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Actualidad Nuevo avioncito presidencial y los problemas de espacio para líderes que quieren alzar vuelo en fecha central aprista.

El Día de la Intimidad (VER)

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Pronto vamos a poder estirar las piernas. El martes 20, el presidente Alan García y su resignado ministro Allan Wagner hicieron ensayo de despacho en la cabina del Falcon de 1984.

Una descarga nerviosa sacude la columna vertebral de Alfonso Ugarte. Nadie, ni en los círculos más cercanos al mandatario, puede confirmar la presencia de Alan García en el acto político por el Día de la Fraternidad programado para el viernes 23.

Con un Presidente resuelto a marcar la agenda y abocado a declaraciones diarias que abarcan cualquier acápite de la enciclopedia Larousse, ¿importa un histriónico discurso más?

Para la mayoría de apristas la respuesta es un sí rotundo.

La pugna actual librada al interior de la cúpula aprista no se mide tanto por declaraciones y titulares en los periódicos como por las ovaciones o silencios que despiertan a su paso los dirigentes en los actos conmemorativos del cumpleaños de Haya de la Torre. Y los guiños de García, anota un miembro del Ejecutivo, determinarán la línea partidaria en los años por venir.

Pero las preocupaciones actuales del Presidente, llevadas al peligroso extremo de vender el avión presidencial, parecen tener otro vuelo.

Fichas en Disputa

La organización Nuevos Rumbos es conformada por destacados apristas de viejo cuño (CARETAS 1932). Tras el mitin del viernes darán a conocer un pronunciamiento en el que reconocen la necesidad que tiene el gobierno de establecer alianzas con sectores más conservadores.

Para el ex ministro Alberto Vera la Rosa “algunas de estas medidas, perfectamente justificables para la gobernabilidad del país, presentan inconvenientes desde el punto de vista del futuro del partido. Por eso recomendamos la separación de las funciones de los apristas involucrados en el gobierno de las de los dirigentes del partido”.

Nuevos Rumbos propone “la realización de un Congreso nacional, plural y democrático, que actualice al Partido en los campos ideológicos, programáticos, organizativos y funcionales, desprovisto de todo afán eleccionario interno, que permita superar las presentes obligaciones gubernamentales sin menoscabo de su futuro”.

Aquel “afán eleccionario” parece mover varias brújulas.

Las recientes declaraciones del congresista y secretario general Mauricio Mulder sobre el derecho que tiene la militancia al acceso a más plazas de trabajo parecen calzar en un discurso reeleccionista con miras a mayo, a menos que AGP extienda el plazo.

Para el catedrático e investigador Iván Hinojosa los carnetizados “se enfrentan a un problema bastante concreto: menos oportunidades para encontrar un puesto público. Todo ello, además, en un clima mediático hipersensible al ingreso de apristas al aparato estatal”.

Los cálculos apristas de los miembros profesionales del partido que esperan chamba están alrededor de las cincuenta mil personas (CARETAS 1942).

Lo más probable es que los tres fraternos rivales –Jorge del Castillo, Mercedes Cabanillas y Mauricio Mulder– prefieran dejar, por el momento, las piezas enrocadas en su lugar. El premier no perseguirá la reelección a la Secretaría General. Cabanillas preferiría seguir al frente del Parlamento y es cada vez más evidente que Luis Alva Castro jugará sus cartas para sucederla. De hecho, a Del Castillo le conviene que su oponente política, Cabanillas, mantenga el timón del Legislativo y no torpedee su permanencia en un premierato que, sostienen sus allegados, ha pensado en prolongar al menos por un par de años.

¿Quién sigue? Para Hinojosa, parlamentarios como Javier Velásquez Quesquén, César Zumaeta, Luis Gonzales Posada o Aurelio Pastor “tienen una presencia pública de apristas importantes pero no cuentan con un electorado claramente identificable o una base social dentro de la organización. Distinto ocurre con Luis Negreiros, quien es asociado con posiciones pro sindicatos y pro trabajadores. Precisamente, por ello, es uno de los más criticados por la prensa adversaria de estas causas. Difícilmente, entonces, sería una carta de recambio a la actual dirección a no ser que García busque dentro de algún tiempo un alfil a su izquierda”.

