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Seguridad El general que estuvo a punto de ser sacerdote emprende acciones contra la corrupción y promete eliminar compras secretas en el Ejército.

La Doctrina Donayre

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El círculo que hoy lo rodea está conformado por generales considerados jóvenes y con techo en la institución. A ellos suele hablarles en quechua.

En el despacho del nuevo comandante general del Ejército, general Edwin Donayre Gotzch, en el piso seis del ‘Pentagonito’, en San Borja, se viven momentos de definición. El comando que lo acompañará quedó estructurado el lunes 11: en la jefatura del Estado Mayor se nombró al general Luis Cateriano y en la Región Militar Centro (Lima), la más importante del país, al general Otto Guibovich. El nuevo jefe de la Región Militar Norte (Tumbes) es el general Paul Da Silva, mientras que a la Región Militar Sur (Arequipa) irá el general Francisco Contreras. La Región Militar Oriente (Iquitos) le fue otorgada al general Abilio Fox.

En la mayoría de casos se trata de generales aún jóvenes. El ministro de Defensa, Allan Wagner, apostó por un desplazamiento generacional que se sintió como un batacazo en la institución (CARETAS 1954).

De hecho, el propio Donayre Gotzch, de 54 años, no figuraba en el bolo este año. Aguardaba su turno para el 2009. ¿Por qué lo escogieron?

A este ayacuchano que juega tenis en sus ratos libres no fueron las armas las que primero lo atrajeron. Postuló para ser sacerdote y pasó dos años de seminarista antes de ingresar a la Escuela Militar de Chorrillos.

En el primer año de cadete obtuvo las más altas notas y fue premiado con una beca en el Colegio Militar de Argentina. Egresó en el primer puesto el 9 de enero de 1976. La presidenta de Argentina, Isabel Perón, viuda del general Juan Domingo Perón, le entregó la espada de honor durante la ceremonia de graduación. Domina el inglés y el alemán (su madre es de ascendencia germana), pero suele practicar el quechua. “No me avergüenzo. Soy un auténtico huamanguino”, comentó a CARETAS.

El jueves 7, durante la toma del cargo en el ‘Pentagonito’, pronunció parte de su discurso en quechua y declaró la guerra a la corrupción de hoy.

Disparó el primer misil esta semana: reorganizó la Dirección de Logística, foco infeccioso del Ejército, y anunció a esta revista la creación de un departamento de ‘control de calidad’ para evitar nuevos casos de raciones fermentadas, cuerdas inseguras, morrales defectuosos. No sólo eso: aficionado al ejercicio diario considera impensable que haya soldados gordos en el Ejército. Ha ordenado que ningún obeso comande un batallón.

Wagner confía en el nuevo comando para alcanzar la reforma en el Ejército y exterminar las prácticas vedadas de la época montesinista que aún asoman. Sus objetivos a corto plazo son: un eficiente manejo de los recursos, reorientación de prioridades en función de las necesidades y regulación de la vida institucional para evitar corruptelas, coimas y argollas.

Se eliminarán, además, las compras secretas, los pagos en efectivo y los estados financieros del Ejército y otras armas serán auditados por terceros.

Donayre Gotzch ha sido conminado a redistribuir el uso del combustible para fines operativos y reducir la asignación de gasolina en la Comandancia General de 11,185 galones mensuales a menos de 5,000, anomalía que le costó la cabeza al general César Reinoso (CARETAS 1953).

Mientras tanto, las cosas parecen volver a la calma en el Cuartel General del Ejército. El personal castrense y civil ha retomado sus actividades cotidianas y hasta se percibe ya el clima navideño de estos tiempos: en uno de los patios, un grupo de subalternos ofrece panetones con el logo del Ejército. Dicen que, a diferencia de la comida que se entregó a las tropas de Junín y Ayacucho, estos panetones sí saben bien. (Américo Zambrano)

 


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