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Cultural El pintor, nuevo libro de por medio, ha depuesto las armas y ahora se aferra al pincel y al vientre de su mujer, 39 años menor que él, donde un nuevo Tola ya descansa.

El Reposo del Guerrero

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El pintor parece desafiar, junto a Maricé, el dicho de “hazte la fama y échate a la cama”.

“No te preocupes, hasta ahora no mata a nadie”. La advertencia de un colega, obviamente, sonaba cautivante. La misión: entrevistar “al nuevo Tola”, cuyo diminutivo, “tolita”, no en vano es el nombre de un explosivo. Embarcado en una etapa más sosegada de su vida que incluye nueva pareja, un hijo en camino y hasta un libro para niños, el pintor José Tola ha colgado las pistolas, pero esta vez lejos del cinto.

Dueño de una fama de maldito alimentada por su afición a portar armas, Tola ha sabido cultivar entre los periodistas el temor suficiente como para que no lo interrumpan demasiado. Sus declaraciones delirantes sobre su interés por ser mercenario, la leyenda urbana de haberle apuntado a un reportero con un revólver en la frente, y el triunfo que significa arrancarle una respuesta de más de dos líneas, hace de un encuentro con Tola un reto interesante. Él, siempre farfullando entre monosílabos, ha declarado repetidamente que no le gustan las entrevistas, hasta el punto de omitir al redactor y entrevistarse a sí mismo cuando ha querido (ver Caretas 1835). Reconoce que el miedo lo hace atractivo y que a veces él mismo se cree su propio mito. Ahora, sorprende con la publicación de un libro para niños: “Una historia para un guerrero”.

“Es un cuento para cualquier niño o persona mayor, o niño mayor o mayor niño, o niño chico o niño grande”, se aventura Tola a hablar sobre la esencia de su libro. Entre risas (Tola está de buen humor), el artista cuenta que es la primera vez que se enamora y que “todas las otras han sido amantes”. Con la melena larga y andar pausado, Tola nos ha recibido en su refugio para hablar de esta nueva etapa de su vida. Sobre el sillón donde nos encontramos, sin embargo, el ojo de un arma colgada de la pared nos mira aburrida a un par de centímetros de distancia. ¿El primer encuentro con Maricé Castañeda, de 24 años, a quien el pintor de 63 ha rebautizado como Valentina? Muy al estilo Tola.

“¡¿Qué hacen, putitas?!”, fue el grito que el maestro le lanzó a Maricé mientras paseaba con una amiga de noche. Él, con los pelos revueltos y bailando en medio de la calle, les dijo que era panadero y las invitó a su casa, donde les pidió que se tumbaran en la cama y les apagó la luz para mostrarles un techo cubierto de estrellitas de plástico fosforescente. Para Maricé, amor a segunda vista.

Luego, Tola iría a buscarla al colegio con rosas y la cara pintada, solo para comprobar que las maestras no pensaban entregar a su alumna de cuarto de secundaria a un patita con pinta de loco. Ella, casi cuarenta años menor que él y estudiante de pintura y fotografía, cree que su relación con Tola es más del estilo maestro-alumna: “Yo me siento y lo veo pintar. No hay ningún problema mientras no lo interrumpa”. Incluso, la valiente Valentina se ha atrevido a sugerirle a Tola el uso de ciertos colores, como el rosa. Y Tola, enamorado, le hace caso.

Aislado en el tercer piso de su casa que da al malecón de Miraflores, Tola ha dejado los pisos inferiores para los fantasmas y no le interesa la vista al mar: “Hay casas que vienen con humedad, esta vino con mar”.

–¿Cómo renacer sin abandonar los infiernos de tu creación?
–Todavía no estoy muy consciente de este cambio, pero estoy cambiando situaciones, formas de actuar.

–¿Y cómo definir esta nueva etapa?
–En que tienes mayor capacidad de conocimiento, de sabiduría, y también estoy en otra búsqueda, conociendo mis limitaciones.

–¿Sigue sin interesarte el presente?
–Me interesa más la proyección a futuro, porque el presente inmediato es en lo que estás y se acabó.

–¿Qué gran batalla has librado?
–La lucha por la vida cotidiana, por el trabajo, por una serie de guerritas alrededor de uno.

–¿Y cuántas batallas has perdido?
–Ninguna, porque sigo insistiendo. Así que hasta que no la gane no la he perdido. Si no lo resuelves hoy, lo resuelves mañana.

Sin incidentes fatales, la entrevista llega a su fin y Tola le ofrece a esta redactora una nube como dedicatoria para su libro, en el que recuerda que “se aprende desde que se quiere e incluso desde antes”: desde ya, consejos para que un nuevo Tola tolere mejor la vida. (Maribel de Paz)

 


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