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Seguridad La catedrática Heidi Spitzer narra en exclusiva las inhumanas condiciones en que vivió durante 25 días de secuestro.

‘He Vuelto A la Vida’

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Su fortaleza como madre la ayudó a sobrevivir los 25 días de su cautiverio y a superar la pesadilla.

Los secuestros marcaron el derrotero criminal del año que pasó. Según la Policía, en el 2006 se registraron 24 plagios mayores en Lima, entre otros tantos ‘al paso’. El caso más sonado fue, sin duda, el de Heidi Spitzer, catedrática de la Universidad Católica y directora de una ONG que promueve el desarrollo del adulto mayor. Una banda armada la secuestró el 29 de setiembre en Miraflores. Permaneció 25 días cautiva, lo que convirtió al plagio en el más prolongado del año. Fue finalmente liberada el 24 de octubre, luego de que su familia pagara un rescate de US$ 42,000. Tres meses después, Spitzer recibió a CARETAS para relatar aquella angustiante pesadilla que ha trastocado su vida para siempre. Este es su conmovedor testimonio.

La noche de su secuestro Heidi Spitzer, de 45 años, había asistido a un cóctel en la Embajada de China para gestionar ciertas colaboraciones para los proyectos de su ONG ‘Adulto Feliz’. Llevaba puesto un elegante abrigo, un conjunto sastre y tacones. Antes de regresar a su casa detuvo su camioneta Mercedes Benz dorada en la tienda de alquiler de videos Blockbuster, en Miraflores. Su hijo menor viajaba con ella. Tenían planeado pasar la noche de ese sábado 29 viendo películas. Eran aproximadamente las ocho de la noche, cuando Spitzer abandonó la tienda.

Ahora, tres meses después, sentada cómodamente en la terraza de su casa miraflorina, ella sólo recuerda los gritos de ese momento. Y los insultos de la docena de delincuentes armados que la redujo. Pensó que moriría allí mismo.

Los primeros días del cautiverio, recuerda, fueron los más duros. La tenían encapuchada y maniatada en un colchón sobre el piso. Así, inmovilizada, en inhumanas condiciones, permaneció por 25 días.

“El cuerpo no me daba. Me sentía peor que un animal porque al menos al perro lo sueltas en el parque para que camine. Estaba muy carente de afecto. Quería que alguien me agarre la mano y me diga: no te preocupes, estoy contigo”, cuenta.

Le dolía pensar en ellsufrimiento de su familia. “No hacía otra cosa que llorar, pero me di cuenta que nada ganaba. Y decidí cambiar...”.

Fuerza Interior

Su espiritualidad y fortaleza fueron los pilares de su supervivencia. Recuerda que afrontó la situación barajando dos opciones: desesperarse o tratar de mantener la serenidad. Escogió lo segundo.

“He hecho meditación tibetana, pero esto era distinto porque se trataba de un ambiente hostil, donde el cuerpo te tiembla. Estás inmovilizada, amedrentada. Hice algo que era nuevo para mí: las oraciones en voz alta para obviar el ruido que hacían con la radio a todo volumen. Esto último me daba dolores de cabeza”, sostiene.

Spitzer repetía todos los días la misma oración: “Dios padre, pongo mi alma en tus manos, te la doy con todo el ardor de mi corazón porque te amo y es para mí una necesidad de amor el darme y entregarme entre tus manos con infinita confianza porque tú eres mi padre. Amén”.

A los secuestradores les llamaba la atención la serenidad de la mujer a la que tenían cautiva. Incluso, según cuenta, algunas veces podía percatarse que, bien bajito, sus captores rezaban con ella.

“Racionalmente sabía que estaba en un ambiente muy incierto y agresivo, pero sentía que estaba cubierta por un manto que me protegía. Me imagino que la gente siente eso cuando va a morir”.

Catedrática de gestión social de la Católica y siempre dispuesta a ayudar al adulto mayor, Spitzer era hiperactiva, impulsiva. La actitud calma que asumió durante su secuestro le sorprendió a ella misma.

“Hubo un momento en que me pusieron unas granadas en las manos y un arma en la cabeza. Me dijeron que tenía que mandar mensajes a mi familia para conseguir dinero. Entonces les dije: ‘me pueden matar o hacerme lo que quieran, he vivido intensamente. Estoy reconciliada con la muerte’. Ellos se desesperaban”, asegura la catedrática y sonríe por primera vez.

Los captores supusieron que Spitzer no era la millonaria que ellos imaginaron en un inicio. El negociador que asesoraba a la familia les advirtió que era imposible reunir US$ 1 millón que ellos exigían. Las negociaciones se truncaron durante 12 días. En ese tiempo los pillos no se comunicaron con la familia, pero usaron una treta.

Le dijeron a la catedrática que sus familiares se negaban a pagar por su rescate. Ella les creyó. “Sólo tenía la información que ellos me daban y estaba indignada. Me preguntaba: ¿qué pasa acá? Luego entendí que era una de sus muchas tácticas para quebrarme”, narra.

Libre, al Fin

La catedrática rememora: “Antes me habían dicho que me iban a liberar, pero nada. Esa noche (24 de octubre) me lo repitieron, pero dije: Dios, que se haga tu voluntad”.

Recuerda que los delincuentes le dijeron que rece. Luego sintió que la sacaban de la guarida y, de pronto, se encontró caminando vendada por una calle de San Juan de Miraflores. “Sentí alegría y dolor por la gente que sufrió por mí, hubiese querido pasar por esto sola”.

Días después, la Policía atrapó a cuatro de los 12 plagiarios: Miguel Díaz, Julio Farromeque y Luis Rojas. Integraban la banda “Los Huachanos”, y su cabecilla es el prontuariado delincuente conocido como ‘Viejo Cali’, aún libre y operativo.

El reencuentro con su familia fue emotivo. Desde entonces ha tratado de integrarse poco a poco a su vida cotidiana, pero es duro. “Para mí fue como manejar un auto a toda velocidad y de pronto, ¡pum!, chocas. Estoy frenada todavía, pero este año retomo mis proyectos de ayuda al adulto mayor. Siento que he vuelto a la vida”, indica.

Lo sorprendente, agrega, es que “toda mi familia se movilizó de forma tan maravillosa que me di cuenta de que no soy imprescindible. Es una bendición. Desde que me divorcié he vivido con angustia e intranquilidad. Ahora me he liberado y vivo intensamente”.

Otra sorpresa para ella fue la ayuda desinteresada de conocidos y desconocidos que se unieron para exigir su liberación. “Les estoy agradecida a todos. Esto ha cambiado mi vida”, asegura.

Ahora sostiene que vive con menos angustia y con mayor libertad cada segundo. “Iré a donde me lleve el alma, el corazón. Los resultados siempre estarán en manos de Dios, eso es liberador”. (Patricia Caycho).

 


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