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Cultural El 21 de noviembre se cumplen 20 años de la muerte de Humareda. Desde entonces, falsificaciones de su obra han tomado el mercado.

Víctor Humareda: La Sombra de la Falsificación

5 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Humareda en Neoplásicas, en setiembre de 1984. Fue ahí que se le realiza la segunda y última operación y se le extirpan laringe y cuerdas vocales.

Día tras día, Víctor Humareda dejaba su emblemática habitación 283 del Hotel Lima, en La Parada, e iniciaba un largo recorrido. Casa por casa visitaba a los compradores de sus cuadros para cobrar deudas. La mayoría de las veces se llevaba sólo malos ratos. Entraba a bares y restaurantes y hacía bosquejos por algunas monedas. Su facha descuajeringada, coronada por un tonguito y apoyada en un bastón, se tomaba por la de un borrachín representante de la bohemia peruana. Pero él no tomaba ni fumaba. No necesitaba más que manzanilla para soltar sonoras carcajadas y bailar sabrosamente al compás de un bolero o un tango, sin música ni pareja. Porque también se sabía que era un solitario que prefería la marginal compañía de mujeres de burdel, y que en su paupérrimo cuarto del Hotel Lima gustaba conversar con su dorada y adorada imagen de Marilyn Monroe. Quizás para Humareda también fue difícil sacudirse de encima el mito. Como si no hubiese bastado con su pincel colorido e irónico para convertirlo en un hito de la historia peruana del siglo XX.

Y mucho tiene que ver su leyenda para que, a veinte años de su muerte, la obra de Humareda sea una de las más falsificadas en el mercado artístico local. Dudoso honor que comparte con maestros como Sérvulo Gutiérrez y Macedonio de la Torre, a decir del crítico de arte Luis Eduardo Wuffarden, uno de los pocos que autentifica obras. “Lima está inundada de falsificaciones; las hay hasta en las mejores colecciones. Los certificados de autenticidad se pueden falsificar u obtener de gente sin el conocimiento suficiente”, afirma. Martín Moscoso, director de la Oficina de Derechos de Autor de Indecopi, explica que hay varias vías que se pueden seguir frente a la falsificación, plagio o reproducción no autorizada de una obra plástica. Una de ellas es a través de dicha entidad, que no requiere que la pieza en cuestión haya sido registrada por su autor, pero sí que se formule la denuncia y se espere la investigación consiguiente. Por supuesto, para contar los casos que se han denunciado en Indecopi, sobran los dedos de una mano. Cabría suponer que una obra huérfana no tiene lugar en esta de por sí pequeñísima muestra. Moscoso explica que los derechos de autor permanecen hasta setenta años después de su muerte en manos de sus herederos. ¿Y en el caso de Humareda, cuya familia más cercana era una medio hermana que vivía en Arequipa y cuyos alumnos y seguidores –estos sí, cercanos- no pueden ser considerados como depositarios de sus derechos? En ese caso, dice Moscoso, puede entrar a tallar la figura de una fundación que, de haberlo dispuesto así legalmente, puede muy bien administrar el legado del artista y velar porque se respete.

La Fundación Víctor Humareda Gallegos fue fundada en agosto de 1993, y desde entonces es presidida por el pintor, crítico de arte y galerista Eduardo Moll. Aunque en principio esta fue una iniciativa formada por otras trece personas, explica, de ellas queda sólo el vocal Julio Garro. Sin embargo, para conmemorar la fecha se convocará a los miembros originales a una romería en el cementerio Presbítero Maestro, donde yacen los restos de Humareda. Esa visita y la difusión de una nota de prensa son las actividades planeadas por la Fundación, explica Moll. “Porque cada 13 de diciembre se entrega en Bellas Artes el premio Fundación Víctor Humareda Gallegos, que consiste en una caja profesional de colores y un libro de mi autoría sobre Víctor, y ese es el mejor homenaje”, dice. Mientras tanto, admite que el mercado se encuentra plagado de obras falsas de Humareda. Realidad que se tira abajo premios, ceremonias y lisonjas por el estilo.

–¿Qué hace la Fundación con respecto a la falsificación de su obra?
–Antes de comprar pueden consultarme y yo les diré si el cuadro es auténtico. Conozco la obra de Humareda desde sus inicios. Si es auténtico, emito un certificado. Me han tocado muchos falsos, pero no sé qué harán los propietarios con ellos. En este país no se acude a un sistema policial o legal.

–¿Cuánto se paga por la certificación?
–A veces una pequeña suma. Pero así se evita que entren cuadros falsos al mercado- finaliza Moll.

Esto, evidentemente, no puede ser suficiente. Que lo diga Enrique Polanco, amigo y discípulo de Humareda que un día vio, en el techo de una casa, un cuadro del pintor avejentándose al sol. La misma casa de la que, tiempo después y mientras era desalojada, vio desfilar cerca de treinta Humaredas falsos. O que lo diga el pintor Alfredo Alcalde, también amigo de Humareda, que un día recibió a un desafortunado comprador que había adquirido, con la firma del artista, una pieza que no sólo no era de Humareda, sino que pertenecía al mismo Alcalde, que en el acto desenterró la firma original. Para entonces, el vendedor se había hecho humo.

Y Humareda, el pintor puneño nacido en 1920 que llegó a Lima a los 18 años, salía todos los días a cobrar cantidades impúdicamente menores que las que se paga por cuadros impostores. Sólo hacía un alto en estas correrías los jueves, de dos a cuatro de la tarde, cuando se cambiaban las sábanas en el Hotel Lima. Humareda tenía que presenciar personalmente dicho ritual. Sumamente preocupado, según lo recuerda el fotógrafo Herman Schwarz, temía que perdieran o robaran sus cosas.

Víctor Humareda falleció víctima de un cáncer a la laringe que le quitó el habla durante los últimos dos años de su vida. Para comunicarse escribía en pequeñas libretitas. No podía deglutir sus alimentos. Pero su último cuadro, La Quinta Heeren de Noche, lo concluyó apenas tres días antes de morir, finalmente, el 21 de noviembre de 1986 (Rebeca Vaisman).

 


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