encontrar nutrias en los lugares más remotos de la selva. Hace algunos años yo y mis hijos observamos durante media hora una manada de nutrias en un lago en el Parque Nacional del Manu, del otro lado de las montañas del Urubamba. Uno de las nutrias más adultas salió a la superficie con un impresionante pez de medio metro agitándose en su boca. Se instaló sobre un tronco de árbol caído a pocos metros de varios cachorros de nutria que inmediatamente empezaron a ladrar y saltar. Luego de un rato el papá se dedicó a mordisquear una buena parte del pescado y luego dejó que los cachorros vengan a engullir el resto. Me estaba sintiendo muy orgulloso de ser padre cuando mi esposa me dijo “Estoy bastante segura que esa era la madre”.

Lo que ha acabado con las nutrias en muchas partes de la selva ha sido el continuo uso de dinamita en los lagos y en ciertos tramos de río o el uso más tradicional de barbasco, el veneno natural que arrojan al agua. Las dos cosas matan a todo lo que hay a su alrededor. Aunque las nutrias seguramente son suficientemente astutas como para escapar de estas agresiones, ya no queda alimento para ellas. Hoy en día, cuando la gente come pescado en los pueblos selváticos y sus alrededores, generalmente se trata de atún enlatado, proveniente de la costa.

Se me ocurrió darme una vueltita por el vivero de truchas para comprar un balde lleno a S/. 10 el kilo y echar los peces en mi poza de patos donde encontré la nutria. Pero en el caso improbable de que tuviese éxito, estaría enganchándome con una familia de nutrias. Una noción encantadora pero que me daría tanta preocupación como me dan mis propios hijos y seguramente me saldría casi tan caro.

 


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