domingo 9 de diciembre de 2018
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1937

10/Ago/2006
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Tauromaquia
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Iván Thais
Suplementos
Sólo para usuarios suscritos Claro
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Salud y Bienestar Sensei Michio Kanai: Sus manos pueden romper huesos o aliviar dolencias.

Maestro Ambidiestro

2 imágenes disponibles FOTOS 

1937-sensei-1-c.jpg

Sólo pesa 50 kilos, pero es lo de menos. Lo importante es aprovechar la viada del que ataca. Desde 1988 enseña en el Centro Cultural Peruano Japonés.

Es el creador del estilo Keitenkai, una interpretación del aikido que se aleja de los artilugios estéticos de otras tendencias para ganar efectividad práctica: mejor concentrarse en aniquilar al atacante. Pero Michio Kanai es también un terapeuta especialista en hacer que el dolor se esfume. Ambas facetas, dice él, son lo mismo. Cosas de la energía.

EN su definición más ortodoxa, el aikido es una disciplina japonesa de fuerte base filosófica y espiritual que estipula que el combatiente debe utilizar en su favor la energía del que lo está atacando. La idea es lograr una suerte de efecto bumerán que neutralice la violencia. En el proceso de perfeccionamiento técnico, el aikidoka aprende a desarrollar y conocer su propio ki, como se denomina al espíritu-energía (aunque de hecho el real significado y alcance del ki es uno de los grandes temas de discusión entre las materias del aikido). De ahí su etimología: ai (armonía), ki (espíritu, energía) y do (camino). El camino de la armonía espiritual. Sin golpes (atemi) y esencialmente sin armas. “El aikido no es un deporte”, dijo su creador, Morihei Ueshiba (1883-1969), también llamado por los aikidokas ´O Sensei. “No se permiten competencias en el aikido tradicional”.

Todo esto empezó a aprenderlo Michio Kanai a los 21 años, cuando caminaba por las calles de su natal Osaka, Japón, y descubrió el aikido de casualidad. Era 1962. Joven enfermizo, el doctor le había recomendado buscar alguna actividad física que pudiera practicar con frecuencia. “Y yo avanzaba, avanzaba y mejoraba”, dice Kanai en elemental castellano, refiriéndose tanto a su salud como a las destrezas que iba adquiriendo como aikidoka. Sus estudios de medicina oriental y occidental lo trajeron hasta el Perú en 1983, como acompañante de un paciente de su maestro que ya no tenía cura y quería morir en su tierra natal (era peruano, hijo de inmigrantes). El sensei rebusca palabras en español para explicar qué fue lo que le fascinó tanto de estas tierras: paisajes, gente, comida, pescados. Unos años más tarde volvió con la intención de difundir el estilo de aikido que él había fundado, el Keitenkai.

Uno de los discípulos más cercanos al sensei Kanai explica el Keitenkai como “un estilo real” que no aspira al espectáculo coreográfico de otras escuelas o al entendimiento del aikido como deporte de competición. El Keiten Aikido es implacable si de neutralizar al oponente se trata. Supongamos que el aikidoka se encuentra ante la amenaza de un simple puñetazo. Su secuencia de reacción, según estilo Keiten, suele ser: atraque, torsión, lanzamiento y fractura. El atemi también se puede emplear, al igual que armas de apoyo como el jo, un bastón de madera.

“Michio Kanai es un artista en la administración del dolor”, ha dicho Gustavo Gorriti, temible judoka y periodista, además de amigo de muchos años del sensei. El potencial destructivo de este estilo de aikido es imponderable, pero nunca mortal. Los ideogramas japoneses que conforman la palabra keiten significan literalmente “respeto al universo”. Y respetar el universo es respetar la vida, idea coherente con las actividades médicas del sensei Kanai.

El Terapeuta

Las paredes de su casa, donde también funciona su consultorio, no ostentan diplomas ni ningún tipo de títulos profesionales en medicina. Para qué, dice, para qué alardear. Los cartones están guardados. Pero sí enumera las ramas que domina: terapia física, quiropráctica, acupuntura, digitopuntura (shiatsu), moxiterapia y otras técnicas. Según la medicina oriental, la energía del cuerpo humano fluye de manera circular. La interrupción de este flujo en algún punto origina dolencias en distintas partes del cuerpo, las cuales pueden ser despejadas si se restablece el devenir del círculo. El sensei Kanai muestra los 365 puntos básicos del cuerpo humano que se estimulan para aliviar dolores, ya sea con acupuntura o shiatsu. Si un niño en el dojo se lastima practicando artes marciales, el sensei puede hacer que deje de llorar con un masaje en algún punto exacto de la oreja.

Y qué hay del otro dolor, le pregunto, el que no es físico, el del día a día, el dolor que dan el tráfico, la pobreza, la corrupción, la constatación permanente de nuestro tercermundismo. Michio Kanai toca el mueble de madera sobre el que está sentado y dice:

–Perú, oro de silla. Por algo pobres son gorditos.

Su respuesta, por unos instantes, parece tener efecto analgésico. (G. Silva)

Búsqueda | Mensaje | Revista