Las decisiones al respecto que el presidente anuncie posiblemente el viernes serían el último eslabón en una cadena de días de fraternidad que suman, en su caso, un cuarto de siglo.

Historia Fraterna

En 1982, como lo reconoció Luis Alberto Sánchez en CARETAS, el partido estaba “dividido, conmovido por una tremenda crisis moral y en trance de encarar una alternativa que Haya había planteado ya: unirse o desaparecer”. Muerto el líder y tras la derrota de 1980, el cisma que representaba el expulsado Andrés Townsend parecía llevar al APRA al desbarrancadero.

Entonces el joven diputado García secundó a Sánchez en su exigencia de investigar y separar a quienes estuvieran vinculados al narcotraficante Carlos Langberg, de cuyas estrechas vinculaciones apristas advirtió CARETAS.

García asumió la Secretaría General en diciembre de 1982. El mitin de febrero de aquel año y el de febrero siguiente parecieron eventos salidos de organizaciones distintas. Si en 1982 esta revista vio “arranques de senilidad agresiva” en el secretario general Fernando León de Vivero, al año siguiente su sucesor hacía creer “que por sus venas circula sangre de vodevil. Si no, ¿cómo explicar esa maravillosa imitación de Haya de la Torre en los gestos, la voz silbante, los desplazamientos leoninos por el precario estrado?”.

Un año después García escogió el cumpleaños de Haya para romper los fuegos de la campaña presidencial. “El acto destacaba el nuevo estilo escenográfico impuesto por el secretario general”, registró CARETAS 788. De telonero y padrino ejerció Luis Alberto Sánchez, quien se refirió a él como el “mozallón de 35 años”.

En 1985, como candidato puntero, y en 1986 encabezó la batería de discursos en Trujillo y, en ambos casos, sangrientos atentados senderistas precedieron y acompañaron el encuentro aprista.

Pero fue en 1987 cuando el tabladillo se le comenzó a zarandear de verdad. “Lo que sucede en este día de la Fraternidad es especial”, fue anotado aquí. “Se trata de una fraternidad de arrecife, donde las especies luchan por su nicho ecológico. Hay quienes dicen que el PAP siempre fue así, que siempre anidó la animosidad claustrofóbica de viejos miembros de un internado”. Luis Alva Castro, Luis Negreiros y el propio Villanueva parecían tentar tempranamente la siguiente candidatura presidencial.

Si el viernes García no asiste a la cuadra 10 de Alfonso Ugarte tendría antecedentes para mostrar. En 1989 tampoco fue y le dejó el camino libre al secretario general Alva Castro.

Tras su regreso del exilio, García moduló sus discursos de fines de febrero según soplaba el viento político. La oposición a Alejandro Toledo se fue acentuando con el transcurso de su gobierno. Siempre postuló la urgencia de modernizar al partido, pero también insistió en armar el Frente Social con actores distintos y cultivó el voto de los jóvenes. El año pasado, en la recta final de la primera vuelta, el Día de la Fraternidad tal como lo conocíamos se hizo humo en un periplo proselitista por Huancayo y La Oroya.

A medida que se acercaban las elecciones, García tomó distancia de los viejos rituales apristas. “La gente no viene a compartir (en la vida partidaria) una cosmovisión y una emoción histórica”, ya advertía a CARETAS en diciembre del 2001. “Eso pasó”.

Un colaborador muy cercano considera que García debería abstenerse de intervenir en un evento partidario de esa naturaleza porque “es el Presidente de todos los peruanos”. Teme además que una frase emocionada o sacada de contexto frente a la militancia le cueste mucho entre los medios entusiastas para cazar gazapos. El año pasado luchaba por votos y hoy llega a acomodar su metro noventa y tres en un apretado chuspi presidencial que le permita mantener su popularidad en altitudes saludables. (Enrique Chávez)

 


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