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Salud y Bienestar

El Caso de los Conejillos Humanos Desamparados

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El Ministerio de Salud pretende autorizar, la próxima semana, experimentos en pacientes humanos, privándolos de póliza de seguros. También quiere permitir que esas pruebas se puedan hacer en consultorios privados. El Dr. Uriel García plantea objeciones y propone salidas.

El Ministerio de Salud podría aprobar, el 1 de marzo, las modificaciones del Reglamento de Ensayos Clínicos, que autoriza los experimentos en pacientes sin póliza de seguros y hasta en consultorios privados. El hecho ha desatado el airado reclamo de médicos y asociaciones de derechos humanos, quienes ven en la medida excesivas ventajas para los laboratorios, en perjuicio de los llamados “conejillos de indias peruanos”.

Hay que meditar, a propósito de una propuesta de modificación de un reglamento para regular los experimentos en los que es indispensable el uso de humanos (niños, ancianos, hombres o mujeres) como conejillos de indias.

El año pasado, antes del cambio de gobierno, se promulgó un reglamento que constituyó un avance, pues resguardaba los derechos de quienes se someten voluntariamente, se supone, a ser sujetos de experimentación, especialmente para tratar de averiguar la eficacia de nuevos medicamentos.

La maquinaria burocrática del Ministerio de Salud ha puesto en discusión un número de modificaciones que anulan los buenos aspectos del aludido reglamento dado en la gestión de Pilar Mazzetti.

El primer problema es que se quita el seguro de salud para los conejillos. No se sabe los efectos secundarios tóxicos o indeseables que puedan tener los medicamentos que se estén ensayando. Lamentables ejemplos desastrosos ya han ocurrido hace poco. El actual Reglamento de Ensayos Clínicos con Seres Humanos contiene esa indispensable defensa que ahora se propone eliminar.

Receta Ilegible

Hay que considerar que, con el incomprensible aval de la Organización Mundial de Comercio (OMC) y el sospechoso silencio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los experimentos en humanos son protegidos por el secreto, como si se tratase de un simple bien industrial negociable, sin tener en cuenta que la sangre, los órganos, los fluidos y las angustias de humanos del tercer mundo han sido usados para conocer los efectos de los productos administrados en los experimentos.

Si se prueban los beneficios del remedio en estudio, lo cobrarán a precios de usura. Y, si no, quizás, con desmedro de la salud de los conejillos, los resultados quedarán en un secreto garantizado por la Organización de las Naciones Unidas, que se fundó, entre otras consideraciones, para que los experimentos realizados por médicos nazis en sus prisioneros nunca más pudieran realizarse. Treinta médicos alemanes, entre ellos el famoso malariólogo Klauss Schilling, fueron ahorcados por sus secretos trabajos científicos con sus prisioneros judíos.

El idioma de las recetas para los experimentos debe ser el oficial. No se puede concebir que para otorgar el permiso, el idioma usado no sea el español cuando los partícipes son cholos nativos. Se debe suponer que los revisores de los protocolos de los experimentos propuestos tienen que ser cuidadosamente escrutados aquí, en nuestro territorio, donde el idioma oficial es el español.

A propósito, en Estados Unidos, por ejemplo, en los comités de revisión hay representantes de la sociedad organizada. Es así que sugerimos que se utilice a instituciones como INDECOPI y la Defensoría del Pueblo para que formen parte, con voz y voto, de esos organismos revisores. (Uriel García Cáceres)*

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* Médico patólogo, ex ministro de Salud.

 


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